Mes: junio 2009

GRAHAM SUTHERLAND

Son aristas que se clavan, que hieren y cortan; son puntas que fustigan y apuñalan; son formas orgánicas que atraviesan y dejan al espectador con la mirada lastimada.

Graham Sutherland (1903-1980), artista inglés y católico fervoroso, pinta con la fe del atormentado por la duda y por el sufrimiento, por eso sus imágenes nos llevan a ver la convulsión, el retorcimiento, la angustia.

Sus crucifixiones no descorren ningún velo, la penumbra recorre la figura como si fuese una exhalación que emanase de ella. Los rasgos afilados y cortantes nos sitúan ante un símbolo que quiere dejar de serlo, que con sus armas punzantes se defiende en vano. El horror lo paraliza y ya no cabe la huida.

Obra de ascendencias cubistas y surrealistas que no busca orden ni delirio sino la interpretación de una creencia en lo sagrado pero sin púlpitos ni confesionarios. Ella misma es su propia confesión.

Hoy, como en otras ocasiones, es día de dedicación a los resucitados en el Malecón. Aparecen Congos, Lucumíes, Gangás, Macuás, Carabalíes, Mandingas, Minas, Ararás, Ibos, Bibis. A Humberto y a mí nos prohibieron formar parte de sus cabildos porque no sabíamos rezar ni invocar. Éramos visionarios irresolutos, nos dijeron, que no sabíamos encontrar sendas, sólo éramos capaces de cubrirnos con penumbras y seguir huellas borradas. ¡Qué pena que no pudiésemos vender esa verdad!

ENRICO PRAMPOLINI

Los inicios no inhiben, dan continuidad y seguridad, metodología y comprensión, vías para desarrollar otros procesos y nuevas experiencias.

Enrico Prampolini (1894-1956), artista italiano, se hizo a través de las aventuras plásticas de su tiempo -futurismo, cubismo, abstracción, realismo- y en todas ellas dejó prueba de su instinto de pintor irrepetible.

Esta dos obras son una muestra de un talento que entiende el espacio como un acontecimiento en el que hay retazos de formas que se rehacen y mueven en giros envolventes, en tonalidades cromáticas que se construyen como campos que cohabitan y se desplazan para hallar su destino en la superficie.

Pintura vibrante que circunda la mirada del espectador, confiando en que él participe en ese fenómeno de desove que se exterioriza delante suyo. Y ese desovar no es uno sino infinito en sus realidades, abarca limbos ignotos, paraísos impredecibles y firmamentos convictos.

Hay una geometría que se desdobla y planicies que dejan de serlo para abrirse en deltas de luz y sombra, en estuarios claros de fuerzas oscuras . Aparece, en definitiva, una visión que no se recata de ser ella misma en múltiples goces autoengendrados.

Las tinieblas alumbran nuestro itinerario hasta llegar a nuestra esquina del Malecón. Y de nuevo tenemos que dedicarnos a saludar y ser hospitalarios con huéspedes no invitados. Y así pasamos la noche departiendo amigablemente con los cangrejos moros, los ermitaños, los fantasmas, las cochinillas de mar, los cangrejos violinistas, los gallos, los cargadores, los nadadores, los topos y grillos de mar, los cangrejos araña, los moros colorados y los tortuga. Eran tal cantidad que cuando nos dimos cuenta nos dejaron sin brebaje y sin trancazo. Nos dejaron al alba no sin anunciarnos que llegarían tiempos en que el destino tendría forma de caparazón. No es imposible, pensamos, ya la piel empieza a cuartearse.

EMILIO VEDOVA

  • Silenciando nuestra angustia no hay protesta ni acusación. Si tenemos que hacer explícitos nuestros deberes, entonces el gesto que transgrede, escupe y vomita en la tela es la ocasión señalada.
  • Emilio Vedova, artista veneciano, comunica con ademán desmesurado, libre, encendido y colérico un compromiso moral y político con la sociedad, a la que ofrece una obra en la que se pueda ver la urgencia y el ansia de esa pasión.

