Mes: abril 2012

CONRAD FELIXMÜLLER (1897-1977) / LO ENTREGO A FONDO PERDIDO

La Nueva Objetividad alemana no pretendía ser un libro abierto, tampoco un misal de convento, ni siquiera un salmo pintado de suma y sigue. Abogaba por un discurso que explicaba visualmente que, al igual que hoy con tanta crisis y desmesura, no había nada que entender.
El que sepa ver lo verá, el que sepa mirar lo encontrará y el que sepa observar se hará con el retrato y la rabia del verso.
Por el alemán FELIXMÜLLER pasaron todos los prospectos de unas imágenes que no caminaban solas, pues en medio de la ruina y dolor de esa época se levantaban acompañadas, conectadas entre el ser y la nada, entre el fondo y la forma, entre la voluntad y el vacío.
Al hilo de esas atmósferas y ambientes, se perciben los humanos a sí mismos, exhumando laureles de exterminio y miradas de estupor, sopesando lo que se habla y nunca se dice.

Fue una pintura que con independencia de su furor supo trazar una señal de clarividencia en la conformación de su plástica, utilizando los instrumentos de la visión más incisivos y peligrosos por su fuerza y captación.

Las uvas y el caracol de escritura sombría
contemplan desfilar prisioneros
en sus paseos de límites siniestros,
pintados efebos en su lejano ruido,
ángeles mustios tras sus flautas,
brevemente sonando sus cadenas.
(José Lezama Lima).

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PETER SAUL (1934) / ME MUERO DE MIEDO

El pop no abandona el ring, o ¿es el pospop? Entre tantos pos y neos ya no hay quien se aclare hasta que ve una obra, la mira de frente y deja que al cansarse se dé la vuelta para echarse. Es entonces cuando pasamos de etiquetas y clasificaciones y nos quedamos con la verdad o la impostura de su simulacro.
Con el estadounidense SAUL podemos tocar las fibras plásticas de una diversión que se pretende seria en la manera de plantear su exhibición. No es importante para el autor su vena provocadora, irónica, irrespetuosa, insensible a la empatía y las congratulaciones.
No lo creo, considero que es más el sentido de identificar las expectativas visuales del espectador, el señalamiento de lo que es un juego con la enjundia precisa, no vaya a ser que se produzca un abandono por causas técnicas.
Lo que ocurre es que la carga visionaria, si se la puede tachar de tal, ya ha explotado, y únicamente quedan cenizas que sólo son restos que se comen a pedazos, pues para crucificar ya no sirven.

La misma pequeñez de la luz
adivina los más lejanos rostros.
La luz vendrá mansa y trenzando
el aire con el agua apenas recordada.
(José Lezama Lima).

PETER BIRKHAÜSER (1911-1976) / LA RAZÓN NO TIENE SUEÑOS

Encerrados con nosotros mismos tejemos mil delirios, mil sospechas, mil pesadillas. Cuando tienen su representación y han adquirido autonomía, entonces se asoman círculos de locura en las ensenadas que nos reserva el destino.
Ante la obra del suizo BIRKHAÜSER vemos infinidad de presagios, muchedumbres de historias que nunca han alcanzado más que escorzos de alienaciones, imágenes que proclaman que junto a la gruta solamente hay una voz que resguarda, por lo cual nos estamos quedando sordos y ciegos.
Una pintura de precisión fascinante, tanto en la composición figurativa como en la aplicación de un color que desasosiega, que por sí mismo capta los matices anímicos, psicológicos de unos personajes que si nos conceden un momento y les respondemos, seguiremos siéndoles indiferentes. Es una impiedad que una reflexión plástica como ésta nos agarre del cuello. Pero es una verdad tan honda que prescinde de laberintos.

Las sirenas del aire le taladran
y sus entrañas azules bien convidan
a la melodía del arco enrojecido.
(José Lezama Lima).

ITAMAR HARTAVI (1984) / REMOVIENDO

La pintura se tiene a sí misma, es autosuficiente, autónoma, reclama el hecho pictórico como un elemento de existencia, convivencia y reflexión. Es un hecho en sí que no tiene una discusión más allá del verbo difuso y la mirada larga.
¿Y qué es lo que propone en el caso del argentino HARTAVI? Pues que no le vale algo que tuvo valor en el pasado, en la tradición. Ahora es el momento de la que la voluntad y práctica iconográficas revelen otras claves más en paralelo con las formas de vida actuales, tan globalizadas y degradadas.
Pero ¿cuáles? Dejándonos de secretos y especulaciones, no puede ser otra vía que la de que todo vale y todo tiene cabida y entrada (si se le cobra o no ya es otro cantar), lo que en su obra comporta una estética de lo feo, de lo chirriante, de lo atrozmente luminiscente, del cómic, de historia del arte vista a través de las revistas de lavabo. No es un panfleto filosófico que implique cuestionamientos del hacer artístico, aunque lo parezca, sino un planteamiento subjetivo que sin desearlo -o deseándolo-, nos lleva a lo salvaje, a fórmulas escatológicas, a signos de la adolescencia, a erotismos onanistas que almidonan un órgano visionario.
Detengámonos ante esa belleza cotidiana, mítica y personal, como paradoja metafórica, para dar cumplida respuesta deforme a esa función de sondear lo insufrible. Ver tanta obviedad se nos antoja una virtud contemporánea de no aceptar códigos para mentes supuestamente sanas.

