Mes: octubre 2009

ÁLVAREZ VÉLEZ

  • Florenski decía que es posible representar un espacio sobre una superficie pero sólo destruyendo la forma de lo representado. A Malevich le oigo todavía proclamar que se había transfigurado en el cero de las formas y se había ido, más allá del cero, hacia la creación, allí donde, en los cuadros, aparece la forma que no toma nada de lo que ha sido creado en la naturaleza, sino que emana de las masas pictóricas.
    • Kandinsky reconocía que los objetos empezaron a disolverse gradualmente en sus cuadros, con lo que se afianzaban los valores estrictamente plásticos. Y ya Monet confesaba que su obsesión de todo el día era el color, su gozo y su tormento. Y en este sentido se manifestaba Merleau-Ponty cuando manifestaba que la pintura nunca celebra otro enigma que el de la visibilidad.
      • Mi amigo y artista vasco Álvarez Vélez no sabe celebrar otra cosa, la pintura es la conciencia y él es el intermediario, ella surge gracias a él, que se somete a su conjuro y desvarío. Y si él le ofrece una pasión sin reserva, ella le deniega estimas, pues sólo sabe de devociones y éstas han de ser desinteresadas.

      • Y mi amigo Humberto sigue rematando pinturas con unas representaciones que no reconoce después. El Malecón se acerca por detrás y le susurra que más vale que sepa quienes son, si no quiere caer en la desesperación de un subterráneo ciego. Allí todo el mundo tiene que estar fichado, no quiere sorpresas ni de amor ni de muerte.

JUAN GENOVÉS CANDEL

De ese conjunto que forman los seres inteligentes con el medio en que viven, el artista español nos hace el tránsito del plano conceptual al plano de las vivencias.

Son estas últimas las que configuran la inmanencia plástica hasta alcanzar a vivir su esencia en toda la expresión de que somos capaces de asumir.

  • Una humanidad diminuta y desamparada, sola o agrupada, se percibe en un constante movimiento que plasma la zozobra de que son víctimas por los poderes que las amenazan. Para lo cual su concepción se formula abriendo unas superficies y unos horizontes y perspectivas con una coloración febril que contamina el escenario de un aliento desesperado y agónico que se erige en portador de un origen siempre invisible mas conocido y letal.
  • Obra en la que se contempla un género humano derrotado y en permanente huida de unas sombras que no terminan de alargarse jamás.

    El Malecón se dirigió a mi amigo Humberto y a mí y nos dijo que pensaba protagonizar una comedia dionisíaca, y como en tiempos de Aristófanes los actores llevaban siempre colgado de sus ropajes un ingente falo, nos instaba a moldearle uno de más de un metro. Nos quedamos callados y después de un rato comenzamos a tallar uno que cuando se balancease pronunciase: mucho son para tan poca canción.

HERMANN NITSCH (1938)

  • Nuestro propio cuerpo se hace el soporte material de la obra porque la significación y el valor de su sentido no radica en lo que se ve sino en lo que le hacen o se hace uno a sí mismo.
    • Violencia, sexualidad, exhibicionismo, resistencia corporal ya no necesitan otra base que no sea su mismo organismo o masa, de lo que se deduce que son alternativas plásticas y visuales que se presentan y escenifican ante el espectador para que éste contemple su sublimación u otras dimensiones cuyas connotaciones se integran en la representación. ¿Ésa es la cuestión planteada y como tal tiene como presupuesto una provocación o reflexión o ambas a la vez?, ¿Es un fenómeno que nos concierne de forma introspectiva o un impacto emocional que defiende una estética hasta sus últimas consecuencias?
      • Quizás, por último, de lo que se trate es de que estos interrogantes formen parte del núcleo de la obra y por sí mismos coadyuven a su configuración, lo que no obsta para que esta especie de happenings o perfomances sean de dudosa factura artística.

      • Hoy ha corrido la sangre de un gallo por el Malecón. Mi amigo Humberto y yo probamos su sabor mezclada con sal marina. No adquirimos vigor pero sí una audición de voces y aullidos venidos desde lejos. Ya están lo de allá con ganas de bendecirnos, nos dijimos, apurando el último ron.

ROBERT MORRIS (1931)

¿Es verdad que lo importante, lo esencial son las ausencias?, ¿Se percibe y ve mejor el arte cuando son componentes y formas desnudas que no tienen más legitimidad y retórica que su propia materia prima geometrizada?, ¿Con esa economía de recursos se adquiere un fundamental grado de emotividad, comprensión y vivencia?