    Los lienzos rezuman trazos que son como cortes sangrientos en recintos oscuros que no dan luz porque niegan la libertad del que quiera penetrarlos. Esa lucha preside los rasgos de una pintura bronca, cuya rabia se expresa en valores cromáticos que son como agentes en perpetuo conflicto a lo largo de su existencia, en el transcurso de una historia que sigue sin final porque es incapaz de arreglarlo.

    • Los tiempos difíciles (¿cuándo no lo son?) provocan a la voluntad del que crea para que su rememoración conjugue la violencia en la que se vive con la energía que alienta a la hora de su formulación plástica. Tal es el caso de Vedova, que nunca olvidó que su compromiso (a sangre y fuego) no era de conveniencia sino de convicción, y que el arte es la materialización de una condición humana que habrá de ser redimida.
    • Cuando Humberto y yo llegamos al atardecer a nuestra esquina del Malecón estaba llena de guardias civiles, pollos sin plumas , corúas, marbellas, rabihorcados, sevillas y flamencos. Después arribaron bijiritas y tomeguines acompañados de langostas espinosas, cobos y tortugas verdes. Como no cabíamos todos, tuvimos que explicarles que habrían de irse. Estuvieron negándose hasta que les dimos vino de uva de caleta, aguardiente y ron. Cuando se fueron, nos pesó la sed y la angustia de seguir vivos sin nada con que tentar al tiempo.

CONSTANT PERMEKE

El expresionismo de origen nórdico siempre ha buscado en el dibujo y en las texturas y formas plasmadas que ellas pudiesen captar la íntima conflagración interna de la humanidad, expresando sus desesperación ante la violencia y la locura, o la fragilidad y el dolor.

El artista belga Constant Permeke no se permite soñar, se ve arrastrado por una atmósfera sombría que lo ennegrece todo, por la existencia de unos personajes recios, grandes, oscuros, que transportan y hacinan en su ser el desencanto, la pobreza y el sufrimiento de unas vidas que nunca han tenido quien las pinte recibiendo la luz, la claridad de un amanecer plano y luminoso.

La tierra es fría y árida, áspera y seca, y en ella las presencias están obligadas a morar sin esperanza, ya que no hay fe, sólo un mar de derrotas y de ocasos.

Pintura compacta, de tonos duros, de trazos sobrios y de lamentos mudos, que nos dedica unos soplos de meditación visual acerca de la conciencia del arte como conciencia cierta de un destino.
  • Hoy nos visita en el Malecón Olofi, el supremo, causa y razón de ser de todas las cosas, al que le siguen Ochosi, Changó, Yemayá, Obatalá, Ochún y Babalú Ayé. Humberto y yo les cantamos:
Debo confesar
que ya no tienes para mí tanta importancia,
puedo soportar
lo inevitable de un final.
No te empeñes más
en inventar razones,
hoy por hoy
solamente nos queda decir
adiós.

GEORGE SEGAL

Blancas u oscuras, el artista norteamericano George Segal congela el movimiento de sus figuras para que su gesto mudo nos detenga en su contemplación el tiempo suficiente para intercambiar identidades, situaciones, momentos y pensamientos.

Las encontramos vagando por espacios exteriores, inmovilizadas por su propio ensimismamiento, o en habitáculos interiores, sentadas desnudas con la mirada perdida. El artista, a través de estas escenas estáticas, nos brinda la posibilidad de ver los instantes rutinarios de lo trágico o de la angustia en la intrahistoria de lo humano. Nos coloca en la circunstancia de observar ese momento hondo mediante unos cuerpos que cuando estamos ante ellos, han dejado la vida en nuestras manos a fin de que lo inmaterial que desprenden nos alcance y esté presente en nuestro imaginario.

