Mes: junio 2011

HENRY MOORE (1898-1986) / ÚNICO

Nunca me he olvidado del inglés MOORE, ni tampoco creo que nadie lo haría después de ver una obra que es única y verdadera.
Se dice que es el representante por excelencia de la escultura actual, una combinación de tradición plástica con modernidad. Y opino que es insuficiente para describir una percepción tan honda.
Que su interés por la escultura precolombina, egipcia, africana y renacentista ha sido fundamental para la concepción de su quehacer, absolutamente cierto. Como también lo es su excepcional talento e intuición para alambicar estas improntas hasta obtener el más inigualable punto de fusión.
El artista que conforma la materia para que se abra y se cierre, se desate y armonice, se transforme en curvaturas animadas, figurativas, que tienen en el lenguaje un principio permanente de estructuración según su vocabulario, no impone contenidos ni letras, permite que el lugar, la ocasión, la historia, la diversidad formen sus propias determinaciones de ser y aparecer.
Y conforme a ese propósito lo versátil de ese universo no es un inventario a especificar sino una aclamación visual irrepetible.

Además es compendio, síntesis, condensación y epílogo en una de sus vertientes; en la otra inicio, preludio, base y origen. Otro nuevo cerrar y abrir epistemológico, morfológico y estético.

Estoy aquí otra vez
para subrayar con mi sangre
la tragedia del mundo,
el dolor de la tierra,
para gritar con mi carne:
ese dolor es mío también.
(León Felipe).

PIERRE HUYGHE (1962) / OTROS MODOS DE COMPARTIR LO QUE ASIENTO

Lo que la exhibición nos brinda tiene la función de atraer en sus múltiples efectos, desde el ingenio a la significación, desde el entendimiento hasta el encanto visual, ponderando su arquitectura técnica y su metodología en la utilización de los recursos.
Para encontrar una manifestación de esa naturaleza no tenemos más que situarnos ante las instalaciones del francés HUYGHE, síntesis de conciertos de imágenes, escenarios, atmósferas, ambientes y entornos de luz y planificación.
De despegues y aterrizajes metafóricos podríamos hablar largo pero no tendido, o de alegorías de un mundo irreconocible, incluso de estrategias en que de lo que únicamente se trata es de ver lo imposible y seguir vivo y con capacidad de continuar mirando.
Cada despliegue tiene su propia maniobra, cada ejercicio marca su íntima evolución, y el requerimiento final bascula entre una contemplación indefinida y un reconocimiento alcanzable, remontable, no ignoto.

Conformada la virtualidad de los espacios, no nos sentimos cabizbajos ante tanta formación imprevisible, pues el azar es la trampa de lo predecible querida por el artista.

Cada hombre solo. Yo solo,
solo, sí,
solo,
solo,
flotando sobre el mar,
sobre el lecho profundo de mi llanto
y bajo el palio altivo de los cielos…..
altivo,
silencioso
y estelar.
(León Felipe).

GINA PANE (1939-1990) / ESTO ES PARA HACERLO SOLA

George Dickie señala que una obra de arte es todo artefacto al que una o varias personas que actúan en nombre de cierta institución social (el mundo del arte) le confieren el estatuto de candidato a la apreciación.
En el caso de la francesa PANE ha sido ella misma su propio artefacto, y no en vano. Su piel fue una pintura de signos, su cuerpo un elemento en el que confluían oscuras premoniciones.
Hizo honor a ritos, celebraciones, secuelas de creencias remotas. Trató de elevar a rango estético la formulación de que la tesis existencialista es perceptible desde la dimensión de la carne tatuada, con esos vestigios que alumbran depósitos sentidos carentes de voz. No cejó en revelarse y revelarnos la escritura de lo tumefacto. Y sin falsas carencias arrebató el fondo de insuficiencias que supuestamente es la primera opción para dormir muerto.

¿Quién lee diez siglos en la historia y la cierra
al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha?
Los mismos hombres, las mismas guerras,
los mismos tiranos, las mismas cadenas,
los mismos farsantes, las mismas sectas
y ¡los mismos poetas, los mismos poetas!

¡Qué pena,
que sea así todo siempre, siempre de la misma manera!
(León Felipe).

ALAIN SÉCHAS (1955) / PERSONIFICAMOS LOS CUENTOS

Si es verdad que la noción de arte se recupera, no ya desde el interés artístico -pues apenas se comprende-, sino más bien como mercancía estética de insospechado valor y desconocido significado (Miguel Peraza y Josu Iturbe), la obra del francés SÉCHAS es una expresión palpable e inmutable de que la polisemia no está reñida con el candor, ni con lo insondable de una aguda repoblación de espacios y su percepción de jardines de infancia adictos a una magia intangible y farisaica.
No importa que sea lo anterior y mucho más, quedémonos con lo menos y su fantasía inversa de claro poder visible y narcisista. Quedémonos con los demonios que se agitan en su interior y convirtámonos en el momento de la contemplación en sus fantasmas obscenos.
Tampoco es necesario mortificarse con tantas preguntas si las respuestas bailan, posan desnudas y tienen un pene para hacer piruetas. Las historietas van con premios y lucen con colores de genes despiertos, ávidos de ganar miradas de mentira y cuentos.

