Mes: marzo 2009

RON MUECK

Cuando veo una obra hiperrealista no sé si quiere que yo entre dentro de ella o es ella la que desea introducirse en mí. Quede ahí la incógnita.

Ante este hombre grande del escultor Ron Mueck, que es como un clon transplantado desde una granja de generación de genes insalvables, nos preguntamos visualmente si el horror se concibe como una entelequia plástica que nos ayuda a ser más resolutivos con nuestra mirada o una aporía que nos salva de pronunciarnos sobre un homínido tan visible.

Según voy examinando más obras suyas, crece el desconcierto y la destemplanza me atrapa, su veracidad monumental te hace más pequeño y las epidermis y texturas no dejan de interrogarte desde una posición de superioridad que te incapacita para seguir adentrándote en ese mundo sin misterio.

Mi amigo y pintor cubano Humberto Viñas y yo adoptamos, tras situarnos en el malecón, la siguiente divisa jesuita, tal como la cita Albert Camus en el “El hombre rebelde”: “para el cuerpo la violencia sola, para el alma la mentira”. No sentamos con la espalda contra el muro cuando observamos que una tempestad de hombres inmensos y desnudos salían de las cloacas exigiendo una carne corrupta más gorda y soleada. En definitiva, nos dijimos al oírlos, toda moral es provisional.
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HANS BELLMER

  • Hoy es un día soleado que ha nacido con dudas. Y tránsitos desacordes a partir de incertidumbres insospechadas, de indecisiones de hace años que necesitan más tiempo, de suspicacias que exigen gratificaciones inmerecidas y recelos que aún muertos siguen estando vivos.
    Y para hacerlo más corrosivo, Hans Bellmer, escultor alemán, predica con sus muñecas dislocadas lo que no nos atrevemos a confesar. ¿Tan inconfesables son nuestros abismos que cuando vemos sus obras hacemos uso de una frivolidad enmascarada?

    Sin embargo, estamos hechos de una materia llamada a la contrición sin arrepentimiento, porque lo hecho, hecho está. Mas además vivimos del pesar sin remordimiento.

    Bellmer nos utiliza en ese sentido, pero además añadiendo el instinto con vocación homicida y el deseo como ley verdadera.

  • Yo quiero convertirme en un antifaz y a través de él ver sin que me vean, acariciar y poseer estas muñecas, hacerlas mis amantes, y después incinerarlas para que no hablen mal de mí. Eso es lo que profundamente deseo ahora. Mañana no sé.
  • Hoy, mi amigo y pintor Humberto Viñas y yo no hemos salido de su taller. Acariciamos las ratas que son nuestras amigables e infatigables compañeras y dejamos que sus dientes puntiagudos pinten el espíritu de lo insondable. Quien sabe si son ellas las que señalan un edén en el que se recojan espectros que nos sirvan para sobrevivir una vez que vivan en el lienzo. Milagro o no, nos quedamos esperándolo sin apenas un trago de ron que lo hiciese más visible.

PAUL DELVAUX

Decía Benedetto Croce que “el arte es siempre lírico, o, si se quiere, una épica y una dramática del sentimiento”.

Paul Delvaux, artista surrealista belga, es todo eso y quizá algo más. Sobre el marco de un clasicismo sublime -no olvidemos a De Chirico-, que reconstruye en cada obra, nos deja flotando en una fantasía que hace posible lo imposible.

Perspectivas, planos, figuras estáticas convertidas en símbolos que ahuyentan pesadillas de lo real, soberbio cromatismo de luces y sombras, nos ofrecen una obra que se concreta en todo un conjunto de plenitud orgánica y unitaria.

Me siento deslumbrado por esos trenes y estaciones vacíos que nos insinúan un nomadismo de seres superfluos y como tal sensibles, un carácter lúdico que se opone al metafísico de De Chirico, una voluptuosidad que embriaga cada imagen, cada icono que se sustenta en su propio existir para salvarnos o condenarnos.

Esas mujeres desnudas omnipresentes, hetairas divinas, que nos esperan en su paraíso, ese vergel boscoso de arena y mar que habitan y del que querríamos ser destino y parte.
  • Incluso la muerte es una compañera cariñosa que nos advierte que su fealdad es inmortal y es belleza del espíritu contra la carne.
  • ¿Son así nuestras zozobras? Pues entonces que resucite Delvaux y nos las siga pintando con tanta solidez y nitidez, deseamos contemplarlas durante el resto de nuestra vida y que sean el frontispicio de nuestra tumba.
  • El malecón nos revela que ha colocado cámaras y micrófonos en el paraíso para conocer cuales son los misterios del placer y del recreo. Pero por ahora las informaciones que le llegan no le satisfacen pues han desterrado de él el odio, el rencor y la maldad, sin olvidarnos del vertido de sangre. Así es imposible que él reine y que sus huríes obtengan regocijo, por lo cual ha pensado en mi amigo y pintor Humberto Viñas y yo como verdugos. Nos negamos categóricamente a tal misión, preferíamos ser víctimas de dríadas oscuras hambrientas de carne, aunque ya estuviese agostada y marchita. Y perplejos por nuestra reacción sólo se nos ocurrió cavilar en el por donde empezarían.

