HUMBERTO CASTRO (1957) / ME CRIÉ DONDE TUVE ESPERANZAS

El mirar se hace a veces muy fácil, tanto que hace agigantarse el imaginario que amparamos y nos sostiene para vivir. Aunque en este caso el inquirir solamente es una belleza que se deja escapar entre los cuerpos femeninos y ese río que se remonta hasta perderse.

  

Pero sobre estos  predios, en un mar de vestigios  vuelan realidades pictóricas y humanas, historias de tiempos y rastros, plásticas cuya función es un hablar en tales términos que no agote el contenido de la visión, ni el pathos de la esperanza, ni la multiplicidad ansiada.

La feminidad es el instrumento que alimenta estos sucesos visuales. Cabe aguardar que el encanto, atravesado por la nostalgia y por la detonación de la despedida, llene tales cuencos marinos, tales distancias de símbolos y encuentros. Sin acechar no permaneceremos, si bien no dejaremos de mirar.  

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