Llora el mar en su perenne humedad,
tus ojos azul cobalto cambian según la marea de amor,
mi impulso son vallas obstáculo hacia ti,
tumulto hay en verdes mentes, reproduciendo imágenes.
Cuando el tiempo ha pasado
y tú no me hablas, estoy idealizando realidades.
Soñé que tú eres primavera y única mirada en brazos rotos,
pesadez de tormenta en días claros,
la camisa fría, el cuerpo quebrado,
perduran los dedos inquietos en acariciar tu rostro,
pigmentado de rayos.
Tus trajes son la noche con seso reluciente,
tu cama mariposa de alas rojas, con pintas de color afecto deleitándose.
No quiero adelantar cabellos con fuego de arpegio ni tampoco ver detrás.
Mi tristeza es un manantial de fuertes tensiones,
flecha de viento alado, tu pesadilla de tinieblas,
fantasía real, existes, porque toco.
(José Álvarez Vélez).

RUDOLF SCHWARZKOGLER (1940-1969) / ¿TANTO ODIO SIENTO?

Marc Fumaroli se despacha a gusto:
“Las recetas del arte contemporáneo en sentido oficial y mundial, por todas partes por donde se vende, se compra y se publicita, es la provocación, el exceso, el neodadaísmo escandalizador que encanta a los beaubourgueses superlativos de la nueva Aldea Global. Su esencia es destructiva y deseducativa; tiene vocación, como el dadá, de agitar, desestabilizar, derribar, en lugar de fijar unos puntos de referencia que no engañen y de los que nuestro mundo desbrujulado anda muy falto”.
Este austriaco, SCHWARZKOGLER, se acerca a esa definición sin importarle un comino, él tuvo la impostura legítima como marca y signo de la casa, como vocación de odio hacia sí mismo y hacia los otros, los que miran y no saben ver.
¿Que me mutilan? ¿Que me torturan? ¿Que mi cerebro está horadado? ¿Que mi pene es una compresa carnívora? De ser el arte conocimiento y reconocimiento, ésta es su oferta: sacrificio sin tregua, asco, repulsión, ofrendas de carne y cuerpo que se vende sin esperar perdón.
A la hora de perecer le llegó su momento álgido, porque le impusieron los santos óleos cuando la defecación era el legado conminatorio de su último adiós performativo. Y los mirones nos hemos quedado sin acción a la espera de otro consuelo.

Poesía,
tristeza honda y ambición del alma,
¡cuando te darás a todos…..a todos,
al príncipe y al paria,
a todos……
sin ritmo y sin palabras.
(León Felipe).

COSIMA VON BONIN (1962) / DÉJAME SITIO

Estoy de acuerdo con Yves Michaud en lo que respecta a su tesis de la cultura de zapping: “en las actuales democracias liberales cada uno expresa sus preferencias y es libre de afirmar lo que quiere sin tener que atenerse a dogmas, teorías, análisis, críticas, códigos, estéticas, etc”. Ni caben deferencias ni reverencias, añado yo.
Y en ese aspecto la obra de la keniata VON BONIN provoca y descubre todo tipo de actitudes, las de rechazo, las de aceptación y las de mera indiferencia.
Pero antes hay que precisar su perspicacia y sentido creativo porque el núcleo de los hallazgos es múltiple: desde el material hasta su propia fascinación psicológica e infantil.
Confunde, sorprende, estimula, resucita, atrapa, seduce y hasta irrita. Y la construye sin oscuridades y lechos abiertos, únicamente con muñecos de trapo que nos remiten a los sueños lejanos o a espacios más recientes.
Es ambigua, lúdica, subliminal, festiva, irónica, una fabricante, en suma, de instalaciones, no para conventos sí para recreos urbanos cenicientos.

Sólo tú, dulce amante
puedes calmarme ahora
acercándote
para que te vea
para que te sienta
y olvide que soy ciego.
(Carlos Renaldo Asorey Brey).

ROMUALD HAZOUMÉ (1962) / ¿POR QUÉ SE HAN OLVIDADO DE NOSOTROS?

La obra de este artista de Benín nos ofrece un paradigma de lo que es la autenticidad, lo que es el aglutinar valores universales. No podemos atenernos a la manipulación de lo colonial y primitivo. Ya no. Ahora, ante una propuesta e imaginería de esta dimensión, hemos de sentir y conciliar épica, drama, innovación, sensibilidad y poesía.
Túmulos y rostros que en su configuración visual toman los rasgos de ayer y los despojos de lo que necesitan hoy. Es un barroco de la sed, de la miseria. No hay fetiches ni máscaras, sino iconos de una estética de la existencia contra la fatalidad y la conspiración para su dejación y anonimato.
Mientras las pateras sean puentes aciagos, el canto espiritual de estas manifestaciones artísticas tienen un sentido y una dirección y nos sitúan dentro de un ámbito imaginario en que a las formas les siguen otras formas, a las biografías que se identifican con el color, otras biografías, y así hasta simbolizar un continente visto por sí mismo, por la angustia de serlo y padecerlo.
Un haz de luz toma estas piezas y absorbe sus dudas. La realidad es dura y en estos casos le da lo mismo la sombra que la mudez de este lamento sonoro.

Un buhonero solitario
vende corazones a buen precio
¡Corazones, corazones frescos!
A los árboles los tallan por las calles
Nadie llora
La carne de guillotina se vende barata
¡Corazones, corazones a buen precio!
(Manuel San Martin Palacios)