CLOVIS TROUILLE (1889-1975) / AFINO MI SENSIBILIDAD

Con lo sagrado hemos tapado y también con lo que no lo es, pues queremos mitos transgresores que nos dejen embaucados, con la visibilidad a flor de piel y de espanto.
Para el francés TROUILLE, igual que para Michelet, la mirada era un elemento fundamental de su relación con el mundo, con los demás y con el pasado. Por lo tanto, sus obras, de ironía y caricaturas exacerbadas, están destinadas a esas miradas, negándoles la insulsez y la vacuidad, sirviéndoles de señuelo para clavarles el aguijón.
Ya los colores que informan su gestación se relamen de placer, se sienten libres para pecar sin confesión y castigo; no se reprimen y fustigan con agua bendita esas carnes o rebosan de confirmación papal esos ropajes.
Siendo una plataforma de figuración púdica, recatada, que no oculta la culpa sino que la eleva en virtud de su magnitud plástica, no importa la matriz de su expresión, le caben rasgos de todas o de ninguna. El resultado es lo que determina su condición bajo cualquier definición.

Neal, ahora somos héroes reales
en una guerra entre nuestras vergas y el tiempo:
seamos los ángeles del deseo mundial
y llevémonos el mundo a la cama antes
de morir.
(Allen Ginsberg).

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