Mes: diciembre 2009

PETER DOIG (1959) / ESPECTROS

  • La dimensión de los espectros fragua con el convencimiento de que su naturaleza plástica los hace físicamente puros aunque solitarios.
    • Es más, se significan porque son ambivalentes, no imitan pero sí suscitan y se mantienen estáticos mientras con nuestras miradas intuimos la fuerza inconmovible de su esencia.
      • Este artista escocés, viajero desde lo gélido hasta lo cálido, hace visible la propia fuente de su imaginación con la perspectiva de la condición peregrina que le rodea. No se permite trucos ni artificios, la tonalidad es el vehículo que transporta espíritus en un proceso que sin ser una pesadilla es el caudal de acercamientos y confluencias.

        • Si tenemos que deambular con ellos cuando nos hayan alcanzado, hagámoslo con los ojos retenidos por la luz que exhalan a través del pensamiento.

        • Hoy es día de fin de año, amigo Humberto, y todavía estamos aquí varados, en esta esquina del Malecón que ya está cubierta de nuestras propias escamas que ni siquiera sirven para revestir de añoranzas una tela.

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ALEXIS AMADOR (1978) / FICCIONES

  • Referencias entrecruzadas desembocan en errores de identidad inexplicables. Un azar que nos deja un títere pero con dos cabezas. En mi post “Pateras” atribuí la obra que allí se exponía a un Alexis que creí conocer pero que no era. Ahora sí estoy seguro. Quede, pues, esta observación y aclaración a modo de inventario. El artista ya me ha perdonado pero yo no he tenido esa conmiseración conmigo mismo. Y apunto más alto y en el centro al señalar que la estatuaria creada por él y que nos invita a considerar es un juego entre la ficción y la vida.
    • El impacto visual no oculta su propia filosofía plástica al plantear una ocupación del espacio por unos iconos cuya reverberación desata imágenes del destino impredecibles y que tienen al azar como uno de los elementos de ese juego que nos alimenta de asombro y miedo. La ejecución mediante el empleo de diferentes materiales se amolda perfectamente a los propósitos de ese plan.
      • Son ficciones que hacen de la alegoría un encuentro vivo con la sardónica angustia, ese regusto final, que se desprende de ellas, que delatan sombras y huellas innombrables en nuestra mirada, que se quedan un instante fijas y ya no quieren irse, que pueden formar parte de rumbos no trazados que confían en que vayamos a través de ellos. ¿Qué es lo que nos esperaría entonces? Quizá este versátil e imaginativo artista ya lo está perfilando en su próxima producción.

    • Amigo Humberto, acaba el año y no hemos pasado de ser sombras. Este Malecón no quiere iluminar a nadie más que a él mismo, y encima somos nosotros los que con nuestras velas le proporcionamos la luz pues él es incapaz de mantenerlas encendidas. La fatalidad está ordenada y decretada y la sequía perenne calará en nuestros cuerpos. Que sea lo que haya de ser.

ROMÁN VALLÉS (1923) / MAGNETISMOS BIOMÓRFICOS

  • A mí me parecen talismanes o amuletos que aparecen en las desidias de unos orígenes que se resisten a ser entes puramente físicos.

  • ¿Cómo ha conseguido el artista español Román Vallés sacarlos a la superficie? No lo sabemos ni se lo vamos a preguntar, ni tampoco es necesario. Hay una transmutación de la materia y del color, de las formas y texturas que roturan la superficie, la siembran de semillas genuinas y aguardan la purificación porque ella es la única que puede potenciar el pálpito plástico hasta su fermentación.
  • Lo biomórfico de estas obras surge como una presencia benéfica, encantadora y soñadora, que nos brinda a la mirada la visión de un objeto dotado de cualidades y propiedades que hacen del misterio de su génesis una legitimación estética de lo ejecutado y percibido como una maravilla tectónica.

    Amigo Humberto ¿cómo se te ocurre seguir el ejemplo del pintor norteamericano Donald. K. Hoster, que envió a una exposición oficial en Los Angeles un cuadro hecho por una docena de gusanos puestos sobre la tela después de empaparlos de pintura? Pues a mí me lo han aceptado, me contesta, porque en lugar de gusanos había utilizado unas urracas jineteras.

ALEXIS AMADOR (1978) / PATERAS

  • Atestados en una góndola ruin que planea sin rumbo hacia horizontes donde no les esperen fronteras, huidos de la sed seca y de la miseria encadenada a la muerte, están olvidando el sueño.