Siento a la muerte y a sus furias suaves
tocar el aire y extender las formas.
Su cortesía de diosa giradora siento.
Y la tierra y el mar lentos creciendo
en cúpulas y sonidos implacables.
(José Lezama Lima).

MATTIA MORENI (1920-1999) / ¿QUIÉN ES EL PADRE?

Me miro todos los días en el espejo y mis facciones acaban mudándose por medio de él o el cristal acaba roto. Escribo en los laterales para que quede manuscrita la huella de esta catarsis, pero ¿quienes leerán estas últimas voluntades?
Noté, como Munch, un grito infinito atravesando la naturaleza cuando mi faz se reflejó en su más prístina desnudez, la desintegración era patente y el color se exaltaba. Entre nosotros quedan las arrugas, las erosiones de las alienaciones, de los cuentos patéticos que nunca se acaban.
Toparse con el italiano Moreni es como un suicidio con vida atrapada en rostros fulgurantes y horribles. En semblantes de plasticidad sombría a pesar de los cromosomas cromáticos brillantes. Son rasgos que tienen pasados y hasta tradiciones, pero que en el presente se rehacen para vivir en una sociedad terrible.
Figurarán en los libros de historia como ejemplos del uso estético desaforado y furibundo, del que tiene raíces en su propia metafísica del mal que nos acompaña siempre por temor a dejarnos huérfanos. Además de que satisfacen nuestras ansias de locura, en la que perpetuamente queremos contemplarnos.

Se te quemaron las manos. No tenemos agua ni ganas de olvidar.
Ni ganas de amar si el aire no es agradable.
Si no es agradable la mirada del gato incendiado.
(José Lezama Lima).

LUCEBERT (1924-1994) / ¡QUÉ FEO SALGO!

¿Son retratos de personas tal como las describía Schopenhauer? Es decir, en su significado real de máscaras de actor, pues nadie ciertamente se muestra tal y como es, sino que todos llevan una máscara e interpretan un papel. En general, toda la vida social, afirma el filósofo, es la prolongada representación de una comedia.
Para que el holandés LUCEBERT no advierta tal dicotomía habría que expurgar la falta de sincronización con su tiempo, que expresa esta y otras manifestaciones que son resumen y síntesis, formulaciones y los rostros del engaño y de la verdad. Pero no hay tal desafinamiento, lo que se produce es una expiación que en el fondo tiene algo de jubiloso y jaranero.
Comenzó Picasso blandiendo una faz que era la eterna perturbación de una paz sagrada de la nada. A partir de ahí se abrió la veda, muy justa, muy auténtica, no hacía falta mentir porque los atavismos estaban más que presentes y eran magia plástica.
Y volvemos al filósofo, que acompaña al artista, cuando escribe todo aquello de que los individuos vamos danzando hacia la muerte entre angustias, necesidades y dolores, preguntándose qué será de ellos y que significa toda esa farsa tragicómica. El cielo permanece mudo y no dice qué tal nos ve, si habría que arreglarse más o afearse para ser más humildes o estar más locos.

Lunares, monstruos y cohetes,
el estallido de las salutaciones galantes, son meras riquezas paradojales en el derretido discurso de los
cisnes.
(José Lezama Lima).

FEDERICO ASSLER (1929) FORMAS QUE VIGILAN

Al chileno ASSLER me remitió un amable lector con motivo de un post sobre la obra de otro escultor. Y se lo agradezco porque este artista tiene la clarividencia de construir el volumen como si tuviese su condición de tótem tallada en la materia.
Cuando están delineados de mayor a menor ocupan la superficie metafórica en curva de un altar de deidades jerarquizadas, cuando están solos son el emblema de una semblanza que tenía que formar parte de nuestro inventario de paradojas transfiguradoras.
Podríamos incluso señalar que si sintonizamos esta obra con la realidad contemporánea, crea paralelismos expresivos dentro de un sistema concreto de referencias e interferencias. Labrar su contextura es un argumento más de un lenguaje que se designa para subrayar lo que hay de alegórico en la huella que vamos dejando y en la que en el futuro nos señalará como creadores cuya regla es destructiva.
Aparecen, por tanto, como efigies, como ídolos, y queremos que sigan siéndolo, porque necesitamos su fuerza y su vocación por un destino perenne visto lo que ya es efímero.Al mirarlas conseguimos acercarnos levemente a la sede de los próximos vestigios.

El árbol bajará dicción hermosa,
la muerte dejará de ser sonido.
Tu sombra hará la eternidad más breve.
(José Lezama Lima).