Mes: junio 2012

MASHA RYSKIN / YO ESTOY AQUÍ

No está agotado ese filón que renueva de tanto en tanto la fibra natural. Esa reciedumbre plástica es rica en abrevaderos, en fuentes donde nacen espacios que habitan almas en continua suspensión.
Convencerse de que la rusa RYSKIN tiene una sutilidad oriental de imaginar, extender y propagar no es nada difícil. Hasta el vuelco completo que consigue nos produce un candor indefinible y una morosa contemplación. Desde luego, la traducción sobre nosotros, espectadores, se hace creación, refugio que exonera.
Atmósferas claras, trazados que no se ven pero que hay, plantas que son breviarios de susurros, de luz y fluidos. De nada sirven sendas y caminos, lo flotante es la dimensión que mejor nos integra como observadores en aras de lo táctil, de alcanzar ese estado de nimbos florales.
Son obras en que el hallazgo es aventurado, en que la construcción está perfectamente moldeada dentro de ese imaginario fértil, generador de imágenes que son vehículos ópticos para transmitir a un pensamiento que sepa cohabitar.

El infierno es eso: las dos máquinas que se seguían,
intercambiando los faroles con la espina de los gatos.
(José Lezama Lima).

STEPHAN BALKENHOL (1957) / SONRISAS Y LÁGRIMAS

Ya está bien de tanto cuerpo apolíneo en nuestras calles y plazas, aparenta ser una visión global que no se corresponde con la “fauna” característica de lo que somos, por lo tanto es absolutamente parcial.
Faltaba el antihéroe, el deformado, el modelado desde su propia fragilidad, fealdad e intrascendencia, aspectos cruciales con los que bailamos todos, seamos o no espectadores.
Para el alemán BALKENHOL la obra tiene coherencia estilística si va a la inversa y se le ve el reverso, y porque la personalidad artística es ley de sí misma, tal como señalaba Lionello Venturi. Por eso su icología conforma el prototipo de nuestra época, vulgar, casi parado, incluso torcido, con ojos que no saben que miran y que le miran.
No importa si se llegan a percibir inconsecuencias, al fin y al cabo se trata de un resultado que altera convenciones y hábitos, y encuentra la morfología adecuada a la significación que expresa, ya que de otra forma no estaríamos ante el producto de un quehacer que por encima del canon orquesta un acopio de conjurados afines.

La baba de la cabra saludando en las colinas
dialoga con las contraídas carcajadas del falo subterráneo,
su miel redondea las brumas absortas sin redondel,
su saliva rima con la eternidad del pedernal,
frotándose entre el cántaro y la pecadora caída de las aguas.
(José Lezama Lima).

EDUARDO ROMAGUERA (1976) / YO SIGO

El valenciano ROMAGUERA está en todos los frentes, pues con su versatilidad ansía alcanzar una plataforma visual global que conjugue procedimientos, técnicas, soportes y problemáticas de lo coetáneo.
Desde la práctica de la pintura, la escultura, el muralismo, los perfomances, etc., concilia distintos segmentos de una realidad que en sus obras es una confrontación abierta de alianzas formales estructuradas sobre la base de configurar diferentes ámbitos plásticos y narrativos.
Hay líneas de clara espontaneidad y de tramas urbanas y recorridos cartográficos, y otras muy elaboradas, previamente intuidas, que están ajustadas al argumento y a una semántica densa y casi programada.
A través de esa facilidad de transformación discurre una creatividad constante e inmoderada. No es inconsecuente pero siempre está en busca del fenómeno que mejor le sirva, que más acentuadamente contribuya a encontrar el tratamiento de la temática que le incita. Y al dar con esas resoluciones también localiza el ser que las anima.

Que utilice argucias, simulacros, artificios, es lo inherente a estos planteamientos que, paradójicamente, se implican en la legitimidad y la auténtica comunicación del arte, sin incurrir en falsos testigos que hagan de demonios.

Abundar como dormir no chorrea el sentido del cuadrado,
pero sobreabundar es como cuando el durmiente,
descendiendo en grabado de ausente y extensión plomiza,
se encuentra que la luna ha llegado también al fondo del
infierno.
(José Lezama Lima).

TAMARA CAMPOS (1971) / NUNCA FUI POSESOR DE LO QUE HA SALIDO Y EMPRENDIDO EL VUELO

Si se trata de la obra de una artista cubana, del simulacro de la geografía flotante isleña y de unos billetes que vuelan y se manifiestan coreográficamente, estamos ante un cruce de significados que, escenificados, desdoblan la volatilidad de avatares, percepciones y signos de actualidad.
Que se utilice la instalación como el soporte más inherente al alzamiento de esta alegoría, que ofrece al mismo tiempo su paráfrasis, no es más que una consumación del sentido creativo y la plástica que quiere alcanzar con ello. Pero su morfología basada en el colgado del techo ya es otra cuento ya contado.
La cubana CAMPOS, que ha tenido la oportunidad de mostrar este trabajo en la recientemente celebrada Bienal de La Habana, al acudir a este recurso tan explotado de suspensión aérea, no nos introduce en un ámbito de reflexión y sensaciones distinto, más perturbador e iconoclasta, al contrario, nos coloca ante una opción a valorar más por su compromiso o alegoría que por la efectividad de su configuración. No obstante, es estimable esta concepción que tiene una lectura abierta y un cierto potencial determinante.