  • Robert Morris, en Notas sobre Escultura, escribió:“La simplicidad de la forma no necesariamente equivale a simplicidad de la experiencia. Las formas unitarias no reducen las relaciones, las ordenan”.
  • Yo observo y hago esfuerzos por completar y racionalizar el sentido de una austeridad que sigue impertérrita a pesar de todo, pidiéndome un breviario que cuente milagros en virtud de los cuales esos objetos leviten o por lo menos nos consagren. Mi propia estupidez no lo hace posible y mi ceguera sólo advierte mínimos que rezan vacíos.

  • Mi amigo Humberto estima en cubos la distancia que separa su taller del Malecón, y después de contarlos, me dice que la faltan tres para rematar su última obra. Mejor te iría, le respondí, si los intercambiabas por esas tres mestizas virtuosas que ahí al lado aguardaban al hechicero que las hará desaparecer para siempre. No aguantan tanta oratoria al peso. Tú les dices que lo tuyo es elocuencia y además por nada.

SALVADOR VICTORIA (1928-1994)

  • El artista español Salvador Victoria es de momentos inspirados e irrepetibles en su trabajo, con el que te introduce en un simulacro de ingravidez en el contexto de una lírica transmisora de vivencias que emergen livianas, descargadas de una conciencia que ha luchado con los límites y los ha desbordado.
  • Las suaves tonalidades son el vínculo entre los valores cromáticos azulados y un crecimiento volumétrico, tal que si fuese un embrión con una promesa de vida en su interior, la de una realidad plástica con derecho a existir en un mundo abierto para ella, para que su desarrollo no esté coartado por ninguna involución ajena al devenir estético.
  • Salvador ha configurado una obra que reconstruye, desde unos parámetros de ortografía puramente abstracta, una épica cromática que se inscribe en la mirada del espectador como un hálito necesario.
  • No he podido incluir ninguna reproducción de sus obras porque sus herederos se acogen a los derechos de autor para impedir su difusión si no hay una compensación económica de por medio. Como éste es un blog sin ánimo de lucro y sin presupuestos, nos hemos visto imposibilitados de acceder a sus pretensiones. Lamentamos, eso sí, que la codicia juegue este penoso papel en el conocimiento de una obra que en cierto modo ya debería pertenecernos a todos. Y me excuso de antemano si con esta aseveración estoy infligiendo un posible agravio a aquellos lectores que no comparten este enfoque.
  • A cambio, he incluido la reproducción de dos obras, una del artista catalán Augusto Puig y otra del mejicano Rufino Tamayo. Que las disfruten.

RICO LEBRUN (1900-1964)

Este pintor, escultor y muralista italiano nacido en Estados Unidos, Rico Lebrun, contiene y depura el gesto plástico, realza la esencia de una corporeidad morfológica cuya arquitectura se muestra anclada en la claridad de las sombras, de las pesadillas y de la muerte.

Es un desgarro que se adentra en la mirada del espectador para que esa visión se desborde en la fagocitación extrema, dolorosa, de unos organismos expuestos a su propia impotencia.

La consistencia de la realidad pictórica y vivencial se ha consolidado al enmarcar la tonalidad cromática en la oscuridad matizada que alumbra unos destellos moribundos. Obra, por lo tanto, que se ha fraguado en las experiencias vividas y presenciadas en tantos y tantos años.

Le digo a mi amigo Humberto que según San Agustín, el gran pecado es el de adorar a la criatura en lugar del creador. Seguramente, le respondo, el honorable beato todavía no había probado el ron.

GONZALO DUPORT

Hoy me ha enviado una amistosa misiva el artista argentino Gonzalo Duport y siendo un domingo en el que te has levantado con el ánimo infectado por la apatía y el desánimo, te vuelves a encontrar con su obra y te conmueve cómo el pintor ha clavado sus manos en ella, buscando la única forma de objetivarse y encontrarse a sí mismo. Pero también hace que converja en nosotros, nos ubique y emplace en esa contemplación.

Sin embargo, no trata de conectarse con nuestra intimidad a través de la suya ni incitar al surgimiento de alusiones que rememoren, sino de imponer la integridad expresiva de su trabajo, asimilarlo y comprenderlo desde su propia vivencia, enlazando esencia y plasticidad desde el conducto de su pensamiento.

Así llegamos a su propio mundo, con su fatalismo, con sus limitaciones y obsesiones, en el que lucha con la gran dificultad de reconocerse dentro de ellas -de ahí sus innumerables retratos y autorretratos- para que esos relieves corpóreos, esos rasgos cromáticos conformen una pintura irreductible en que el ser sea esa exteriorización que como espectadores necesitamos y requerimos.

Desde luego, hablo desde una intuición de la que está por encima de todo la visión y sobre ella, más allá de ella y con ella está la experiencia intransferible de un fenómeno que es pura y esencial visibilidad. Y en este caso la fascinación de la emoción que nos depara se convierte en el instrumento que propone para conocer el sentimiento que genera.