Mes: diciembre 2010

>ANTONIO CALVO CARRIÓN (1921-1979) / ESTAMOS DE FIESTA

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  • Hoy, día último de año, nos visita otro artista español inolvidable, CALVO CARRIÓN, provocador e intensificador de nuestro potencial más imaginativo, que nos trae su obra con el fin de que no nos sintamos sin espejo.
    • En ella lo indeterminado ha adquirido una dimensión próxima, configuradora de una visión entre el presente y el pasado como condición de acceso al futuro. Sabemos que la percepción, en cuanto humana, está llena de significaciones, y éstas están maravillosamente desnudas.
      • Vemos y apuntamos hacia una dicción del yo en su traslado del tótem, aunque quizás nos engañemos y sea nuestra mirada la que se enfrente con nuestras propias máscaras en las que ocultarnos, ésa a la que se refiere Sartre cuando asegura que Dios es la soledad de los hombres.

    • Es, por consiguiente, un manifiesto de que la libertad para contemplar, sentir, transformar y esperar sigue intacta, zaherida y amenazada, pero intacta. Por eso, este autor dio con esas facetas iluminadoras de lo humano, de su lucha contra la alienación, de sus victorias y derrotas, de sus silencios y mentiras, de sus ruidos y verdades.

    • Juntándose, las palabras bailan sobre la playa para componer su frase: el hombre es un comodín que eleva siempre la jugada (Alberto Vigil-Escalera).

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CRAIGIE AITCHISON (1926-2009) / CRUCIFICADOS

Carente de miras aparentes, este artista escocés se decantó por la condición menos superficial, se inclinó por la más íntima y escasa de volumen, casi precaria. Y en cambio, resultó una penetración en la soledad más recóndita, un grito mudo al mismo tiempo que una oración callada, cuyo hermetismo se transmite como un sonido reconocible, como una secreción guardada en su insignificancia.


Ciertamente los dioses no son los únicos crucificados, los somos todos aunque estemos en el mismísimo infierno. Y esa totalidad asume la plástica crueldad que se visualiza en los rasgos simples y cromáticos de una imagen endiabladamente inteligible y emocionalmente insoslayable.

Se agarra uno a ellos como el ensamblaje infantil de una mortificación que parece sucinta pero ampliable a nosotros, espectadores, tal si fuésemos el entresijo icónico de un mundo que cambia el sumario ceremonioso de sus creencias por la ingenuidad pintada de los valores sujetos a una significación polivalente.

Son signos distintivos de algo que no se repite, pues de hacerlo iría, como decía Picasso, contra las leyes del espíritu.

Las venas se saben la cuerda de la tramoya. Y no hay ya meditación. Hay acción. Se funde, sobre el horizonte plano de la playa, el hombre que medita y el que blasfema (Alberto Vigil-Esacalera).

>PIERRE ALECHINSKY (1927) / NO ENCUENTRO LA LETRA

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  • Este miembro de COBRA narra cuentos con la espontaneidad de una cigarra ebria. Unas veces es imposible seguirlos y desenredarlos, en otras ocasiones los aisla.
    • Sus capas multicolores no tiene restricciones, cargan de todo, con todo y contra todo. Vociferan desde lo más profundo y no festejan más que las coartadas de la intimidación.
      • Decir que este artista belga no es sobrio tampoco hace falta ni tampoco añadir que su meta es la búsqueda de la máxima expresión esté donde esté, se sitúe donde se sitúe y maldiga a quien le maldice.

        • Polifonía o no, suena a concierto censurado en la mirada, que no se cansa de continuar esas líneas figurativas y abstractas en un espacio que es la rebelión de un retablo, un simulacro legítimo de sacrilegio. Y si hablamos de franqueza, dinamismo, exuberancia, también hemos de referirnos a verdad insepulta y estrepitosa, a autenticidad plagada de certezas que no podrían hablar sino ser pintadas al carecer de alegorías confirmadas.

          • Me quedo con ALECHINSKY y su plástica que teje gestos, los materializa, los confunde entre semblantes, muecas, aspavientos de una creación que no se agarra a una confabulación de letras porque no las necesita.

>APRIL GORNIK (1953) / LES CONVOCO

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  • Por la trastienda de nuestras historias y biografías, lo visual enlaza e identifica, hasta absorbe, caminos, rutas, montañas, cielos, en definitiva, paisajes que unas veces son como seres vivos y otras episodios pasados que se resisten a desaparecer cuando ya no los convocamos.
    • La primera impresión fotográfica que nos ofrece la obra de la norteamericana APRIL (belleza marfileña) nos engaña, pues al centrarnos más en ella descubrimos valores que constituyen confidencias íntimas de la construcción de una naturaleza inusual.
      • Bien es verdad que un virtuosismo, casi sacro, es el medio por excelencia de una representación que no quiere quedarse pequeña, que desea manifestar vehementemente su poder y la conquista del objeto visionario que hace que la mirada perciba sensaciones que estaban latentes. Por lo tanto, no hay pérdidas ni carencias.

