VINCENT DESIDERIO (1955) / MIRADAS PLÁSTICAS

El realismo, aunque nos parezca obvio y gastado, sigue penetrando en el corazón de la materia, la continúa fustigando de acuerdo a un código no escrito.

Si el americano DESIDERIO se sirve de ese modo es porque esta semántica pictórica tiene en su entraña propuestas que postulan un contenido palpitante hoy mismo.

Sin esa rotundidad de carne confundiendo la soledad de unos espíritus, sin ese patetismo cromático que infecta el dibujo, la forma, no habría ese esplendor de cuerpos conscientes de la consumación plástica de lo efímero.

Es la transparencia de una sociedad que culmina en el agobio, en una humanidad que ha dejado de analizar la nada, sobrevive a ella desnuda durante un tiempo y vestida con mortaja el resto.

De negarnos a dar por estéticamente válida esta pintura de pieles maceradas, estaríamos perdiendo el eco de nuestra época, la confesión de una realidad que se enrosca en la mirada huidiza que busca evadirse en otra historia y en ningún final.

Bramido negro, veteado en azul de azufre ardiente, la voz del hombre insulta. El mar, seguro, avanza, envuelve y se retira (Alberto Vigil-Escalera).

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