Mes: julio 2011

PETER KOGLER (1959) / LO IMPREVISTO YA NO SE ANUNCIA

Lo contemporáneo se olfatea cuando la ciencia y la tecnología le prestan sus recursos al arte con la condición de que construyan sínodos de luz en atmósferas visuales que ya nos sitúen en otra dimensión global, marco de un futuro en que ambos sean una relación de pareja estable y duradera.
En sus instalaciones nos sentimos como burbujas llenas de sensaciones húmedas, pausadas, calibradas, atrapadas en interiores relucientes, con sombras y claros, rodeadas de relieves, líneas, en espacios futuribles, antros horadados que guardan los secretos de otras sensibilidades, culturas, colectividades empeñadas en dejar su huella tecnológica y estética.
Ahora ya no valen las requisitorias pasadas, asegura el austriaco KOGLER, se impone el ordenador, lo digital, la informática, para desarrollar cosmos visionarios en los que la mirada se erige en el cuerpo hipérbolico del yo. La dirección de lo óptico, desde una infraestructura fruto del hoy investigador, traduce una realidad plástica que es una fusión de lo que en estos momentos se ha decantado como una variable cualitativa y expresiva del ver y contemplar.
Sin embargo, la inmanencia del fenómeno tendido y realizado no impide que haya asomos de inmediatez, de esos que son perentorios pero muy pasajeros porque su fugacidad es la base de un nuevo proyecto.

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RAI ESCALÉ (1964) / NO IMAGINÉ TANTA BELLEZA

Traducir realidades es un acto artístico aburrido, me confiesan algunos, pero dar con una morfología que provoque, deforme, saque los trapos sucios y culmine en una sombra plástica que transmita la irracionalidad inteligible, es alcanzar el tránsito festivo de la gestación.
También es cierto lo de que en cualquier lugar del mundo, los hombres se expresan de acuerdo con su existencia y con su naturaleza (J.M. Moreno Galván); y también en este sentido, es evidente que la obra del catalán ESCALÉ introduce el acento de su época, que hace corresponder con los enfoques y convicciones que la sintetizan.
Acostumbrados, a pesar de las turbulencias estéticas del siglo XX, a lo clásico apolíneo, nos perturba y alborota lo romántico, expresionista y dionisíaco. Por eso nos turban, como espectadores, esta reunión de fantoches -algunos remedos monstruosos de personajes pictóricos idolatrados- que, en una tensión que desvelan en la mirada, en las manchas, en los suspiros, quieren volver al ser que tuvieron y nunca recuperarán.
Son como protagonistas que nos ofrecen, en su desfiguración repleta de rasgos y matices, la confidencia de unos pecados presentes y pasados que los han conducido a su propio infierno. ¿O es el del autor? Y si son testimonio ¿De qué? ¿De la belleza de la lepra quizás? ¿O de la felicidad de encontrarse en un lazareto convertido en museo, capaz de albergar muestras de adulterios inusitados y presencias nauseabundas guiñándote un ojo, proponiéndote un vis a vis o lamerte la mirada?
El observador llega a la sensación, en último término, de que lo que contempla es su esencia propia corporeizada, aunque después lo considerará un descuido o un momento de distracción. ¿Mas no llevamos en nuestras retinas, al final, la auténtica verdad?

Corre la sangre, corre
Con fatal avidez.
A ciegas acumulo
Destino: quiero ser.
(Jorge Guillén).

EUGENIO MERINO (1975) / AGACHADO, DE RODILLAS Y ERECTO

Entre el New Museum del Bowery, de Nueva York, y el nuevo Museo del Palais de Tpkyo, de París, entre la Feria de Arte Contemporáneo de Basilea y la de Miami, se trata de quién va a ir más lejos en la instalación efímera de desperdicios, de inmundicias, de abyecciones, de fotografías escatológicas y criminológicas, todas vías negativas y deprimentes que pretenden abrir la puerta a un concepto de lo sagrado cuyo secreto sería el arte el único en poseer, pero del que sólo la clientela millonaria de los nuevos ricos de la nueva economía global posee los medios, así como el gusto, de permitirse el lujo de su celosa y caprichosa posesión (Marc Fumaroli).
De acuerdo con lo citado anteriormente, el mensaje artístico del español MERINO se haría humo, ni siquiera quedaría la contradicción que, cantando bajo la luna, se dispararía y todos sus recursos dramáticos se limitarían a una comedia bufa de quitar mucho y poner poco.
No obstante, la percepción está equivocada en su enunciación -¿es una realidad histórica la que se plasma en términos de resituar la esfera de la estética?-, pues el problema es de lo que se configura: una farsa, una mascarada, tan hiperbólica como las letanías metafóricas ideológicas que pretende cuestionar.

