Mes: octubre 2011

ROBERTO CRIPPA (1921-1972) / OVILLOS ESPACIALES

Aquí tenemos a otro de los grandes de la plástica italiana, CRIPPA, perteneciente al espacialismo, y que empezó a desenredar en una estratosfera inviolable un argumento visual con el entralazado vigoroso de unas hebras galvanizadas.
Como el espacio es sinónimo de aventura y de exploración, lo genuino es sondear su origen y naturaleza, facilitar su estructura, formalizar su lenguaje. Y encontrar su perfil, ese diseño de una perspectiva que como espectadores nos sitúe en la forma encomendada a su escenificación de fondo.
La verdad es que nos atrae, que seguimos sus impulsos, que brota en nuestras miradas el aroma de esas fragancias cromáticas, que nos intrigan esos hilos que desencadenan todo un aparato óptico que funda una entera constelación hipnótica.
Y con ello probablemente nos hemos dado cuenta de que la abstracción obedece a las leyes fundamentales de la pintura de todos los tiempos.

Desnudo, tu vegetal nobleza
Es intercalar cola y “gesso”, es preparación,
Al enfrentarnos rompiendo
El vértigo del plano blanco,
Esa idea subyacente, esa magia.
(José Luis Álvarez Vélez).

JAROSLAV SOSSOUNTZOV SERPAN (1922-1976) / SUCESOS IMPREVISTOS

La dramaturgia ya no es tan importante, lo esencial es que “el drama del cuadro empiece una ventura desconocida en un espacio desconocido” (Rothko). Y que se convierta en una obra de arte basada en la duda (Asger Jorn).
Al francés SERPAN la duda le sirve para ir configurando un tejido celular, plástico que flota cual si fuese un mar de sargazos, del que no se avizora núcleo, pues toda esa masa es una sinfonía que se compenetra, que se desvive por perfilarse en cada trazo, en cada haz nervioso que compone su estructura.
No es una escritura mecánica, no se formula conforme a ese esquema operativo, sino que es la apropiación de un estilo, una forma en que un lenguaje se precisa para existir y tener un ser visual.
La transmutación es su definición, las equivalencias de sus texturas y engranajes, lo que transmite a la mirada bajo la advocación de la raíz hallada. Ante la marca de esos dominios, palpamos la densidad de las huellas, de las ramificaciones, de la plasmación de unos valores táctiles que no dejan de agrandarse. Lo que se contempla es lo que queda y lo que nos entierra.

El mundo se inclina a su muerte.
Hasta el silencio está roído
Por algún fantasma de ruido
Que en sordo abuso lo convierte.
(Jorge Guillén).

TOMÁS SARACENO (1973) / NO PUEDO VIVIR SIN UNA CÚPULA DE TESTIGO

Las bóvedas se hartaron de tanto tedio y se transformaron, ahora parten de un lenguaje transparente vertebrado con filamentos que forman telarañas, globos, urdimbres aladas, techumbres o cielos vegetales y artificiales.
Es como si fuesen una emanación de nuestro vivir y caminar, y gravitasen en oleadas unidas, ensambladas, articuladas como organismos virtuales que te amparan y sumergen.
Con estas atribuciones de demiurgo, el argentino SARACENO ha maquinado una conspiración visual, cuya intriga radica en sus tramas, texturas, mallas y en sus confabulaciones místicas y metafísicas.
Gracias a esos elementos físicos tan mágicamente estructurados y seleccionados se descubre su predestinación onírica, de juego de sueños y realidades, de quimeras y sentidos enhebrados, en definitiva, del desarrollo de una voz que exprese lo todavía no encarnado.

¿Destino? No hay destino
Cifrado en claves sabias.
(Jorge Guillén).

RUFINO DE MINGO (1953) / NO ENCUENTRO LA SALIDA

No se pinta -ni esculpe- como se quiere, se trata de querer la pintura -y la escultura- que le es posible a uno y a su época (Bazaine).
Por consiguiente, certezas no hay ni tienen precio, las dudas sí. Como todo lo que es fe, la esperanza se muerde la cola. Y en el español DE MINGO, más todavía. Su obra desencadena referencias entre lo primitivo, lo simbólico y lo gestual, resultado de muchas condiciones, siendo una de ellas esa indagación escultórica que se ve asaltada por un desenfreno pictórico.
Claro que es mejor que la entraña plástica gravite entre lo estático y lo dinámico, lo que hay de icono transgresor, escéptico y sarcástico, y lo expresionista de una formulación que utiliza lo cromático con el fin de que el hecho sea más puro en el despertar solitario de la mirada.
No es un trabajo, aunque incluso abarque unas realizaciones murales, que encaje en un modo sino que desmonta fisonomías ataviadas, restituye velos y alarga la matriz del quehacer.
Es lo que le ha sido y le es posible hacer, consciente de su época, su entorno y la madurez de su capacidad y habilidad artísticas y confabuladoras.

Oíd: un hombre al habla.
Manifiesto el espíritu,
Es el habla común:
Amorosa invasión de claridad.
(Jorge Guillén).

