Mes: mayo 2012

MANOLO FUSTER (1946-2012) / HE TENIDO TIEMPO PARA PINTAR LA HABANA

MANOLO FUSTER, el artista valenciano, ha muerto sabiendo que su Habana, nuestra Habana, sigue viva, remendada, agrietada, rajada, arrugada, pero viva y con ansias de destino.
La contemplamos en su obra como algo que se siente, como algo que se ama y como algo que pregunta. Por el día es toda entrañas, en el ocaso aguas nocturnas batiendo El Malecón y pacientes lunas. La Habana es sangre de cenizas y cuerpos asomados y dictados, es duda, fuego y son.
El artista atrapa la poesía de tanto laberinto malherido y ante el espejo niega, no desea una visión complaciente. En cada uno de sus cuadros hay un sueño inquieto que no es realidad abandonada, es un diálogo con sus reflejos de señal perseguida y de dignidad perpetua.
En virtud de la luz pedida y transformada, se esparcen luces de risas y melancolías y luces apagadas que hacen de la oscuridad su signo de redención y locura.

La roca es el Padre, la luz es el Hijo. La brisa es el Espíritu Santo.
(José Lezama Lima).

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RAFAEL AGRADANO (1955) / NO CONSIENTO QUE HAYA DUDAS

Francesco Poli ya ha dicho que todos los que hablan o escriben acerca del arte contemporáneo a través de los medios actuales de divulgación, cumplen una función que contribuye en mayor o menor grado a aumentar la cantidad de información sobre el asunto. El tipo de información, desde luego, varía según el nivel cualitativo y según la finalidad.
El nivel cualitativo, en mi caso, siempre estará por debajo de la obra de arte, ya que lo que ésta nos transmite no tienen parangón ni contraste con otras realidades, ella misma constituye por sí misma una de acuerdo a un oficio y una técnica que sin un pathos excepcional es imposible de culminar. Describirla es un ejercicio que se queda corto y otorgarle la dimensión trascendente, ontológica o intelectual es un dominio de introspección al que algunos le atribuyen objetividad, retórica y discurso, otros exclamaciones elucubradas, los de más allá el ir más allá y así sucesivamente.
¿Pero qué pasa con la obra del cordobés AGREDANO? Pues que busca la clave en otros creadores, los toma como contexto y pretexto, los reformula, les añade o les quita, los traviste o los desnuda. Hace y deshace según su idea de lo que el arte puede decir y expresar a partir de ciertas bases que están plasmadas y se han desarrollado. Y si su obra se hace de esas atribuciones, también sabe calificarlas y concederles autonomía.
No pretende incurrir en una impostura sino en un homenaje y en eco que recoja los flujos pictóricos en aras de una interpretación que tome otras derivas, surque otros trazos, distintas aguas con las mismas acepciones.


Su maleficio envuelve su estilo sin violencia
y sus ramazones, no sus ojos, preludian la aventura.
(José Lezama Lima).

ALBERTO REGUERA (1961) / DEL COLOR SIEMPRE ASOMA LA CULPA DE SABER MÁS DE LO QUE DA A CONOCER

La obra de REGUERA es ya un invitado asiduo de este blog, las razones son más que obvias y no necesitan mayor extensión, aunque, tratándose de uno de nuestros artistas más internacionales, me explayaré con cierta pretenciosidad aprovechando su exposición actual en la Plaza del Louvre de París.
La obra de arte, según Jan Mukarovsky, no es un medio para comunicar algo, sino una entidad que experimenta un determinado planteamiento en relación con las cosas, con toda la realidad: la obra de arte no comunica este planteamiento, sino que lo hace brotar directamente del contemplador.
Y si como decía ROTHKO el drama del cuadro comienza como una aventura desconocida en un escenario desconocido, en el quehacer de Alberto se funde un crisol que según brota directamente en el contemplador va gestándose entre lo orgánico (prueba de pervivencia), las porosidades esponjosas, los microcosmos, los paisajes lunares, los hemisferios simbióticos y sustratos telúricos. Por lo tanto, estamos ante la esencia del oficio plástico: el juego y la transformación.
Así que tal como asevera Prado Cueva, indaga por necesidad vital allí donde las respuestas son visiones inconclusas; pues toda imagen quiere ser totalidad, pero es menesterosa de otras imágenes y de otras miradas. El creador lo sabe y es consciente de tal empresa, de ahí su empeño en la roturación, la luz, el color, la cubicación geométrica, el desarrollo cojuntado desde distintas dimensiones.

Cierto y verdadero que es de tal modo y que también en cada nueva muestra apuesta por ir más allá, incorporando nuevos espacios, nuevos lugares y contextos físicos donde la celebración del acontecimiento se incardina en el ambiente, en la plataforma de un diálogo estético entre el pasado y el presente, entre lo monumental y la policromía de una instalación que se remite a esas fuentes. Pues que tenga el éxito que merece y que acredita.

Porque habito un susurro como un velamen,
una tierra donde el hielo es una reminiscencia,
el fuego no puede izar un pájaro
y quemarlo en una convención de estilo calmo.
(José Lezama Lima).

