Mes: noviembre 2011

JAMES GUITET (1925-2010) / ME HICE DESPACIO

No estoy de acuerdo con Baudrillard cuando escribe que, por lo general, la pintura no desea exactamente ser mirada, sino absorbida visualmente, y circular sin dejar rastro. No es posible que los vestigios, o esas señales que construyen nuestra identidad creadora, puedan desaparecer, es posible que sea todo lo contrario, ellos quedarán y serán el código de vida y de pasión que existió.
El francés GUITET es otro de los que en su quehacer deja patente que en una superficie, a pesar de todo, pueden pasar cosas, caben acontecimientos azarosos, geométricos y poéticos.
Por eso se ha dicho, y esta obra lo demuestra, que la pintura es una expansión irregular, cuyo principio o clave hermenéutica se ha perdido y cuya ley es informulable. Un territorio de huellas sin más.
En ella no hay fórmula posible cuando la jurisdicción cromática va ganando terreno, se estratifica, suma y sigue tonalizando el dominio conquistado. Dentro de esas ramificaciones, el fluir es poderoso o sutil, bordea o arroya, forma catarata o se embalsa en capas.
Es una sintonía lúdica y óptica que además de formar su armazón, transmite el fondo fenoménico de su luz y su concepción de la misma en diálogo con el receptor. Son confesiones que hacen un decálogo.

Si trasteando la cuerda me da sonido,
Deseo que este eco diga te amo.
Mi mano te sujeta el vientre,
Eres entraña en mundos errantes.
(José Luis Álvarez Vélez).

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PEDRO S. MORILLO (1947) / LABERINTO EN QUE CADA UNO MARCA SU COLOR

Laberintos caóticos que explotan cuando los trenzados cromáticos señalan la imposibilidad de lo posible. Comienzan como manchas que quieren desviarse del fraude, arman sus rutas, chocan en sus itinerarios, y como los pensamientos ya han quedado fuera del desorden, hay que confiar en la culminación. Y se produce.
Vivir y mirar son dos experiencias equivalentes, lo sensorial lo que ha tenido lugar, y no importa la incertidumbre pues la pintura no sería si ella no la decantase y la infiltrase.
Sin embargo, a la mirada le place concitar la seguridad visual, no siguiendo rastros, y cuando se da paso a un cambio de registros la densidad se aplaca, adquiere la mansedumbre de otra tonalidad, de otra concepción de superficie, de un diferente entramado casi inscrito en la piedra, dejando huellas configuradas de mariposas, vasijas, etc. Entonces lo circular es fruto de ríos, riberas, praderas, hasta bosques.
Si la pintura no es otra cosa que una revelación súbita de una realidad distinta (De Chirico), el español MORILLO juega con nuestra percepción, convence, en su obra, a la observación para que se pose sobre la andadura pictórica como un destino del que participar llevando de compañera a esa pequeña bestia esculpida que ha empezado a caminar a nuestro lado.

En relámpagos se rasgan
Los cielos hasta esos fondos
Tan vacíos que iluminan
Los cárdenos dolorosos.
(Jorge Guillén).

FELIPE ALARCÓN ECHENIQUE (1966) / DENTRO DE MÍ SE MULTIPLICAN LOS SONES

Y traigo de retorno al hispano-cubano ALARCÓN ECHENIQUE porque a partir del 15 de noviembre podemos ver su obra en la galería de la Asociación de Veteranos de Iberia, en C/Fuencarral, 101, 1º, de Madrid.
En el trabajo de este artista la indigencia conceptual no tiene cabida, huye de ella como de la peste y con razón. Atina con lo que puede mirarse, con lo habitado dentro de una superficie, que aparece como nunca antes había aparecido.
Si el dibujo maravillado consigna hechos pictóricos es porque están ahí, en presente y con la luz de la quimera encendida. La misma que ilumina retazos, fragmentos, cavidades donde se hospedan personajes, construcciones, objetos, referencias, mitos, etc., hasta constituir un microcosmos que establece, con sus yuxtaposiciones, su propia jerarquía.
Plasmas que se ofrecen a la mirada como secuencias vivenciales de una evolución plástica e histórica, como un compendio rico en misterios y alegorías. Y nada de permitir descansos, la iluminación se apagaría y los fantasmas familiares quedarían desdibujados. FELIPE, al igual que Kant, quiere el fin y quiere los medios, y éstos alcanzan la multiplicidad de procedimientos, juegos y soluciones que la obra requiere para que su legimitidad sea total.
No pueden perdérsela, han de confiar en que las menguas no son parte de la misma, al revés, es la fusión de tramas que explicitan la alquimia del autor.

