MAX CHARVOLEN (1946) / RETRUÉCANOS FORMALES

Únicamente los aspectos formales, para muchos especialistas y espectadores, son los que dan la medida plástica de la obra, ellos mismos colman los espacios vacíos y los hacen revitalizar con operaciones interconexas basadas en estructuras y todo tipo de materias.
Es entonces, y así lo entienden, cuando las cualidades intrínsecas y extrínsecas del arte se aprecian y aparecen en las proyecciones logradas y en sus hallazgos visuales. Siempre que la mirada obtenga un encuentro estimulante y gratificante, con sede en nuevas ópticas y fenómenos que focalicen el modo de ensamblar ritmos y discursos vitales, la meta se ha conseguido.
En el caso del francés CHARVOLEN, su obra tiene el ilusionismo suficiente como para que su planeamiento adquiera virtualidad dentro de un marco que agiganta los haces de sus desarrollos asimétricos y desarticulados. No precisa más observaciones que las que pueden contemplarse, sin necesidad de buscar otros elementos que no han sido invitados.
En Dios la voluntad y la inteligencia se extienden en un solo brazo que penetra en el mar.
Pero en el hombre, la voluntad escupe y la inteligencia mastica.
Nuestra voluntad reparte la sal marina, la pimienta terrestre y la lengua divina.
(José Lezama Lima).

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