JEFFREY GIBSON (1972) / SE ACABARON LOS ESPANTOS

Son infinitos espacios, trashumantes, investidos de gracia, reproduciéndose hasta el amanecer del mito. Ni respuestas ni preguntas, la alquimia más absoluta, porque en el momento en que el arte deja de ser puramente mágico, de ser un rito, cesa su fusión social inmediata (Bazaine).
Mientras sigan y no cejen, la mirada detalla los laberintos cromáticos donde pueda hallarse su emoción por lo óptico y la angustia de no encontrarlo. Cada espectador tenemos en cada instante una, que nos impide ser víctimas del tedio, en tanto en cuanto la contemplación esté asegurada.
Para el norteamericano cheroki GIBSON las manifestaciones del arte se han producido en orden a facilitarle la aspersión coloreada de lo que planetariamente es una visión confusa -¿cuál no lo es?- sobre conjeturas, resplandores y reflejos.
Él ha impuesto este atisbo sin restarle fulgor, otra dimensión sin quitarle vislumbre, al contrario, acentuando los significados más lumínicos, las órbitas más centelleantes.
Dentro de ese marco convergen y se confunden los espasmos, los tránsitos, las áreas, los rumbos y las intensidades de un hacer que cruza los caminos para hacerles su radiografía.

Bien observados son palimpsestos que borran lo imborrable, que conservan huellas pictóricas a punto de abrasarse a pesar de lo álgido de su instinto por la vida.

Gozo determinándome
Preciso ante un confín
De criatura alada
Sobres su propia cima: criatura
De las generaciones.
(Jorge Guillén).

GONZALO PUCH (1950) / VISITAS SIN CITA PREVIA

Cuando se señaló que Duchamp había democratizado (y socializado) el objeto artístico, en el sentido de que todo objeto tiene el mismo derecho a formar parte de un museo o de una galería de arte, no se había podido sospechar la repercusión que llegaría a alcanzar. Hoy lo estamos conociendo y valorando, aunque tampoco sabemos pronosticar el momento de su declive o su transformación, esto último la ecuación más probable.
Pero el español PUCH, fotógrafo y experimentador de innovadores ingenios y mecanismos visuales, trata de que esos artificios intuidos sean atmósferas y espacios articulados que funcionen como un engranaje de vastas configuraciones telúricas y ambientales.
No sólo trabaja con todo tipo de materiales, sino que sabe obtener las texturas que se concentran en ellos, unificando sus modos con procesos que abarcan el compendio y la definición de un todo en lo expuesto.
Por eso, la plástica del mensaje final, acabado, conserva un halo mágico, la esencia de un fenómeno que reúne lo excepcional de la luz, de lo físico, de la conmoción que fluye ante nuestra mirada con una delicada parsimonia, como una procesión cuya única rogativa sea el mundo y su reivindicación.

Con la pesadez de todo mi vivir,
Los ojos espesos, descanso en lo bello,
Divisaba clamando un ciprés serio con forma de flecha.

Las paredes pedregosas carcomidas por su existencia,
Se visten con ropaje blanco, forjado en tu farol
Con tiestos en el alféizar.

(José Luis Álvarez Vélez).

MIRKO SEVIC SEVIC (1954) / NO ME SIRVEN LAS DUDAS

No hay motivos que puedan cohibirme. Y no los puede haber si mantengo, tal y como se recoge en el Manifiesto del Grupo Experimental holandés de 1948, que una pintura no es una estructura de colores, sino un animal, una noche, un grito, un hombre o todo a la vez.
En ese caso, el bosnio SEVIC es un fiel reflejo y así lo entiende. De no hacerlo, ese pathos de fatalidad que ha sido la desgracia de su tierra no se encarnaría en esas figuras patéticas, exánimes, en esos crucificados con la carne corroída que han perdido el rostro.
El barroco de su dibujo traza itinerarios mórbidos, depauperados, sombríos, que alimentan el claroscuro, y fagocitando una naturaleza que no se priva de señalarnos, de marcarnos lo que tiene de más cruel la falta de absoluto.
No nos ha dejado otras salidas ni otras conmiseraciones. ¿Para qué servirían? Que la mirada rechace o se reconozca, no tiene cabida el esconderse en un detalle o evadirse a través de una inquina.
Quizás también haya un arrebato efectista, fundamentado en un caudal técnico que se recrea en su propia exaltación. O es posible que sea un encono plástico harto de presenciar y visualizar traiciones. Caben todas las alternativas, si bien la respuesta está dada y ya consolidada.

El lamento del sonido
Llama al sentimiento
De auxilio a ti
En consecutivas ráfagas de luz,
Bajo la confusión.

Con voz de trueno,
En los espacios del tiempo
Un amor que imanta sueños
Y desvela sentencias.

Está desbaratado el mundo,
Y con el siglo ardiendo
Siento que te deseo conmigo.

Es mi ánimo vivo y no estoy muerto.
(José Luis Álvarez Vélez).