Es verdad que lo contemporáneo conjuga casi en su totalidad con el controvertir, lo absorbe por completo, pero no podemos olvidar que el objeto y su valor estético no tienen motivos para degradarse . El ir tan lejos conlleva el riesgo de que el significado, después de devorar el significante, quede arruinado, tenga que pedir un préstamo y no se lo concedan. Estamos en crisis, le recuerdan.

No cabe duda que el artista ha hecho un gran esfuerzo para que su obra sea una simbiosis del sentir y el entender. Ese sentir que despierta, aviva y es fuego reanimado por el entender (María Zambrano). Y reúne las características físicas de una historieta, cómic o tebeo que entre lo que son y manifiestan se hacen poseedores de símbolos configurados para comuniones, bautizos o museos de urnas plastificadas. Todo cabe, entra y penetra.

Que la audacia algunas veces tiene premio no es argumento para una discusión aceptable. Sí lo será cuando sea un clamor de esperanza o una resurrección de los vivos además de los muertos.

Quiero saber dónde vivo.
¿Hay tantas sombras,
tantas telarañas
y tantos fantasmas aquí, dentro!
Tú eres la Poesía, la Verdad y la Luz.
¿No es así?
(León Felipe)

ENRIQUE MARTY (1969) / ¿CUÁNDO DEJARÁN DE CONTAMINARSE LOS ESPACIOS?

El espacio ha nacido para llenarlo, convertirlo en una infectada colonia de lo que, como espectadores, más nos provoca inhibición. Y es que el suelo ha de descargarse, implorando que la situación significante, en la que estamos inmersos cuando nos adentramos en el cosmos del español MARTY, no nos dé tiempo para pensar, sólo para actuar.
Entonces pareceremos fanáticos sin avisar, sin haber ponderado el culo del mundo y su significación, la estructura biomórfica y su estreno en pantalla grande y con el éxtasis a medida.
A nuestro alrededor, lo que no dejamos de observar, se mueve la realización de un conjuro a modo de palinodia y en la confusión que nos hacemos detallamos la atmósfera de cada ambiente, la dramaturgia o la comedia del acontecimiento y las secuencias que jalonan cada suceso.
Los hechos quedan registrados y a la vista, y las circunstancias se valoran entre momento y momento -los símbolos piden en tanto quedan, y preguntan con su respuesta- de cada tiempo, el que todavía hay en tanto la luz siga encendida.

Clámide, vestimentas carcas en vitrinas,
dorados triunfos con muertos y fonógrafos en sus religiones,
aguan sin cesar, parpadeante, ebria espuma limpia,
el espejo, tanto orgullo de guerras innecesarias,
como polvorín sin roca, armas sin percutor,
guadañas sin hierba y oveja en la más limpia que hay en mi campo,
fotografía de un instante, recuerdo de un pasado.
(José Luis Álvarez Vélez).

