MATTIA MORENI (1920-1999) / ¿QUIÉN ES EL PADRE?

Me miro todos los días en el espejo y mis facciones acaban mudándose por medio de él o el cristal acaba roto. Escribo en los laterales para que quede manuscrita la huella de esta catarsis, pero ¿quienes leerán estas últimas voluntades?
Noté, como Munch, un grito infinito atravesando la naturaleza cuando mi faz se reflejó en su más prístina desnudez, la desintegración era patente y el color se exaltaba. Entre nosotros quedan las arrugas, las erosiones de las alienaciones, de los cuentos patéticos que nunca se acaban.
Toparse con el italiano Moreni es como un suicidio con vida atrapada en rostros fulgurantes y horribles. En semblantes de plasticidad sombría a pesar de los cromosomas cromáticos brillantes. Son rasgos que tienen pasados y hasta tradiciones, pero que en el presente se rehacen para vivir en una sociedad terrible.
Figurarán en los libros de historia como ejemplos del uso estético desaforado y furibundo, del que tiene raíces en su propia metafísica del mal que nos acompaña siempre por temor a dejarnos huérfanos. Además de que satisfacen nuestras ansias de locura, en la que perpetuamente queremos contemplarnos.

Se te quemaron las manos. No tenemos agua ni ganas de olvidar.
Ni ganas de amar si el aire no es agradable.
Si no es agradable la mirada del gato incendiado.
(José Lezama Lima).

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