Mes: enero 2012

CIRO QUINTANA (1964) / ¿QUÉ ES LO QUE NUNCA DESAPARECE DE LA PINTURA?

De estas compuertas nos llega una desmesura. Tanta carne asusta, no sólo se percibe como un insomnio desbocado, es que hasta se ven peplos y mártires. También alguna venus, luchas feroces, unos negros oficiando un terremoto onírico y demás jauría.
Para el cubano CIRO, del grupo Puré, la tela es una superficie estelar en la que se gestan distintas maneras de concebir pictóricamente una visión de la fantasía y la alucinación que se comparta con la cultura popular a modo de fetiche pop. Hace la mezcla y no teme a la pendencia que sigue, aunque se vaya derivando al delirio, y caiga en un sueño falso del mito urbano y ambulante.
Pero si el resultado no puede evitar un aparente refinamiento, el fundamento es susceptible de incurrir en el tópico y no descender al trópico. Quien quiera enfocarlo como kitsch se equivoca porque es precisamente esa la voluntad de enaltecerlo con la parodia, buscándole apeaderos, guiños contraculturales, excesos estéticos, saltos históricos, es decir, la pintura entre lo que ha sido, es y no es.
En fin, nos dice Fernando Huici, no es su tiempo o fracaso, puramente coyunturales, en el mercado, el capricho de las modas dominantes o el discurso oficial, lo que hace el interés -sobre todo su interés en el tiempo- de una pintura.

¡Mira qué es vieja, arrugada, fea, delgada y con un solo diente “La Guaxa”! No sé cómo llegó al Malecón pero está aterrada porque está temiendo que en lugar de chuparle la sangre a un niño o un anciano, se la van a sacar a ella para aderezar tamales. Bueno, si todavía le queda alguna. Anda, alma cándida, le dije, sal de aquí, no sea que tus podridos huesos forman parte de este muladar.¡A quién se le ocurre extraviarse por estos dominios!

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PEDRO VIZCAINO (1966) / QUE NOS LO DIGA LA CRÍTICA

No sé si el cubano VIZCAINO, al mostrar su obra, quede satisfecho con la crítica que le hagan, pero conviene recordar lo que han dicho sobre cuál era el espíritu que la guiaba desde casi su inicio.
Baudelaire manifestaba que la crítica de arte debe ser parcial, apasionada y política; quiere esto decir que ha de hacerse desde un punto de vista exclusivo, pero de tal forma que resulte capaz de abrir los más amplios horizontes.
Para Omar Calabrese la crítica de arte está hecha de un lenguaje etéreo e incomprensible (¡quién soy yo para discutírselo!). Es más, conscientemente incomprensible, con el fin de dar prestigio a discursos carentes de contenido y cínicamente encaminados a crear tanto un aura intelectual para el crítico como un aura creativo para el artista.
E insiste: consiste en delimitar el discurso crítico como discurso de élite, culto y críptico. La forma poética, secreta, enigmática del lenguaje de los críticos no es un truco ocasional, sino algo connatural a su tendencia a la autolegitimación valoradora.

Por lo tanto, concluye, en el anti-método comenzamos a encontrar, pues, una línea filosófica muy coherente: la de la potencial infinidad de las interpretaciones. En lo cual estoy muy de acuerdo, si bien, leyéndolo, observaremos que él mismo incurre en idéntico pecado que denuncia con tal tino.

Hoy hay mucha bruma frente al Malecón, seguro que “Los Espumeros” se han juntado, hasta oigo las caracolas en las crestas de las olas. No habrá tempestad ni ciclón. Mi hermano Humberto, cansado de pintar, cazó un gato y se lo comió. Ni probarlo me dejó.