Al final se establece una interrelación directa y muy íntima con el espectador, el cual acusa el impacto de su presencia asimilando destino, historia y tiempo, detenidos en esa fracción que se congela ante su visión.

Le digo a Humberto que el obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz se ha quejado al Malecón de que al ritmo de las tumbas los habitantes varones y hembras de su posesión se mezclan en bailes extremadamente torpes y provocativos, y para colorear estas funciones (sic) se entregan a la bebida de la frucanga (bebida de yuca y ají) y aguardiente hasta perder el juicio y desbocarse en los demás excesos que de tales antecedentes podían seguirse. Ya verás, le aseguré, como nos castigarán otra vez a sed y hambre porque el juicio que perdemos es el de la historia y con él nuestra identidad. ¡Pero si ni siquiera podemos decir que todavía la andamos buscando!

ALBERTO SAVINIO

Poeta, literato, comediógrafo, músico, pintor, periodista, Savinio, hermano de Giorgio de Chirico, recuperó sus sueños para engalanarlos con un humor surrealista y con él festejar cónclaves y sínodos de espectadores inseguros. Yo no querría formar parte de esas pesadillas que abren tantos enigmas como cierran interiores claudicantes.

Tampoco me prestaría a ser retratado por él ya que me haría objeto de una metamorfosis de la que no habría retorno, me quedaría eternamente esperando una anunciación que nunca vendría. Y sería un monstruo en un mundo oscuro, incapaz de mirarme, con la nostalgia de no poder vivir en donde quiero, ni siquiera morir cuando lo necesito.

Savinio exorciza sus vientos sombríos para devolvérnoslos como visiones que aparentan reírse de sí mismas pero que son como efigies propensas a derramarse en nuestras propias alucinaciones. Aunque no importa que sean tantas, al fin y al cabo hemos de existir con ellas.

Humberto yo, tumbados en el Malecón, soñamos que perseguimos a los que nos persiguen, que vivimos a costa de los que nos acosan o que gozamos de los placeres de los que husmean nuestras miserias. Y nos dimos un trastazo con el Azuquín, con el Chispa e tren, con el Bájate el blumer y con el Alcolifán. Casi no despertamos.

NOÉ SERRANO

Noé Serrano, artista cordobés, no parece pensar que lo humano es un reflejo de lo divino, que participa de su misma naturaleza, que su cuerpo es carne de su propio cuerpo. Y para muestra esas policromadas resinas que modela cual si se tratasen de unos nuevos centauros caninos que nunca llegarán a ser seres mitológicos.

Estos híbridos no dejan de ser una alegoría, un simbolismo, pero también una simple provocación sobre una condición humana que cuando se mira en el espejo nunca ve su propio horror y el que le rodea, y de ahí viene ese retrato que rebaja la belleza del cuerpo supuestamente perfecto como depósito de la conciencia segura de su supuesta dignidad, racionalidad, moralidad y estética.

Lo que ocurre es que el choque que nos deparan estas obras está falsificado, no sé si a sabiendas o no (¿hablamos de venganzas?), por buscar más lo escenográfico que una aprehensión profunda, más el quedarse en un mero acto de impresionar y escandalizar a pesar de una factura impecable y una dimensión teatral atrayente, sin olvidar la pátina irónica con la que juega con el espectador, que duda entre apreciar su revelación o rechazar rotundamente una propuesta que no encaja en sus parámetros estéticos y visuales.

Hoy, en su taller, Humberto y yo ideamos como encajar un cuerpo dentro de otro y como el espacio ha de perder su geometría. La penumbra que nos aprisiona agudiza los sentidos de la profundidad y por eso escarbamos hasta hallar restos omitidos, lenguajes no pronunciados, mitos helados. Removimos hasta encontrar la venganza mas no nos satisfizo, pues de esa ofensa no rescataríamos el ethos de un hacer pictórico hogaño desaparecido. Que moldee el ron la pasta, nos dijimos, y rasgue con ella las entrañas de la vida. Así sea.