JEFFREY GIBSON (1972) / SE ACABARON LOS ESPANTOS

Son infinitos espacios, trashumantes, investidos de gracia, reproduciéndose hasta el amanecer del mito. Ni respuestas ni preguntas, la alquimia más absoluta, porque en el momento en que el arte deja de ser puramente mágico, de ser un rito, cesa su fusión social inmediata (Bazaine).
Mientras sigan y no cejen, la mirada detalla los laberintos cromáticos donde pueda hallarse su emoción por lo óptico y la angustia de no encontrarlo. Cada espectador tenemos en cada instante una, que nos impide ser víctimas del tedio, en tanto en cuanto la contemplación esté asegurada.
Para el norteamericano cheroki GIBSON las manifestaciones del arte se han producido en orden a facilitarle la aspersión coloreada de lo que planetariamente es una visión confusa -¿cuál no lo es?- sobre conjeturas, resplandores y reflejos.
Él ha impuesto este atisbo sin restarle fulgor, otra dimensión sin quitarle vislumbre, al contrario, acentuando los significados más lumínicos, las órbitas más centelleantes.
Dentro de ese marco convergen y se confunden los espasmos, los tránsitos, las áreas, los rumbos y las intensidades de un hacer que cruza los caminos para hacerles su radiografía.

Bien observados son palimpsestos que borran lo imborrable, que conservan huellas pictóricas a punto de abrasarse a pesar de lo álgido de su instinto por la vida.

Gozo determinándome
Preciso ante un confín
De criatura alada
Sobres su propia cima: criatura
De las generaciones.
(Jorge Guillén).

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