Mes: enero 2009

GONZALO DUPORT / A CIEGAS

Gonzalo Duport, artista argentino, tiene la misma convicción de Sartre, en lo referente a que “hay un momento en que las evidencias se embotan, las luces se apagan, cae la noche; la gente se percata que anda a ciegas y, por lo tanto, se necesita una luz nueva, un enfoque nuevo: es entonces cuando un objeto aparece como problema”.

Pero él no deja que sus criaturas sigan ciegas, no vean ni se fijen en nada, no sean objeto, porque es nuestra mirada la que esperan para reencarnarse a sí mismas. Deja que se apropien de los colores de la soledad y de la incomunicación en un espacio en el que el rojo cierra una cárcel que no tiene salida.

Es una pintura en que la economía de rasgos acentúa lo desventurado y confronta al observador con su propia desdicha de personaje de indeterminado destino.

Encuentro a mi amigo Humberto buscando cangrejos en las rocas del malecón. Le pregunté por la razón de este rastreo inútil y él me respondió que estos cárabos tenían en sus ojos el misterio de una perla con la que poder salir de esta tormentosa penumbra. Si eso fuera así, le dije, los que se los han comido serían bombillas andantes y no veía ninguna a lo largo del muro.
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LOUISE BOURGEOIS / VÍSCERA

Esta artista, Louise Bourgeois, extrae de ámbitos desconocidos e íntimos la belleza inusual de lo mórbido, la víscera carcomida, el relieve de un mal que goza de su propio narcisismo.

En esta obra no hay misterios que descubrir sino emociones que librar, encuentro con lo que no ansiamos tocar pero sí continuar observando lo que tiene de inquietante y morboso en su forma, la caligrafía de ese tumor que nos repugna y nos provoca.

Puede ser la morfología de una descomposición o un intramundo de ríos de lava cancerosa que surge de las fuentes de nuestro cuerpo. Y quizás sea mucho más pero su consistencia y valor plásticos se anteponen a su significado, borracho de tantas tramas que urdir.

Mi amigo Humberto ha reunido en su taller a sus colegas Orestes y Orlando para hacer conjuntamente una instalación que ensamble el silencio de la penumbra con el estallido de las olas en los arrecifes habaneros. Sin embargo, después de muchas horas de tarea, únicamente ha brotado un mudo en una bañera vacía. Han decidido que no lo volverán a intentar. Buena idea.

CHRISTIAN BOLTANSKI / RETABLO

La muerte se muestra cada día más impaciente por cobrar la pieza. Es como si su cotización se desmoronase debido a una demora que para el futuro damnificado no es otra opción que una agonía de infame impostura.
Por eso, esta obra de Christian Boltanski proyecta, a modo de un retablo o iconostasio, la memoria de unos seres, que no son santos ni beatos ni apóstoles, sino simplemente víctimas del destino que ellos mismos construyeron o por el que fueron fatalmente inmolados.
Es un obituario visual que despierta en nosotros ecos de fugacidad, de entelequias olvidadas y omitidas, de recuentos en la memoria fallidos o de afectos ahora descubiertos.
Un canto fúnebre que se convierte en objeto plástico que hace de lo sagrado un arte pagano, aunque sólo queremos verlo como un procedimiento efímero, no sea que se incruste en un pensamiento que ya no desea cavilar.

A mi amigo Humberto sigue latiéndole el corazón a pesar de que lo acorralan los ocho mil demonios de la manigua. Bajamos al malecón para que los espante, pero hace todo lo contrario, se amiga con ellos, los acoge con grandes alardes de fraternidad e incluso les reparte el botín de almas. Nosotros nos escondemos en una esquina en penumbra y nos santiguamos con ron para calmar el terror de nuestros espíritus.

JOSÉ GUERRERO / ANDALUCÏA

José Guerrero, artista granadino que estuvo adscrito al expresionismo abstracto americano, pinta su tierra natal con la verdad interior que está yacente en la misma.

Las manchas y trazos cromáticos dejan mirar la fisonomía de sus quebradas, meandros y cauces, topografías abiertas, entre luz y sombra, de sus almas cansadas.

