MEYER VAISMAN (1960) / LOS DESTINOS FUERON SEÑALADOS

Hay que convencerse de que los discursos en el arte han de ser inéditos. Podrán o no franquearse pero consiguen atenerse a unos prolegómenos y contextos que hablan de la penetración de juegos adivinatorios.
En tanto que galimatías visionarios, desafíos, apuestan y retozan. En tanto que jeroglíficos, desestructuran acción y pensamiento, intuición y reflexión. Son signos que no abandonan el vínculo con la naturaleza, aunque la echen abajo con un petardo en su inmaculado trasero, la inviertan o la perviertan, para eso existe y se ha hecho.
El venezolano VAISMAN postula con su obra un principio que no empieza y un final que no termina, todo es un continuo presente que cabalga con parsimonias zoofórmicas, disfrutes vertiginosos y coñas calibradas.

Las expectativas visuales no se ven defraudadas hasta que se inicia el momento de la recolección y la siega. A partir de ahí, se pone en duda lo visible y lo invisible, lo hallado y lo destruido, el tiempo de mirar y el tiempo de acabar confiando en lo visto.

Hombres hay que destrozan en barullo
Tristísimo su voz y sus entrañas.
Sin embargo, ¿no escuchas el arrullo
Reparador del aire entre las cañas?
(Jorge Guillén).

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