PEPI SÁNCHEZ (1930-2012) / LA ASTUTA DIGNIDAD DEL MENSAJERO

Es casi seguro que la sevillana recientemente desaparecida, PEPI SÁNCHEZ, estuvo siempre al borde de esa catarsis que dicen que se alcanza por medio del arte. Desde luego, ella no relegó los valores estéticos en aras de una realidad inmediata, fue al contrario.
Sus cuentos de los mil días y de las mil noches hacen un entorno de cuando la imaginación era el soplo sagrado, el refugio para incrédulos o crédulos cabizbajos. Sus manantiales visuales, muy oníricos, tienen la contextura de una ligera brisa que pinta luces sobre tierras de no volver. Sus personajes son miembros activos de nuestros deseos y andares.
Bajo la tenue atmósfera hay una ciudad clásica que vuela, se desplaza con todos sus habitantes, no sufren el simulacro del engaño porque nosotros, espectadores, estamos dentro de ella. Y en sus piedras albergamos tatuadas la esperanza de que una fantasía nos salve, nos redima, haga lo imposible para que lo posible sea más probable.

El escondido sueño viene a doblar la arboleda,
a colocar en el espejo que se hunde sin despedirse
múltiples seres de pequeñas miradas tintineantes.
(José Lezama Lima).

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