BERLINDE DE BRUYCKERE (1964) / ¿EN QUÉ HEMOS PECADO?

San Bernardo anatemiza:
“¿Qué hacen esos monstruos ridículos, esas horribles bellezas y esos hermosos horrores? De buena gana pasamos más tiempo mirando esas extrañezas que meditando sobre la ley divina”. Y la humana, añado. Pero ¿no es eso el arte contemporáneo?
Y el Veronés se defiende ante el Santo Oficio declarando:
“Nosotros, los pintores, nos tomamos esas licencias que se toman los poetas y los locos”.
Ahora es Valeriano Bozal el que interviene:
“Dar rienda suelta al monstruo era dejar libre la verdad oculta”. Y tan oculta, agrego, que cuando alcanzo a verla me doy la vuelta.
Entonces el filósofo Bacon apostilla:
” La naturaleza es una vulgar ramera, cuya furia puede contenerse, moldearse y dominarse para extender los límites de nuestro poder hasta que consigamos hacer cualquier cosa posible”.
Por consiguiente, estamos ante un debate: el de si estas mutaciones o evoluciones morfológicas de la belga DE BRUYCKERE son fruto de la soledad, del dolor o la muerte, configuradas desde la solvencia de unos patrones estéticos, o responden a la actitud del todo vale mientras el resultado llame la atención. Bien es verdad que lo que formulamos como estética o nueva estética siempre está a la búsqueda de posibilidades inesperadas y pautas emergentes.

Balzac:
“Una mujer con la que uno se acuesta, es una novela que no se escribe”.

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