AQUILINO MAYORAL / HE COMPRENDIDO LO QUE HAY DE VERDAD EN MIS ALQUIMIAS

La técnica aporta recursos para dar forma mientras las bases conceptuales definen. Así, identidades y lenguajes se adquieren con esa conciencia resolutiva, agujereando dudas, pinchando seguridades y exactitudes.
En el español MAYORAL me vuelve a concernir esa labor afanosa en lograr densidades, frondosidades y vorágines en el fondo de una superficie hasta conseguir otras máscaras que arrugan y cicatrizan las sensaciones, las exponen al fuego y al aire, las rallan y arañan, las hacen vetas espesas sin piedad.
Pero simultáneamente y conforme a su matriz embrionaria, le atribuyen un sentido vital, ontológico, una naturaleza exuberante, selvática, que tiene en la textura y el color su salvación, su opción de presencia y contingencia ante los demás ojos, con el fin de que sus contradicciones sean más visibles, más táctiles y contengan todas las facetas posibles.
Es decir, indagación y aventura confluyendo, vivencias emocionales e intimistas celebrando, expresión y metáfora conciliando.

El sueño que se apresura
no es el mismo que revierte.
La muerte cuando es la muerte,
pierde la boca madura.

La esencia que no se advierte
suele ser la más impura.
El amarillo en la muerte,
seda es contra natura.
(José Lezama Lima).

ARUN ROY (1962) / ME PASO MUCHO TIEMPO CON LA IDEA DEL COLOR

Desde el paisaje holandés, este género ha constituido una vía de acercamiento a nuestra propia definición y lugar en el mundo, incluso se potenció con las múltiples variables de la simbiosis y metamorfosis en paralelo a la modernidad y a la evolución de nuestros hábitos de conocimiento y contemplación.
ARUN ROY, este artista madrileño cuya obra se expone actualmente en la galería Maes de Madrid, es un ferviente practicante de la emancipación cromática, es una constante ya en él, desde el abstracto, esa elaboración empírica, trabajada, referenciada, calibrada, hasta que su sentido interior toma una desintegración de la forma porque la disolución inherente tuvo lugar.
Desde esa opción, la renovación exigida y permanente va en busca de un poder de expansión visual que confluye en el paisaje de un nuevo campo de gamas, texturas y tonalidades, que mantiene relaciones sensuales y resplandecientes, síntesis jubilosas infectadas unas de otras.
Aparentemente fríos, aparentemente cálidos, los nudos de significaciones plásticas están consumado con oficio, con clarividencia, con una gran conciencia de la percepción pictórica, la que aúna emoción, sentimiento y disfrute de la visión.

También el principio formal brota entrañablemente, pero necesita una materia que llega
a sumergirse con la intensidad tonta de un arabesco. El principio formal babea.
Los atrevimientos formales son la alfombra de cera en una
plancha roja que recibe
a la gota de agua, como si fuese una gota de gallo raspada
por un espadón de piedra frotada. El principio formal babea.
(José Lezama Lima).

MAX CHARVOLEN (1946) / RETRUÉCANOS FORMALES

Únicamente los aspectos formales, para muchos especialistas y espectadores, son los que dan la medida plástica de la obra, ellos mismos colman los espacios vacíos y los hacen revitalizar con operaciones interconexas basadas en estructuras y todo tipo de materias.
Es entonces, y así lo entienden, cuando las cualidades intrínsecas y extrínsecas del arte se aprecian y aparecen en las proyecciones logradas y en sus hallazgos visuales. Siempre que la mirada obtenga un encuentro estimulante y gratificante, con sede en nuevas ópticas y fenómenos que focalicen el modo de ensamblar ritmos y discursos vitales, la meta se ha conseguido.
En el caso del francés CHARVOLEN, su obra tiene el ilusionismo suficiente como para que su planeamiento adquiera virtualidad dentro de un marco que agiganta los haces de sus desarrollos asimétricos y desarticulados. No precisa más observaciones que las que pueden contemplarse, sin necesidad de buscar otros elementos que no han sido invitados.
En Dios la voluntad y la inteligencia se extienden en un solo brazo que penetra en el mar.
Pero en el hombre, la voluntad escupe y la inteligencia mastica.
Nuestra voluntad reparte la sal marina, la pimienta terrestre y la lengua divina.
(José Lezama Lima).

CARLOS SCHWABE (1866-1926) / NO ACEPTÉIS SÍMBOLOS QUE NO PROVOQUEN LOCURA

A finales del siglo XIX y principios del XX se empezaba a experimentar la necesidad de no quedarse atrás. La ciencia daba saltos, la técnica los aplicaba y la literatura iba agarrando y superando un cauce narrativo tras otro. Tenían que buscarse nuevos planteamientos estéticos en los que reflejarse, en los que lo subjetivo y lo objetivo dialogasen.
Pero los simbolistas dudaban entre la tradición, la belleza, lo mítico y lo cotidiano. Ellos estaban por las visiones y la forma de expresarlas, de rescatarlas del olvido. Se preguntaban si sería posible partiendo de bases nuevas, si las respuestas acerca de esos mundos encantados lastrados de muerte y ensimismamiento llegarían a plasmarse con la suficiente versatilidad en la pintura.
El suizo-alemán SCHWABE invocó al fauno para que su música alumbrara su melancolía, hasta que lo erótico y funerario se fundiesen en esa semblanza cargada de fábulas que hemos dejado de percibir. Aunque todavía no había que llegar a abismar la representación, sólo había que modelar con oficio e inspiración la imagen de súbita aparición.
Mas se coló la locura y entonces la penetración plástica obtuvo todo su enjundia, ya no calibró ni midió los pasos de la quimera, los hizo trizas con una explosión sombría en la que la enajenación colmó la verdad que se oculta en el poderoso trazo, en la fuerza del dibujo, en el tono, en el quehacer culminado. Y ahí queda, como una templanza que no templa.
Y cuando pinchada la mirada excede
la nueva luz en danza de sosiego
se nutre de otra luz de espejo a la que cede.
(José Lezama Lima).