GONZALO GONZÁLEZ (1950) / ARCHIPIÉLAGOS

Si la pintura de paisajes es un desafío a la teoría de la perspectiva porque implica la representación del infinito, su forma -¿radica en lo indefinido?-, esta obra del tinerfeño GONZALO cubre la manifestación de los espacios con la clarividencia de afrontar su destino.
No es tanto la visibilidad que entrañan estos fenómenos físicos que juegan con la naturaleza del movimiento y la sucesión, como que al plasmarlos con las tonalidades que despiden en su marco natural, hacen de vehículo especular de la mirada absorta del espectador, que cree estar asistiendo al desencadenamiento de una génesis, del germen que dará lugar a la formación de una fabulación cósmica.
Ante estos planos y topografías lo único que hay que debatir es si sus opciones de contemplación nos permiten acceder a esa encarnación sin las dudas de su constitución, con los significados trazando rumbos dilatados, capaces de entroncare con lo indefinido de Hegel. Considero que sí, aunque es obvio que otras lecturas nos llevarían a la configuración de otros sentidos y valores que desde la plasticidad incorporaran la importancia de estas iluminaciones.

Nuestro apego fatal a tanta vida
Nos mantiene adheridos
A ese espacio y su tiempo,
A esta comunidad
Posible de planeta
-A veces tan infame-
En que a pesar de todo,
Faz a faz, conseguimos vivir juntos.
(Jorge Guillén).

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