LUCEBERT (1924-1994) / ¡QUÉ FEO SALGO!

¿Son retratos de personas tal como las describía Schopenhauer? Es decir, en su significado real de máscaras de actor, pues nadie ciertamente se muestra tal y como es, sino que todos llevan una máscara e interpretan un papel. En general, toda la vida social, afirma el filósofo, es la prolongada representación de una comedia.
Para que el holandés LUCEBERT no advierta tal dicotomía habría que expurgar la falta de sincronización con su tiempo, que expresa esta y otras manifestaciones que son resumen y síntesis, formulaciones y los rostros del engaño y de la verdad. Pero no hay tal desafinamiento, lo que se produce es una expiación que en el fondo tiene algo de jubiloso y jaranero.
Comenzó Picasso blandiendo una faz que era la eterna perturbación de una paz sagrada de la nada. A partir de ahí se abrió la veda, muy justa, muy auténtica, no hacía falta mentir porque los atavismos estaban más que presentes y eran magia plástica.
Y volvemos al filósofo, que acompaña al artista, cuando escribe todo aquello de que los individuos vamos danzando hacia la muerte entre angustias, necesidades y dolores, preguntándose qué será de ellos y que significa toda esa farsa tragicómica. El cielo permanece mudo y no dice qué tal nos ve, si habría que arreglarse más o afearse para ser más humildes o estar más locos.

Lunares, monstruos y cohetes,
el estallido de las salutaciones galantes, son meras riquezas paradojales en el derretido discurso de los
cisnes.
(José Lezama Lima).

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