        • Por consiguiente, nos transportamos con los ojos a través de ella, nos agachamos ante esos grandes cielos amenazadores que ciegan el horizonte y se proponen castigar nuestra osadía, acopiamos datos que ensanchen la perspectiva. ¿Y qué es lo que pisamos? Una hierba que nos supone extraños, ajenos a su existir, invasores sin nada que decir.
          • Son tiempos plásticos de antes y de ahora, por no decir los de siempre, repletos, hasta hinchados de esos abismos pictóricos que sirven de acomodo y desconsuelo, de memoria y recuento.

>MICHAEL RAEDECKER (1963) / FRÍO INTERIOR

> Además de ver, estamos dentro y percibimos un frío interior. Caminamos entre perspectivas desamparadas, paisajes anacoretas. No hay rumores de viento.

No importa que nos vislumbremos en un retrato fantasmagórico. Por eso no vamos a dejar de ser ni tratar de impedir el hecho de aguardar lo calcinado o sombrío, o lo fluorescente y sublime.

Asimismo, para el holandés RAEDECKER el valor del rastro, de la huella, del sendero, es ese testigo que evoluciona a partir de una pincelada o un trazo, frágil señal niveladora, aunque sin permitir que esa influencia corrija el abandono del que somos espectadores.

Si es soledad confía en el entorno estático casi monocromo; si es angustia ya no hay que pensar más que en la visión que alrededor nos acompaña, entre objetos yertos, suelos dormidos y paredes desvaídas.

Pero si es desconsuelo, el revestimiento cromático, cargado de textura, es la bruma blanda donde envolver la realidad de una poesía visual que parece quieta aunque nunca ha dejado de estar en movimiento.


El sentimiento es exploración en la pintura, de eso no cabe duda, mas esos viajes también acaparan la lucidez sobre como idear unas estructuras plásticas que enlazan misterios y existencias, cavilaciones, destierros y clausuras.

>JOSÉ LUIS CUEVAS (1934) / A PARTIR DE MÍ MISMO

> Nos involucramos en la búsqueda del tiempo como el origen de la interrelación entre el arte y la vida, y si bien esa maldición nos hace patéticos o crueles, la salvamos a través de una figuración que construye la mirada.


¿Qué ese es el nivel de abstracción al que debemos llegar cuando la formulación de ese lenguaje es carne viva y mítica? El mejicano CUEVAS así nos lo presenta, pues con ello confronta a la humanidad como una naturaleza irrenunciable.


Y así la abordamos como un medio y otra alternativa de reflejar una concepción de la forma que emana de un ser que continuamente está gestando estructura de ideario, de encuentro con el devenir total, sin perder cada uno de los jalones visuales hallados. Por tanto, es la conquista de la dirección óptica la que nos ayuda a pensarnos, a comprendernos.

Desde este punto de partida, este artista impulsa con su quehacer ese desarrollo, ejecuta esa exteriorización del acervo adquirido, conforma propuestas que concuerdan imagen, memoria, emoción y leyenda. Más su transformación en duelos o jaculatorias.


No sin antes demostrar que dentro del espacio que compartimos queda margen para reinventarnos y proyectar sombras según nuevos repertorios imaginativos, experiencia inseparable de la práctica. Y mostrar que las opciones, cuando se insertan dentro de ese contexto, fructifican si el azar y la intuición se añaden, integran y comunican, haciendo confluir representaciones y vivencias.

RUDOLPH HAUSNER (1914-1995) / ¿HACE FALTA CORRER?

¿Tenemos que acudir a esos abrelatas denominados realismos psíquicos, psicoanalíticos o fantásticos para introducirnos en la obra del austriaco HAUSNER?

Considero que es innecesario incluso si es para darnos un pie o una mano. Lo importante, y nuevo punto de coincidencia con el coleccionista Saatchi, es que se pone de manifiesto que el pintar no es algo convencional y burgués, incapaz de decir nada significativo y demasiado impotente como para ser el lenguaje dominante.

Por de pronto, estamos ante una plástica de propuesta e innovaciones omnívaras, que aprieta los dientes y que constituye la llave de apertura a fuerzas imaginativas extremadamente prolíficas.

Hasta el último detalle es generador de dinámicas rutilantes, asombrosas, destiladoras de entes vigorosos en el paladar de un reino desafecto. Las encarnaduras cromáticas configuran las estelas de disparos en medio de la oscuridad, sin dejarse intimidar, todo lo contrario, al revitalizar los planos, bendicen la densidad facial y condenan a la maldición de su visión a esas superficies que de tan ciegas las seguimos viendo.

¿Por qué es injusto, entonces, pronosticar que todos los artistas serán a partir del 2100 una nota a pie de página excepto Pollock, Warhol, Judd y Hirst?

El Malecón no habla ni transmite, únicamente sentencia: llegará un día que saldrán huevos de debajo de las piedras y caerá de las bocas saliva candente (Joan Brossa).