CARLOS AMORALES (1970) / LO IMAGINARIO SIN ATENUANTES

  • Hay obras que es difícil encararlas, siempre se cuelan y hacen que nos colemos en ellas sin defensas ni estereotipos. Con la erigida por el mejicano AMORALES nos pasa eso mismo o más, porque los destellos de lucidez en medio de esas instalaciones omnipresentes nos apabulla, nos deja congelados sin poder dar un paso.
    • El arte de hoy carece de piedad, aunque sea mínima, para el espectador y no le deja respiro. Bien es verdad que estos trabajos están bien encajados sobre moldes de una visión contemporánea y global, incluso podemos asegurar que son golpes estéticos certeros que no caben en un concepto o en una definición, sino en un escenario luminoso que determina ideas y sensaciones en múltiples acordes.
      • El observador ya puede tomarse su tiempo, dará igual, el continuo e ilusorio movimiento no depende tanto de su mirada como del contacto físico y sensible, cuyos efectos interactúan con nuestro yo más escéptico y no por ello menos intuitivo.
        • Aquí estamos ante el propósito de otro autor que comparte proyecciones universales, pero no el secreto de obtener las mismas a partir de un dato concreto y mentalizado.
          • ¿Podríamos fusionarnos con las cicatrices del Malecón, me dice Mercedes, la musa de mi amigo Humberto? Muchas ubres para tan poca leche, le respondo.
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