JANINE ANTONI (1964) ME RESISTÍ A NO SER NADA

Decía el clarividente y tramposo Marcel Duchamp que el artista que consuma el acto creador no es el único pues el espectador establece el contacto de la obra con el mundo exterior, descifrando e interpretando sus profundas calificaciones para añadir entonces su propia contribución al proceso creativo.
Sin embargo, en lo que se refiere a la artista de Bermudas ANTONI no es cierto, porque, cuando acampamos nos dejó sin enviar el mensaje, permitió que la vaca se lo comiera después del baño y se llevara el móvil. Mantuvo la tesis de que tal jeroglífico nos haría inencontrables, ya que interpretarlo les llevaría destruir lo mejor de la época dorada. Y es que el centro, donde estamos, es ahora un no-lugar en el que pueden entrar en juego numerosos signos y presencias a condición de que no se espere de ellos ni ideas esenciales ni principios intocables (María Bolaños).
De estos perfomances no mendigo la espera ni la desesperación. El espectáculo es un fallo contra cualquier sentencia, y mientras miro me noto llegando abajo, a celebrarlo con los jubos, las culebritas ciegas, los chipojos, las bayoyas, los manatíes, las jutías, los bibijaguas y los coyuyos.
Hay que dejarse llevar entonces por la teoría del solipsismo, por los materiales utilizados y su voluntad propia; no ser significado, sólo significante; nada de criaturas, únicamente la catarsis, sea animal, vegetal o mineral.

A su terminación desaparecieron presencias, signos, ideas, conceptos; aparecieron adioses, salidas, renuncias, urgencias y desconciertos. Todo un poema.

“El Ventolín” me trae al Malecón el adiós de los muertos lejanos, remotos, no en vano habita en la región del fuego y por la noche flota en el espacio. Pero no los quiero, que los devuelva.

ENRIQUE ÁVILA (1952) / NO ENTREN NI SALGAN

Ante la obra cavernaria del cubano ÁVILA cedo la palabra a reputados e insignes autores:
Castro Flórez:
“La conversación de la pintura es infinita, el silencio de la imagen incita a hablar securlamente sobre su estructura de cadáver, sobre la temperatura del cuerpo sin sangre.

Marguerite Duras:
La pintura se libra en el ruido de un discurso continuo. El hombre habla para que el ruido del habla se produzca, y la pintura entra en la luz. Habla para producir un malestar, para que, por fin, surja la entrega del dolor.

Navarro Baldeweg:
La pintura, quizá más que otras artes, celebra el que estemos corporalmente en el mundo, y claro, lo estamos a ciegas de lo que somos.

Merleau Ponty:
Si ninguna pintura termina la pintura, si ninguna obra se acaba absolutamente, cada creación cambia, exalta, recrea o crea de antemano todas las otras. Si las creaciones no son adquisiciones, no es sólo porque pasen, como todas las cosas, es porque tienen casi toda la vida por delante.

Y pone término a estas intervenciones Castro Flórez de nuevo:
Cuesta mucho enterrar a la pintura.

Quiero creer que todavía hay músicas
En el corazón misterioso del país, y que así
Los mudos hablarán y los paralíticos
Bailarán un hermoso día al son de la cobla.
Y se verá caer de la frente del Hijo del Hombre
La corona de sangre símbolo de la desgracia
Y el Hombre cantará muy alto esta vez, como
Si la vida fuese bella, y el espino estuviese florido.
(Louis Aragon).

JORGE DE LA VEGA (1930-1971) / ¿CUÁL ES LA NATURALEZA DE LA PINTURA?

Tàpies resalta que lo importante del arte es su papel de resorte….que nos ayuda a alcanzar el conocimiento…. La obra es un (simple o ¿complejo?) apoyo de la meditación”.
Y el cubano Rufo Caballero añade que “lo que cabe esperar del arte es la capacidad de provocar, de desatar otros discursos, de activar relaciones insospechadas desde el vislumbre poético”.
Ahí reside la eficacia de la obra del argentino DE LA VEGA, adscrito a la Nueva Figuración 1961-1965 de su país, que ha considerado su quehacer como una traslación que ha confesado luces y sombras en sus fenómenos, monstruos y beldades, estigmas y formas insomnes. Las fuerzas cromáticas son centrífugas y centrípetas, los espacios escenarios flotantes, la figuración abrasa y simultáneamente se desenrolla, es implacable.
Mientras nos centramos en la dimensión expresiva, su medida y alcance, vamos estableciendo una reflexión sobre lo aparentemente lejano que nos agobia cercano, lo íntimo que era tan remoto, la consistencia ontológica que surge y aparece cuando lo pintado toma la dirección y corrige el rumbo.

