RAÚL EBERHARD (1955) / LLEGADAS Y SALIDAS

En distintos artistas abstractos aparece la idea de que es preciso llegar a la energía primera de la que surgen las formas, la ausencia como una clase de narración, recordando el sentimiento místico del vacío, en el que se hace positiva la experiencia de la soledad.
El chileno EBERHARD, en su pintura, ofrece esa meditación y otras que se significan como interiores de diálogos indecisos, porque esa incertidumbre gana en su abstracción su fuente de continua luz en flujo intermitente.
En el tratamiento cromático abordado se espesa la duda y hasta la angustia de no llegar, de salir sin esa fisonomía embrionaria que aglutine formaciones del sentimiento y la emoción.
Respecto a la estatuaria hay otras simuladas referencias, las que cabalgan desde antaño pero descubren que la fusión les otorga una nueva condición hogaño. Son poderosas y no temen perder ante el espectador su valor de ídolo, su carácter de fuerza y volumen acabados y misteriosos exhibiendo sobre la piel los colores del cielo.

Todos dormimos,
menos aquellos
cuya vigilia
es nuestro peligro
(Fernando Ortiz).

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