RAFAEL BARTOLOZZI

  • El pintor y escultor español Rafael Bartolozzi acaba de morir.

  • Artista inquieto, dinámico, atraía a su mirada la esencia de lo que observaba y a partir de esa raíz multiplicaba las referencias y alusiones. Su obra y su trabajo se llenaban de ellas ya enriquecidas y significadas para que su visibilidad no se perdiese en el laberinto de formas.

  • Hombre diverso y complejo, exploraba e indagaba, y fruto de ello es una plasmación de aquello que realizado ya es imaginación desnuda. La coloración característica de sus lienzos enuncia la hechura que ora se bifurca en un erotismo de confines solitarios, ora se decanta en y por nuevas figuraciones, imágenes, que enlazadas con la realidad, existen sólo para nosotros y nuestras retinas ávidas de la sensibilidad y el arrebato plástico que las contiene.
  • En fin, se acabó una vida volcada a extraer el arte de sus fuentes, a brindárnoslo con generosidad, a ofrecérnoslo con intención alegórica, y a pedirnos que a él no le dejemos morir, que lo revitalicemos con la energía que aún muerto todavía le queda.
  • Una vida, en definitiva, que se ha visto obligada a renunciar a preguntarse cómo ha de continuar una labor oficiada por el empirismo de unos valores en perpetuo debate.
  • El luto nos persigue, la historia también y la religión nos divide. El malecón ya no distingue entre realidad e irrealidad y busca, entonces, el amparo de mi amigo y pintor Humberto Viñas y yo porque tiene miedo, miedo de sus dioses superiores que no conceden el perdón que le es suplicado. Los errores cometidos son y serán tantos sin ser excesivos. Los tres, hartos de ron, bailamos un guaguancó para invocar el fin de la carne y la resurrección del arte.

BENGT LINDSTRÖM

Muchas cabezas y rostros han pasado ya por este blog. Y todavía pasarán muchos más hasta que sus fisonomías queden agotadas -¿es eso posible?-.



  • Bengt Lindström, artista escandinavo, con su sanguíneo y bárbaro cromatismo, nos enseña a mirar el cerebro de una humanidad que tiene en la voracidad y en la memoria su máximo exponente plástico.



  • Este pintor no hace concesiones ni dejaciones, libera a la mano de cualquier canon o regla, la impulsa a captar y plasmar instintivamente fauces, rostros, perfiles, cabezas, en las que permite que se transparenten ferocidad, brutalidad o simple indiferencia.




  • Testuces y faces que se remontan a nuestra prehistoria como obsesión plástica en las que escudriñar a lo largo de los siglos la auténtica naturaleza humana, sus presagios y sus terrores.




  • Por consiguiente, Lindström se ha sometido a la persecución de esa huella y la ha continuado como una decantación estética de su propio asombro, fruto de la ignorancia de haberlo mantenido embrionariamente en su seno.


  • En esta ocasión nos dio por preguntar al malecón qué es el arte. Y él, de forma rotunda y estentórea, contestó: “el arte soy yo, porque siempre estoy obligado a transitar por los caminos del error para reencontrar el de la verdad (Benedetto Croce)”. Mi amigo y pintor Humberto Viñas y yo reanudamos nuestro paseo sin que nos perdiesen de vista sus ojos. Si hubiéramos replicado, nos habría condenado a engullir a la fuerza ninfas desaladas y espantosas y no expelerlas durante quinientas noches.

FRANCISCO FARRERAS

Hay artistas, como el español Francisco Farreras, que poseen una facultad maravillosa y única para crear con su trabajo la búsqueda y el encuentro, con la definición plástica que desea la poesía de una mirada ansiosa por ver más allá de su propia soledad.

Para eso, Farreras se ha retado a sí mismo, se ha comprometido a un desafío que nunca cierra la obra, la mantiene siempre abierta y viva para que sus piedras, arrugas, venas y geografías, ensamblen un himno al espíritu de la materia, que también es el nuestro.

Como espectadores nos dejamos acompañar y guiar por hitos que se configuran en nuestros ojos como señales cromáticas que nos hablan, que nos dicen que hay muchas formas de vida que en un momento dado quedan desocultadas cuando existe una mano y un pensamiento provistos de la hechizería necesaria para hacerlo.

No hay análisis, ni reflexión, solamente una fuente de fenómenos extraordinarios que enriquecen nuestra experiencia estética, que agrandan nuestro itinerario a través del único destello de luz que merece la pena seguir hasta su delirio final.

Los archimandritas del sur han llegado en oleadas con el propósito de plantar miles de cipreses a lo largo del malecón, dejándolo convertido así en un cementerio sobre un mar de despojos y ruinas. La reacción de éste, ante tanta iniquidad, no se hizo esperar. Convocó a sus huestes de la noche para que arrancaran de raíz tales aspirantes a una gloria no compartida. Y expulsó a esos herejes de por vida de su reino. Mi amigo y pintor Humberto Viñas y yo celebramos que no se haya llevado a cabo tal sacrilegio, pues entonces sí que se hubiese muerto la esperanza de escapar un día de esta solemne penumbra.