Mes: febrero 2009

ADRIANA VAREJAO / CABEZAS

Cabezas, un pie, una mano, un torso, colgados de unos hierros de carnicería, como si fuesen un muestrario de venta; y esta chacinería, con sus zócalos blancos, vírgenes, algo manchados de rojo, compone una orla ensangrentada de despojos humanos.

Adriana Varejao, artista brasileña, a través de esta visión cruel e implacable, reivindica la señas de identidad de un pueblo, de una nación y hasta de un continente, castigados por una interminable tragedia.

Lo hace sin eufemismos, extrayendo sus recursos de una estética del sufrimiento y de un tiempo cargado de dolor, muerte y violencia. También de injusticia.

Y lo sintetiza en la fisonomía plástica de una acción atroz que integra y expone como una escena cotidiana que aparece ante nuestros ojos con la naturalidad de la vida rutinaria del día a día.

Al amanecer el malecón se vacía de criaturas que ya han agotado el destino de la noche, ínfimo y salobre, con la esperanza de la nocturnidad siguiente en la que desear lo que ya se fue o todavía no ha llegado. Pues ése es el ron oscuro que queda por beber.
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ORLANDO BOFFILL HERNÁNDEZ

Recupero a mi amigo y pintor cubano Orlando Boffill Hernández porque además de que siento una gran predilección por la plástica cubana y sus a menudo sufridos creadores, él es un gran exorcista para mis propios demonios.

De este artista ya he tenido ocasión de hacer una reflexión sobre su trabajo y ahora continúo dado el alcance del mismo, que no está lejos de darse a conocer en una muestra personal en Alemania.

Orlando consigue que a través de la fascinación de una pintura lúdica, rigurosamente lineal y geométrica, veamos una vestidura de signos y significaciones que se enraizan en una problemática de orden cerrado, cual si fuese una jaula en la que se encerrase un cierto aliento o un determinado hálito de vida: el que esos anónimos personajes representan.

Todos los elementos del lienzo están aprisionados y por eso mismo su inmovilidad les obliga a estar ensimismados e inmóviles, obligando al espectador a penetrar en esa trampa que mediante la armonización y planos cromáticos se le está tendiendo.

Por lo tanto, pintura figurativa y geométrica pero tan formidable como un relieve egipcio, que aparentemente está simplificada, esqueletizada, pero cada línea, forma y color se fusionan y descubren una esfera de símbolos que le proporcionan el pathos que necesita.

Y sin duda, hay magnetismo, sabiduría escénica y fibra pictórica en un imaginario que espero que nunca deje de conmovernos y sorprendernos.

Orlando Boffill, Humberto Viñas y yo nos reunimos en el malecón para intercambiar formas y después reunirlas. Fueron tan diferentes y nosotros tan incapaces que decidimos que fuesen ellas las que dictasen sus contornos, sus sombras y sus luces. Al final las tuvimos que destruir porque en el arte de pintar nunca podríamos igualarlas. Y seguimos bebiendo ron y admirando mulatas de piel rosada en el rostro y negra en el vientre.

GEORGIA O´KEEFFE

Escribía Enrique Wölfflin que “hay en la forma una virtud de despertar la visión y obligarla a que abarque de una vez lo múltiple, no pudiendo apenas librarse de esa virtud el espectador más remiso. Merced a ello se sentirá repentinamente más animado y como convertido en otro sujeto”.

Y ello es cierto casi siempre cuando nos situamos ante una obra como ésta de la artista estadounidense Georgia O´keeffe, cuyas obsesiones eran mudar en magia de vida las flores y el desierto.

Para ello desangró la pureza hasta la última gota, transformó el pigmento hasta que fuese un instrumento dócil de ellos, tal que símbolos, y fuesen los que impusiesen al mismo su catarsis.

Y así esta pintora recobró de estos elementos una plástica poética que se agarra a la tierra yerma por descubrir, al espíritu que la gobierna y a la evocación que nos convierte en observadores con una nueva mirada.

Ella ya nos ha dejado pero nos ha quedado su mensaje para que nuestros ojos vean más allá de ese desierto de huesos y fósiles.

Mi amigo y pintor Humberto Viñas se aparece y desaparece, se encierra y se desencierra, vive y malvive, pinta y despinta, maleconea y desmaleconea. ¿Existe y no existe? Ni los dioses yorubas lo saben.

GERMAINE RICHER

Nuestro imaginario acumula fenómenos, hechos, emociones, trascendencias y fantasías. Pero la artista francesa, Germaine Richer, descubre en él híbridos, mutantes, criaturas con las que repoblar nuestra imaginación, tan carente de referencias de quimeras o prodigios en una sociedad maltratada por la violencia o la necesidad.

Sin embargo, estos seres, por medio de esta escultora, se han conjurado para hacerse visibles, no como una amenaza, sino como una ficción cercana a nuestra más íntima realidad.