El artista no reinventa una Andalucía que no existe, aquélla que se quedó traspapelada en su bagaje artístico y humano, sino la que se revitaliza en su propio ser atrapada en el tiempo.

Y tan es así, que -tal como decía Platón, “todo lo que es grande resiste la tempestad”- su obra soporta no sólo este temporal de aprehender esta frontera de lo aparentemente inaprensible, sino que se remonta a su génesis para plasmar magistralmente aquello que desde niño han nutrido sus ojos.

Hoy el malecón tiene una cara vuelta a la infamia. Como mi amigo Humberto y yo no queremos correr riesgos innecesarios, nos dirigimos por la otra, que nos ofrece por lo menos la opción de ir por la penumbra.

JOSEPH CORNELL / ENCERRADOS

El artista estadounidense Joseph Cornell ha logrado la realización de una obra donde nos invita a contemplar lo ya contemplado pero no mirado.

Reune objetos y los introduce en urnas abiertas con cristales y a veces espejos. Son protagonistas heterogéneos que se han colocado juntos para esperar. Cuando cambie el signo de los tiempos quizás hasta se comuniquen y hablen.

Ellos son una realidad que nos convoca para que reconozcamos nuestra culpa al no haber advertido la conexión estética que la prestidigitación azarosa de su encuentro manifiesta.

Encerrados gozan -y sufren- de una sintonía sutil que trasmiten al espectador que ahora se da cuenta de que son las claves visuales de los secretos que guarda en sí mismo.

Hoy despertamos sin la sed que este mar engendra en su seno. El sol acierta al bañar el malecón con restos de pintura falsificada. Mi amigo Humberto y yo nos acercamos hasta él y le pedimos que nos proporcionase denuedo y ánimo en el acto de su purificación. Pero nos cubrió de un mutismo sereno y húmedo pues no deseaba imágenes de sí mismo que no fuesen tan inmortales como él.

ORESTES CASTRO DIÁLOGOS EN EL CEMENTERIO

Mi amigo Humberto me habló de un colega suyo, Orestes Castro, otro artista cubano que tiene extrañas melancolías de ultratumba. Y no es el único.
Por eso su pintura goza con la vida de los espectros y les convoca ante un denso telón de sangre para que sus diálogos sean más sonoros y se renueven con el eco.
Pero no hay horror ni maldiciones sino ironía, seducción y ternura, y amor también. Igual que en un fresco medieval, él rinde culto a los que una vez enterrados han sido olvidados. Y al mismo tiempo rescata y reivindica a estos marginados óseos para que sepamos que nos están esperando.
La escenificación plástica es vibrante, fuertemente expresiva y atractiva, que nos concilia con el vértigo de lo que todo artista quiere expresar: el absoluto de la extinción.
Mi amigo Humberto, salvado del agua, rebaña la sal que necesita para poder empezar de nuevo. No le va a ser fácil, las manos ya no quieren obedecerle porque aunque no lo han pintado, ya lo han visto todo.

GIORGIO MORANDI / VER DE NUEVO

El artista italiano Giorgio Morandi se hizo con otra paleta -no se sabe si fue a un cenobio a por ella-, para construir una obra humilde desde o a partir de un orden cuyas reglas son tan austeras como las anacoretas.

La delicada policromía hace irreal la visión, que prefiere centrarse paradójicamente en la realidad pura y poética de una materia que carece de densidad y se agota en sí misma; todo es una clara configuración que a pesar de su aparente fragilidad tiene una vocación de eternidad.

Se fusiona íntimamente la vivencia con la experiencia, el rigor con la virtud mesurada, el orden con la calidad plástica de la emoción contenida.

En definitiva, se trata de un artista que trabaja con la verdad para que la ilusión sea sentida sin más trascendencia que esa misma verdad.

Mi amigo Humberto llegó al malecón a medianoche, se subió al muro y desde él se posó en el agua y no se hundió. Caminó sobre ella y me dijo: “puedo hacerlo porque ya únicamente me quedan sueños, memoria y abandono”. Sí, le dije, pero todavía te falta el olvido.