TOMÁS SARACENO (1973) / NO PUEDO VIVIR SIN UNA CÚPULA DE TESTIGO

Las bóvedas se hartaron de tanto tedio y se transformaron, ahora parten de un lenguaje transparente vertebrado con filamentos que forman telarañas, globos, urdimbres aladas, techumbres o cielos vegetales y artificiales.
Es como si fuesen una emanación de nuestro vivir y caminar, y gravitasen en oleadas unidas, ensambladas, articuladas como organismos virtuales que te amparan y sumergen.
Con estas atribuciones de demiurgo, el argentino SARACENO ha maquinado una conspiración visual, cuya intriga radica en sus tramas, texturas, mallas y en sus confabulaciones místicas y metafísicas.
Gracias a esos elementos físicos tan mágicamente estructurados y seleccionados se descubre su predestinación onírica, de juego de sueños y realidades, de quimeras y sentidos enhebrados, en definitiva, del desarrollo de una voz que exprese lo todavía no encarnado.

¿Destino? No hay destino
Cifrado en claves sabias.
(Jorge Guillén).

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