Mes: diciembre 2011

DANIEL Y JOSÉ LUIS / ¿CÓMO DEFINIRLOS?

Dejemos que se diga que la pintura es el medio de representación idóneo para compendiar un cúmulo importante de factores conceptuales y factuales.
Dejemos que a fuerza de sacramento y solemnidad la tragedia del destino parezca, aunque sea falso, irrecusable.
Dejemos que se piense que es la transitoridad lo que eleva al dominio estético, cuya exploración está atestada de cementerios con tumbas en trance de evasión.
DANIEL y JOSÉ LUIS son agua plástica que baña, expía, salva, atisba, apuesta y especula. Ellos hacen del mirar un comienzo y un estreno.
Seguramente habrán estado paseando a media luna en un Malecón vacío y necesitado de azúcar.

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CÉSAR MONTAÑA (1928-2000) / LOS VÍNCULOS DE LA FUERZA

El arte es lo que no hay pero que quiere ser, la respuesta al hombre y su destino, las preguntas que en cada momento se hacen y que no tienen salidas para eludirse.
Y aunque las cuestiones estén bien formuladas, la intuición ligada a los recursos plásticos y técnicos van más allá de la capacidad de contestarlas someramente.
En el caso del asturiano MONTAÑA, es la fuerza neta la que depura el argumento hasta dejarlo con el bulbo seco pero no castrado. Y enarbolando una realidad, sea o no simbólica, la hace condición inexorable, determinante y cardinal de su obra.
Si el vigor de la misma es tal es porque no escapa, está para adentrarnos en su solidez, potencia y energía, en su capacidad para elevar, sujetar, armonizar y devolver al mundo su intensidad y fortaleza.

¡Si sólo fuese en mi rostro
Donde me trabaja el viento!

RAÚL EBERHARD (1955) / LLEGADAS Y SALIDAS

En distintos artistas abstractos aparece la idea de que es preciso llegar a la energía primera de la que surgen las formas, la ausencia como una clase de narración, recordando el sentimiento místico del vacío, en el que se hace positiva la experiencia de la soledad.
El chileno EBERHARD, en su pintura, ofrece esa meditación y otras que se significan como interiores de diálogos indecisos, porque esa incertidumbre gana en su abstracción su fuente de continua luz en flujo intermitente.
En el tratamiento cromático abordado se espesa la duda y hasta la angustia de no llegar, de salir sin esa fisonomía embrionaria que aglutine formaciones del sentimiento y la emoción.
Respecto a la estatuaria hay otras simuladas referencias, las que cabalgan desde antaño pero descubren que la fusión les otorga una nueva condición hogaño. Son poderosas y no temen perder ante el espectador su valor de ídolo, su carácter de fuerza y volumen acabados y misteriosos exhibiendo sobre la piel los colores del cielo.

Todos dormimos,
menos aquellos
cuya vigilia
es nuestro peligro
(Fernando Ortiz).

JAVIER ARCE (1973) / UN COMPLOT DE ARRUGAS

Despertaba el día y la lisura era un patrón de predominio en los callejones más angostos. Después, al transcurrir la mañana, la lucha eterna para salvar la sangre sumaba una arruga tras otra en la faz de Goya, en las paredes de Madrid, en las almas de los caídos.
El fulgor níveo quedaba tallado en cada pliegue. Y en medio de todos ellos aparecen sombras, las figuras más accesibles a la experiencia (Jung), las que encarnan una realidad, rostros desconocidos, cuya esencia permanece inalterable. Es la ofrenda goyesca en la configuración que el español ARCE hace de ella en un marco escenográfico en el que realiza la confluencia de la luz, la negrura, el sentido visionario, el perímetro acorralado, el paso del tiempo, la muerte y el sueño de la razón.
No es una propuesta de maquillaje, ni siquiera de especulación, sobre la magnitud de otra obra, sino la desembocadura de una relación entre representación y culminación de una práctica que conjuga la optimización y el pensamiento de la mirada. Es ese el contexto, asegura, por el que tú mismo, observador, has de hacer de vehículo dentro de él, enraizándote y sondeando la verosimilitud del mensaje, la interacción de su planteamiento plástico y la singularidad de su construcción.