JAN FABRE (1958) / EN BÚSQUEDA Y CAPTURA

He de manifestar que mis intervenciones en este blog están basadas en las palabras de J.F.Yvars, referentes a que le parecía razonable que quien fuese capaz de argumentar con sentido, estimulado por una obra de arte -de anteayer o de hoy-, lo haga, al margen del registro en el escalafón intelectual que se le conceda.
Por eso, hasta ahora creo haber alegado con avales significativos, aunque haya sido habitual que en la consideración de la obra de arte haya confundido las causas con los resultados, los fines con los procedimientos (J.M.Moreno Galván).
Pero en el caso del belga FABRE no puede quedarse uno al resguardo, porque la función va de desfile y gala hasta que todo el aparato escénico encaje en la sobreactuación buscada.
Indudablemente no podemos negar su impacto, las extrañas sensaciones que causan su mercadería, las emociones tan dispares en el encuentro con las víctimas, los corolarios sin traumas que despiertan.
Estamos ante unas demostraciones mayúsculas de fervor inusitado, ante las cuales cambiamos el misal por su visión, sin intercesiones que chafen el mirar sin párpados, con los ojos desorbitados y a punto de dictar sentencia.
Pues si es cierto que la contemplación queda agitada por estas apariciones de suburbio, también es apreciable que las connotaciones se instalen anexas en nuestra amalgama óptica, con lo que podemos tomar y prescindir, renovar y reprimir, hallar y desandar. Es cuestión de elecciones y medidas, sugestiones y conjugaciones del yo. Ni se nos ocurra el ojo por ojo, porque el final será el de un ciego.

Partiendo los caminos en senderos,
tu carreta tiene tránsito en calles angostadas,
edificios vetustos, canastos negros, asfixia de motor,
ausencia,
rincones dormidos de limpieza, asaltos, camas de hierro,
tumbona de madera, hierro, madera, arquitectura,
semblante moderno de flecha afectiva.
(José Luis Álvarez Vélez).

ALLORA&CALZADILLA (1974/1971) / ¡AL ATAQUE!

Oigamos la amonestación de Nicholas Serota:
“No hay razón para negar que la basura o incluso la boñiga de elefante (o la de vaca si es por eso) puedan servir al artista contemporáneo para realizar arte grande”. Fumaroli le contesta con eso de que actualmente únicamente se exhiben -la acción más honda sobre el público- horribles juguetes y gadgets mecanizados.
Los estadounidenses, aunque de origen cubano, ALLORA & CALZADILLA entienden el fenómeno como les sale, pues sus despliegues, demostraciones y maniobras no solo buscan los resortes conceptuales de un mundo intransigente, ni los valores del reverso o que se exponen como más auténticos boca abajo, sino que además de todo eso plantean lo que María Zambrano llamaba la ley de la corporeidad.
Ley que ordena la corporeización de todo y de la palabra ante todo, pero también de la masa, el objeto, el mecanismo, la materia, la sustancia. La muestra es la raíz que implica la manipulación, el trajinar, el bregar con lo que ha de percibirse y ha de ser efectivo, asombroso, incisivo, dotando a la mirada de la hipótesis y la reflexión.
Al final nos cabe preguntar ¿no es muy incómodo sentarse en lomo de un hipopótamo, aunque sea inofensivo, soñar en una gruta, que nunca será la caverna de Platón, o disparar un tanque boca abajo?

Que venga el poeta.
Y me trajisteis aquí para contar las estrellas,
para bañarme en el río y para hacer dibujos en la arena.
Éste era el contrato.

Y ahora me habéis puesto a construir cepos y candados,
a cargar un fusil y a escribir en la oficina de un juzgado.

Me trajisteis aquí para cantar en unas bodas
y me habéis puesto a llorar junto a una fosa.
(León Felipe).

PINO PASCALI (1935-1968) / DESVENTURAS

Seguramente que cuando emprendió su aventura artística el italiano PASCALI nunca pensó que moriría abandonado y desatendido -lo más probable es que fuese confundido con un mendigo- a la puerta de un hospital. Sin embargo, el infortunio cayó sobre él como sobre esos cetáceos que han dejado su cola como claro y centelleante signo de su muerte.
Sus instalaciones son las de un creador abrumado por el fragor de su entorno, con la desdicha que emana de él, de esa disecación destructiva a la que nos entregamos, creyendo devorar lo que después experimentamos como el legado de un vacío.
Un armamento cual juguete que no mata aunque es la percepción del exterminio, un canto guerrero que se satisface si el fusil fusila, si la bomba explota y si la bala impacta.
Proyecciones en forma de pabellones para sensibilidades de bajo consumo, ahorradoras, tanteando la vanguardia sin perder de vista la retaguardia, que observan confidencias sin desviar la compostura.

Polvo es el aire
polvo de carbón apagado….
Y el mercado y el gobernante
pregonando sonrisas
para esconder la sombra
y la miseria.
(León Felipe).