RENÉ PORTOCARRERO (1912-1985) / CUENTOS DEL ALMA CUBANA

Siempre hemos de subsanar ciertos olvidos. No hacerlo, y habiendo estado además en la isla recientemente, sería incurrir en un quehacer sin vida rememorada, clausurada en un finito que se ha quedado en nada.
Evocar al cubano PORTOCARRERO es renovar un tiempo de perfección en la luz, en sus crepúsculos y alboradas.
¿Qué es ese barroquismo que potencia la claridad de La Habana o zigzaguea en la formación ornamentada de sus habitantes? Será, entonces, casi seguro, el acicalar dentro del ocaso, engalanar el soy de los ojos para que éstos se agranden, se fíen de la serenidad y seduzcan con el misterio del sol rojo.
Este autor fue un inventor de un orbe plástico, lo dibujó con el candor de un mago que ensayaba con el alma del pincel, que conjuntaba lo justo y lo celebraba a compás de la vida y la tierra. Sin él habría un vacío pictórico en el cayo y el canto carecería de la avidez primordial del origen.

El alma quiere acallar
Su potencia de sollozo.
No soy nadie, no soy nada,
Pero soy -con unos hombros
Que resisten y sostienen
Mientras se agrandan los ojos
Admirando cómo el mundo
Se tiende fresco al asombro.
(Jorge Guillén).

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