En este jueves décimo y tranquilo
del clarísimo mes, descubres
nuevas señales y prodigios nuevos
de la humedad en la pared.

Que ya no son fiestas ni son misterios
sino materia de estupor:
el joven ama el ruido de la muerte
pero el viejo teme su olor.
(Eliseo Diego).

ZAIDA DEL RÍO (1954) / DE PUNTILLAS BESARÍA ESTA NUBE

Lo contrario de enloquecer ante esas mamparas intrincadas de paraísos barrocos, modernistas, que constituyen la obra de la cubana ZAIDA, es permitir que tus ecos ópticos reposen en esas densidades cromáticas iluminadas y engalanadas.
Cuando entonces la seducción plástica empieza a asomarse, tu percepción es un fulgor diluido que ha cavado hondo en la sensualidad de una mirada despistada por no encontrar lamentos.
Sobre esta carnalidad y voluptuosidad meditan las visiones que pecan gozosamente, y que al contemplar estas adulteraciones del espacio-tiempo, también se amanceban con la semblanza fiel de una pintura que ha creado de la nube en tránsito de gloria realidad y hecho. No hay más súplica que llegar allí y encerrarse en ello.
Para no incidir más en este repaso, observemos la magnitud y maestría del don, la factura de su sublimación y dejemos que continúe el ardor de la pasión.

Feroz, feroz la vida
Tras su esperanza siempre.
(Jorge Guillén).

JUAN JOSÉ VERA (1926) / ¿QUÉ TENGO QUE ENTENDER?

Viendo esta obra empezaremos a flirtear con muchas cualidades de lo palmario introspectivo. Aunque no nos vaya eso de que en el arte moderno o contemporáneo entender el concepto es lo fundamental, es más importante una abstracción sentimental por la que el sentir está en la misma onda que el pensar.
En esta propuesta plástica del español VERA, del Grupo Zaragoza, da lo mismo, repito, que hablemos de una promiscuidad referencial, alusiva y vital de lo coetáneo, lo esencial es la impronta tenaz de un algoritmo que solventa eficazmente la voluptuosidad de una pintura que mientras juega, se reinventa y crece, hasta se divierte.
Y en ello está la apuesta, pues ya los engranajes recreativos se hacen método y conjura, aunque manifiesten una verdad que no es tan ciega como para irse despidiendo sin la alegría del esparcimiento.
La coyuntura creativa felizmente acabada se hace eco en los signos que filtra la mirada del espectador, que también se convierte en autor, y da lugar a una construcción cromática que toma la dirección de la síntesis del hecho, confiando su rumbo a esa forma de ser.

Pero vamos entonces siempre, vamos entonces
siempre
a conversar un poco en las extrañas islas
de la noche
a la orilla más pura de la calma.
(Eliseo Diego).

RENÉ PORTOCARRERO (1912-1985) / CUENTOS DEL ALMA CUBANA

Siempre hemos de subsanar ciertos olvidos. No hacerlo, y habiendo estado además en la isla recientemente, sería incurrir en un quehacer sin vida rememorada, clausurada en un finito que se ha quedado en nada.
Evocar al cubano PORTOCARRERO es renovar un tiempo de perfección en la luz, en sus crepúsculos y alboradas.
¿Qué es ese barroquismo que potencia la claridad de La Habana o zigzaguea en la formación ornamentada de sus habitantes? Será, entonces, casi seguro, el acicalar dentro del ocaso, engalanar el soy de los ojos para que éstos se agranden, se fíen de la serenidad y seduzcan con el misterio del sol rojo.
Este autor fue un inventor de un orbe plástico, lo dibujó con el candor de un mago que ensayaba con el alma del pincel, que conjuntaba lo justo y lo celebraba a compás de la vida y la tierra. Sin él habría un vacío pictórico en el cayo y el canto carecería de la avidez primordial del origen.

El alma quiere acallar
Su potencia de sollozo.
No soy nadie, no soy nada,
Pero soy -con unos hombros
Que resisten y sostienen
Mientras se agrandan los ojos
Admirando cómo el mundo
Se tiende fresco al asombro.
(Jorge Guillén).