Y entonces lo cerramos con las palabras de Federico Jiménez Losantos, hoy impensables en este reconvertido tribuno, tan airado siempre:
“El juego de las pinceladas superpuestas, que puede verse como gozosa aceptación de la castración y de la muerte, esto como plusvalía analítica”. Menudo postre.

Esferas con efluvios en segmentos
son trompazos de la inspiración a la tristeza,
de lo margo al desconsuelo.
Tú me das candor acompañándome
de mi mundo elegíaco,
ambrosía que descubro con sigilo,
placer del vino.
(José Luis Álvarez Vélez).

FRANCISCO CORTIJO MÉRIDA (1936-1996) / EN LAS TIERRAS SECAS NO HAY PAZ

El andaluz CORTIJO fue comunista cuando no se podía serlo, aunque lo primero era ser libre. Fue perseguido pero no ordenó perseguir. Y era un utópico de los que no esperan en vida lo posible ni lo probable.
Y en este sentido viene a colación una precisión de Calvo Serraller:
“Todo ello indica hasta qué punto el arte interesa no sólo por sí mismo, sino por la capacidad que puede poseer de subterránea o intuitiva captación de cuanto ocurre en el hombre, incluso en ámbitos ajenos al artístico, en la medida que le es posible sintetizar las preocupaciones globales de una sociedad y profundizar en las mismas”.
¿Cuáles eran entonces las vivencias de este artista en su tiempo? ¿Quería significarlas a través del llamado realismo social? Pues bien, detengámonos en su obra y observemos la mácula de la tristeza, el hambre, el grito, la pobreza, la resignación y la angustia. No están de pie, han dejado de caminar, mas la sumisión no entra dentro del cauce generador de esta iconografía oscura.

Las tonalidades sombrías conforman una figuración objetiva sin caer en lo mimetizado, y los espacios están absorbidos por la representación icónica, es ella la que manifiesta la síntesis plástica.

Fue una pintura a contracorriente, sin reparar en tendencias y movimientos, si bien no olvida los valores tradicionales y lo que es necesario para la consecución de una plasticidad que fluye con cada matiz, con cada personaje, con cada historia.

Hay diálogos a tiros decisivos.
Se invoca hasta los dioses, que se yerguen
Entre las humaredas del combate.
Bípedos parlanchines, no perdamos
La fe. No somos todos delincuentes.
(Jorge Guillén).

FLAVIO GARCIANDÍA (1954) / VOLVER SOBRE LA NUBE QUE VINO

En esta convocatoria los ojos acuden más prestos para llevarle la contraria Dubuffet, que dice que “el arte es un instrumento de conocimiento….llama al espíritu y no a los ojos”. Para mí que se equivoca, pues emplaza tanto al primero como a los segundos.
Las nubes de color -los expertos los significarían como campos de color- como debe saberlo bien el cubano GARCIANDÍA, son deslumbramientos llamados a evocar imágenes en la mente del espectador. Y si son manchas o estratos que encadenan, también son carantoñas que hacen fructificar y dar sensibilidad a la mirada.
En estas emanaciones laten ecos y resonancias visuales -no olvidemos sus orígenes-, los acordes son peregrinos que se derraman sobre el soporte, dejan que un suspiro no ahogue, ni que la filtración esté condenada.
Por lo que sea y porque el exterior se transmuta en interior, el retorno a la magia ya inventada siempre funciona, probablemente debido a que recolecta una afluencia de allí, un extracto de acá, un perfil de más allá, hasta que el compendio suscite y nos absorba, renegocie su naturaleza plástica con un canto más libre y mejor calibrado.

La ventana me ofrece el cuadro sumo:
Un trozo de enmarcada
Realidad, que no aíslo pero asumo
Completa en la mirada.
(Jorge Guillén).