Su locura, su ¿oye alguien mi canción?
hace del ser una guarida y recela lo exterior.
¿Oye alguien mi canción? ¿Oye alguien mi canción?
¿Qué es exterior en el hombre?
¿Por qué nace, por qué nace en nosotros el ser?
Cuando llegamos a la línea del horizonte regresa
la mujer y tocamos.
(José Lezama Lima).

RICHARD STANKIEWICZ (1922-1983) / NO SOY NINGUNA CHATARRA MARGINADA

En este trance depresivo por el que atravesamos es aconsejable mudar nuestros hábitos, acordar otras percepciones y comprensiones del fenómeno estético. Aunque visto lo visto tampoco es tan difícil, ya estamos hechos a todo.
Tratar de no vararnos, esa es la cuestión que pillada a contrapié nos sirve para entender una realidad que se nos resiste, que es como si ya no contara con nosotros, espectadores y habitantes.
Tal empeño viene a colación del encuentro con la chatarra y su potencial plástico, el que aglutina artificio, creación y material de desecho. Éste era el quehacer del norteamericano STANKIEWICZ, cuyas obras son un prodigio nacido de lo desperdiciado, arrojado y despreciado. Reciclaba este ingrediente hasta que la dicción se hiciese expresión de una fisonomía de ser, constituyendo su propia entelequia inteligible e inteligente.
La chatarra es una derivación del yo y como tal es fruto final si la mediación sabe lograr su fibra ontológica, extraer todo su potencial semántico y evolutivo.

A mitad de camino de la vida
yo me encontraba en una selva oscura
con la senda derecha ya perdida.
(Dante Alighieri).

JÖRG IMMENDORFF (1945-2007) / LIBRE ALBEDRÍO

Si es verdad que el reto del pintor es una lucha consigo mismo, bajo la que juega el gesto, la superficie, el color, la materia, la idea, la forma, la trama, el proceso, la definición, el cara a cara sin rostro en medio, en el caso del alemán neoexpresionista IMMENDORFF el fenómeno se dispara.
Primero hay un horror a un espacio vacío, porque él ha de estar lleno con todo lo que pasa, con todo lo que es suceso y acontece. Segundo, no puede haber orden, todo tiende al caos, al furor, a la violencia, al movimiento.
Tercero, las escenas carecen de simetrías, no se necesitan para revelar un mundo múltiple de dimensiones abigarradas, confundidas, unas superpuestas a las otras, mas con la irracionalidad simbólica del que está convencido de que la razón, si es plástica, es así, aunque nos vayamos por peteneras a cantarle a la luna.
El pertenecer a los nuevos fauves lo aclara y hiperboliza todo, agrandándose en la formulación de todos aquellos elementos que conforman un lenguaje que ha nacido para establecer una verdad que pisa a fondo tras saciarse de su insaciable dialéctica.

Vaciando, vaciando la sombra que trae el árbol.
Vacío de chorro yerto que ya no es el nuestro.
Vaciando los cordones espermáticos de fuente yerta.
La araña que empieza de nuevo el hilo del tedio.
La araña no suda sombra; el árbol no forma su panza.
¿Hay que cortar el chorro de sangre yerta?
(José Lezama Lima)

VÍCTOR DE LA FUENTE (1975) / LLEVO LO DE ABAJO HACIA ARRIBA

Cuando estoy ante una obra como la del madrileño DE LA FUENTE no sé si el tratamiento más idóneo es el propio de una perspectiva objetual, iconológica, cultural, sociológica o hasta mercantil. O ni siquiera pretender tales alternativas, que están fuera de lugar en un formato como éste, sino otras, como la existencial, la testimonial, incluso la ideológica.
Bien es cierto que tal tesitura se produce en relación con cualquier actividad artística, mas en este caso lo incorrecto será buscar una ayuda en terrenos de lo onírico e interpretar el sentido del trabajo de este artista desde coordenadas absolutas -siempre estamos con lo relativo a “a” o lo relativo a “b”-, pues la determinación de su mecánica es fruto de una exaltación de la plasticidad imaginativa y procreativa, de la coyuntura entre una iconografía y fantasía de beatitud enardecida, de ficción y realidad negada y reivindicada.
Que quede claro que no es una evasión, una salida supuestamente salvadora de tanta doctrina, sino un ensueño que tiene anclas en unas verdades que día a día tienen sus desmentidos debido a las infidelidades de sus incongruencias.
Incongruencias, simuladas y no simuladas, que culminan en espacios que se abren a cielos que admiten delirios, a seres que ya han trascendido y a mares que trajinan consuelos. Sobre esas referencias entre la acción, el suceso y una definición pictórica resplandeciente, se cocina un mundo de contemplar hasta perderlo de vista aquí abajo y esperarlo arriba.

Claro, mis dos orejas han sido cortadas, me cuelgan dos borlas azafranadas, y cuando me asomo veo un delantal inmensamente blanco, no se mueve, y por la tarde guardo caparazones vacíos de almejas.
(José Lezama Lima).