Quizás incluso hayan estado detrás de nosotros y no los hayamos mirado, quizás sean vivencias o experiencias que no queremos dejar salir, pero el caso es que existen, tienen forma y pueden expandirse hasta formar parte de nuestras elucubraciones más insospechadas.

Sus comunicaciones, parece lógico, no son fáciles de aprehender pues guardan un lenguaje inasequible al tiempo, lo cual no es óbice para que su exhorto a ser comprendidos como mensajeros y portadores de un bien artístico quieran hacerlo público. Y verdad que lo han conseguido.

Hay carteles funerarios iluminados por antorchas por todo el malecón. Mi amigo y pintor Humberto Viñas me dice que son en homenaje a las sirenas que han equivocado el rumbo y han muerto contra las escolleras y arrecifes. Como no podemos rezar, brindamos por ellas con un ron triste y fatigado. Habrá que seguir naciendo para desagraviar tantos duelos por el mar.

LOUISE NEVELSON

La familia de la artista ucraniana Louise Nevelson era comerciante en madera, de ahí su afinidad íntima con la misma para erigir su obra sobre una base que fuese contraria a la consideración de este material como mero elemento de uso.

Ella misma se expresaba así:

“Yo recogía pedazos de madera por las calles, maderas viejas llenas de clavos y todo tipo de cosas.Pero cuando una lo piensa bien, seguro que la gente adinerada va a invertir en materiales caros. Además, la mayoría de la gente ya no vive en casas, sino más bien en escaparates, en salas de exposición. Por lo tanto, jamás van a adquirir madera vieja y apreciar su auténtico significado”.

Efectivamente, de la madera pueden surgir y surgen rumbos imprevistos, concomitancias insólitas, significaciones insospechadas y muros en los que gravitan formas nunca vistas.

Es lo que hace esta escultora en esta obra, no soslayar la aventura que se le promete, la indagación plástica que cada pieza le ofrenda, hasta culminar un altar que narra la pasión vital de un lenguaje compuesto de múltiples tallas en el que se observan las distintas etapas de una transformación.

Y lo contemplamos como un icono con entidad propia, con una naturaleza recobrada más allá de la simple instrumentación en que le habíamos convertido. La madera, entonces, encuentra el alma de sí misma.

Mi amigo Humberto, en estas noches tan tristes, anda en devaneos por el malecón. Intenta captar la esencia de lo lascivo palpando granitos de ébano rosado en esa oscuridad, aunque lo más probable es que acabe acariciando otros órganos de roca y no precisamente de viento. Y eso le pasa por ser virgen todavía, pues únicamente es concupiscente con las nereidas que pinta en sus lienzos.

FROILÁN LEÓN OROZCO

Tal como titula Anatole France a uno de sus relatos sobre los dioses, Froilán León Orozco, amigo y joven artista español, tiene sed de una pasión incontenible, que se refleja en esta síntesis de vida y pintura, de mundo personal e historia familiar, de soledad, poesía y existencia.

Los distintos planos que conforman la tela revelan un desarrollo autónomo al mismo tiempo que integrador, ambos perfectamente válidos para hacernos ver la singular progresión unitaria surgida de la tierra, de la raíces de lo telúrico, dentro de un universo fantasmal en el que las dos figuras centrales son la aplastante realidad que une las sendas trazadas, como una foto de familia que ha encontrado la dimensión exacta donde vivir y crear.

Esta síntesis plástica armoniza una plataforma de lineas y colores que conjugan un implacable espejo por el que se desplaza nuestra vista en aras de descubrir un misterio que está y quedará profundamente oculto, pues así ha de ser.

En resumen, es una pintura a contracorriente, de gran serenidad, extraordinaria, de vivos acentos líricos y de legítimas metamorfosis.

Hoy dejo dormir a mi amigo y pintor Humberto Viñas en el malecón. Le ha despertado el deseo de encontrar en el sueño la clave que da sombra a su pintura. Yo creo que sería mejor el ron.

JOSÉ MANUEL BROTO

Ya no hay signos de representación, el parecer se manifiesta como un ser que se ha deconstruido para aparecer más, ser todo lo que plásticamente no ha sido.

José Manuel Broto, artista aragonés de extensa y dilatada singladura, siempre ha cifrado su filosofía pictórica en la exploración de la masa cromática para extraerle el recóndito flujo que informa su naturaleza.

Nunca se ha detenido, simplemente ha contemplado y escuchado el murmullo del agua, la ferocidad del fuego, el silencio de la piedra, el monólogo del pigmento, la angustia de la luz.

Y ha tanteado, indagado y percibido, y a medida que lo iba hallando nos iba transmitiendo el misterio envuelto con una claridad que irradiará para siempre.

Mi amigo y pintor Humberto Viñas me envía la imagen abstracta de un malecón hospitalario en un día de luminosidad fuerte, de mar intensamente azul y de canto sublime. Ha querido engañarse a propósito con una belleza que no existe y con la magia del que ha perdido la mirada.