  • Sobre nuestras cabezas de espectadores se instala una visión redentora que no quiere irse, pues ha llegado y cumplido todos los trámites, tal como nos asegura el artista español Alexis Amador (¿cuál de ellos, porque uno me ha dicho que él no es el autor?) el cual, no obstante, teme el posible retorno o el extravío ciego, o aún peor, el absoluto fin.
  • Y es cierto, ya que estos seres indefensos se estrellan contra un muro y se han convertido en piedra ante la espera imposible, solución buscada por el autor para infligir la profundidad adecuada a una obra que cuelga como espada de Damocles sobre nuestra mirada.
  • Demasiado visibles para unos ojos, orfandad para otros, es una plástica visual que hasta denota una invulnerable belleza libertadora.
  • Amigo Humberto, le digo, ya no es hora de dedicar rezos a los vivos, debemos dar sepultura a los que están muertos y todavía no lo saben. Y nos acabamos el ron escrutando la maldición de la bahía.

CÁNDIDO MONGE / EL HOMBRE DEL HIERRO

  • A la hora de desechar quimeras inexistentes y rastrear lo sólido, he de regresar a él, a Cándido, el artista de Paracuellos, escultor e incipiente pintor, que al pasarse las veinticuatro horas del día en el taller masticando hierro, probando su fiabilidad, buscándole la veta anímica, la expresión fugaz pero imperecedera, no vacila en la persecución de la huella de lo hallado hasta que toma la forma que ambos previamente han conjugado de mutuo acuerdo.
    • Si la obra adquiere rasgos es que hay un continuo azote de imágenes ondeando como siluetas aéreas. Si la creación es montículo, armazón, estructura o entramado, reviste el relieve de un yunque, la talla de un ídolo o tótem adivinando señales o una cruz simbólica que bendice los espacios que genera en su entorno.

    • Es un hacedor incansable en la construcción de talismanes férreos que queden como frutos de extensiones que necesitan habitarse con la dureza de un elemento primordial, con la verticalidad de su condición ilimitada.
    • Son los volúmenes que al cruzarse en nuestro camino imprimen fuerza y energía a la superficie que pisamos, a la dimensión en que existimos , y en ellos laten designios que ofrecen una función redentora. Y así debe seguir siendo.

    • De mi amigo Humberto no he recibido pistas y contraseñas. Debe andar a la busca de pateras turbias que no se hundan nada más zarpar. Pero no las encuentra y no hace más que desesperar.

ANDRÉ BUTZER (1973) / NO VAMOS A CORRER

  • ¿Estos muñecos, mitad monigotes mitad monstruos, son su propia referencia o la angustia deformada de no serlo? ¿O el descrédito de una realidad que nos parece ajena y ante la cual nos dan ganas de salir corriendo? ¿O simplemente estamos ante los claroscuros de una epidermis que compartimos?
    • Quizá lleguemos a concebir nuestra estupefacción porque la fealdad y el horror se describan como una deriva de nuestra falta de humor o de la condición de no saber faltar a la belleza. No cabe duda de que en la visión plástica del artista alemán Butzer cabe y sobra todo según las premisas plásticas de las que partamos, que no se situarán muy lejos de los confusos barboteos infantiles ante las presencias oscuras que nos aterrorizaban y de la recuperación de señales sombrías que evocan el mito.
      • Masas cromáticas impetuosas para exhibir desgarrones, trazos gruesos para la exposición impúdica de lo que sobrevive invicto en la memoria, en el gesto y en la mirada. ¡Dichosos espejos, nunca saben callarse a tiempo!

        • Hoy nos obligaron a ir ataviados. Desfilaba El Malecón investido de justicia con las faldas levantadas, botas de PVC, un tanga, un liguero y un billete de un peso. Detrás iba un toro vivo, un contorsionista orinando y unos jeremías en calzoncillos portando un féretro. ¿De dónde lo habría copiado, me dice mi amigo Humberto? De Banksy y Matthew Barney, le contesto. Ni siquiera puede ser misterioso, añado, se le adivina todo.

CECILY BROWN (1969) / EMBRIAGUEZ

  • La embriaguez cromática satura el lienzo hasta el vómito. Hay un “horror vacui” que cede total y exclusivamente sitio a lo dionisiaco, a lo báquico, tal si fuese ése el sentido del discurso narcisista de esta pintura que prefiere representarse como una naturaleza lujuriosa que oculta, más que muestra, signos humanos, siluetas, esbozos corporales como si estuviesen completamente fundidos con ella.
    • ¿Qué nos depara esta artista inglesa con su obra? ¿Quizá el retomar la coloración en su gama más aleatoria sin perder por ello un gramo de precisión? ¿Dejar a los cuerpos facilitar su apareo en un espacio en que la festiva forma, en justa correspondencia, se embriague y también fornique?
      • Los empastes densos, gruesos o livianos, cálidos y fríos, se contagian de las verdades y hallazgos del pasado y las infidelidades y alegatos del futuro, lo cual no es óbice para estimar una sobrevaloración actual del trabajo de esta pintora.

    • Mi amigo Humberto viene a todo lo largo del Malecón arrastrando un lienzo por el suelo. Cuando llega a mi vera, me dice que con todos los restos que se han adherido a él se habrá configurado la fisonomía inimitable de un derrumbe. Yo le contesto que eso ya lo había hecho Francis Alÿs en Méjico con un bloque de hielo.