ESTERIO SEGURA (1970) / BUSCARME AL PROFETA

Naciendo y viviendo en una isla del Caribe todo es posible y probable. Que haya ídolos, profetas, hipopótamos que vuelen o lo intenten, rayos que surgen de cabezas, etc. No cabe un discurso más desestructurado -¿vivo retrato de Cuba?- y al mismo tiempo totalmente tiempo cohesionado e integrado. Lo estatuario remite a lo pictórico y viceversa.
SEGURA es un artista de allí que además de aglutinar múltiples alientos y realidades, es tenaz en el fomento de levantar secuencias que crezcan en el significado de las miradas hasta agotar el resto de ellas mismas.
Los cuerpos le atan y su obra se desarrolla en ellos y con ellos, los utiliza como intérpretes que experimentan encantos, retóricas, tropos, cielos, atmósferas; no idealiza, y, sin embargo, la fuente de su imaginario conecta con emblemas, estandartes de un ideario flotante.
En ocasiones lo oriental es la matriz de una fascinación o de una oración admonitoria, pero otras se reviste del son y la metonimia insular. El caso es que el símbolo está que arde y le ronca el mango, por lo que adelante para el que quiera inmiscuirse, como yo, y reciba dando.

Ay patria,
Con malos padres y con malos hijos,
O tal vez nada más desventurados
En el gran desconcierto de una crisis
Que no se acaba nunca,
Esa contradicción que no nos deja
Vivir nuestro destino,
A cuestas cada cual
Con el suyo en un ámbito despótico.
(Jorge Guillén).

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