ARTHUR DOVE (1880-1946) / YO TAMBIÉN QUIERO SER DE LOS PRIMEROS

La primera pintura abstracta que se pudo ver en Norteamérica era obra de su artista natural de allí,  DOVE.

 Y como realización inédita en un contexto joven trató de conferirle una adaptación idiomática que la hiciese acreedora a la visión que el espectador aguardaba sobre lo que debía hacerse en su propia tierra. 

La potencia expresiva del color contiene las tonalidades y la urdimbre que, además de una emoción óptica, deparan significados internos vinculados a sus propias cualidades estéticas, las que persiguen unas mentes ávidas entonces por llegar a otros umbrales.

Es más, estamos ante un espejo alusivo a la vida interior de la cultura, ante una red en la que una vez introducidos, quedamos atrapados porque hemos descubierto que nuestra percepción y capacidad de ver  forma parte del todo existencial, no es un apartado de conveniencia o distracción.

Por eso el autor quiso plantear un hecho plástico argumentado como un nuevo reto, incorporándoles características que lo hiciesen confluir en la inseminación de otros ámbitos.

Son muchas, muchas, las ecuaciones a despejar. En la noble frente del hombre -como amartilladas luces de plata- tenebrosas ecuaciones se clavan y exigen, apremiantes, pronta solución (Alberto Vigil-Escalera). 

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