PETER SAUL (1934) / ME MUERO DE MIEDO

El pop no abandona el ring, o ¿es el pospop? Entre tantos pos y neos ya no hay quien se aclare hasta que ve una obra, la mira de frente y deja que al cansarse se dé la vuelta para echarse. Es entonces cuando pasamos de etiquetas y clasificaciones y nos quedamos con la verdad o la impostura de su simulacro.
Con el estadounidense SAUL podemos tocar las fibras plásticas de una diversión que se pretende seria en la manera de plantear su exhibición. No es importante para el autor su vena provocadora, irónica, irrespetuosa, insensible a la empatía y las congratulaciones.
No lo creo, considero que es más el sentido de identificar las expectativas visuales del espectador, el señalamiento de lo que es un juego con la enjundia precisa, no vaya a ser que se produzca un abandono por causas técnicas.
Lo que ocurre es que la carga visionaria, si se la puede tachar de tal, ya ha explotado, y únicamente quedan cenizas que sólo son restos que se comen a pedazos, pues para crucificar ya no sirven.

La misma pequeñez de la luz
adivina los más lejanos rostros.
La luz vendrá mansa y trenzando
el aire con el agua apenas recordada.
(José Lezama Lima).

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