C/Fuencarral, 101, 1º, de Madrid.

NORBERT KRICKE (1922-1984) / IGNICIONES

Lo aéreo ha tratado de ser más que nunca una espiral de trascendencia o un rumbo de exploración concomitante con la innovación, no ha dejarse de indagar sobre su posible estructura y composición si no se quiere perder oportunidades de trabajar en aspectos revelatorios y fecundos.
De ese principio seguramente ha partido el alemán KRICKE para conformar esas enseñas de viento, que cruzan el espacio en horizontal y vertical, dinamizan lo volátil y lo hacen símbolo y condición alegórica.
Los filamentos, auténticos conductores de una realidad abstracta pero que introduce una emoción concreta, ya sean rígidos o flexibles, son su propio eje, que se hace invisible ante unas diagonales que establecen una escritura futurista, sancionadora de que lo primario es la forma que se autogenera.
Los fenómenos naturales han encontrado eco en estas construcciones que se elevan constituyendo una génesis difusora, una ósmosis propagadora, otro modo de encontrar un espejo.

Suscitada está la mirada, por consiguiente,
Y el adalid escultórico que la guíe.

Esa raíz que levanta tierras
Y manda formaciones,
Está presente en las estaciones
Con traje de hojas
Batidas por el ruido del cambio climático.
(José Luis Álvarez Vélez).

DAVID SMITH (1906-1965) / SÉ USARLO Y TRANSFORMARLO

Malraux sancionaba lo que era arte diciendo que era aquello gracias a lo cual las formas se convierten en estilo.
En tal sentido habría entonces que referenciar la obra del norteamericano SMITH, pues lo que anima a su voluntad creadora es esa suprarrealidad de la que es fedataria toda realización que quiera ser auténtica.
Porque esa multiplicidad en material, recursos, innovaciones, formas sería inútil si esa determinación y constancia no agarrase en la visión y tuviese una definitiva consumación.
Por eso, lo geométrico, lo aéreo, lo dibujado como una muesca en el espacio adquiere su configuración plástica, esa dimensión que se pacta entre la experiencia y el sentido intuitivo de lo que ha de ocupar un ámbito concreto.
Bien es verdad, también, que el marco productivo ha de estar basado, catapultado entre el ser y el saber, que el imaginario ha de poblarse de una ensoñación que busque una naturaleza que le dé sitio para expandirse y recrearse además de confesarse. Y que el resultado final sea “la obra de arte que cuenta, no esas exhibiciones que tanto hoy en día abundan” (Marcuse).

Ídolos en sus nichos
Esperan un espacio
Más libre.
(Jorge Guillén).

HENRI ETIENNE-MARTIN (1913-1995) / HAY QUE ENCONTRAR LO QUE FALTA

Todos los artistas han entendido aquella afirmación de Schiller de que sólo mediante la forma es como se puede actuar sobre el hombre como totalidad. Y porque esa forma convertida en arte es lo que dilata nuestra percepción (Bergson).
Por tanto, el francés ETIENNE-MARTIN no sólo no lo desmiente sino que lo confirma acentuando y horadando los volúmenes, grabando y labrando tal que un artífice indígena, hasta que el registro de sus introspecciones y fantasías queden finalmente plasmadas.
Sea como sea, los pedazos se sellan después de encajarlos y en ocasiones pintarlos. No se desgarran por aquello que permanece en silencio, al contrario frenan y reparan lo que intentó separarse.
Por donde se miren esas piezas, el aire antropomorfista está presente, es una señal que toma forma, llega a corporeizarse en un camino irreversible que hace referencia a nuestra esencia, a lo que tiene de mito como de sustancia.

Se precipitan hacia su destino
Tumultos de un alud que arrolla y crea.
He aquí un desenlace. Sobrevino, carnal, este
Fervor que exige idea.
(Jorge Guillén).