TAMARA CAMPOS (1971) / NUNCA FUI POSESOR DE LO QUE HA SALIDO Y EMPRENDIDO EL VUELO

Si se trata de la obra de una artista cubana, del simulacro de la geografía flotante isleña y de unos billetes que vuelan y se manifiestan coreográficamente, estamos ante un cruce de significados que, escenificados, desdoblan la volatilidad de avatares, percepciones y signos de actualidad.
Que se utilice la instalación como el soporte más inherente al alzamiento de esta alegoría, que ofrece al mismo tiempo su paráfrasis, no es más que una consumación del sentido creativo y la plástica que quiere alcanzar con ello. Pero su morfología basada en el colgado del techo ya es otra cuento ya contado.
La cubana CAMPOS, que ha tenido la oportunidad de mostrar este trabajo en la recientemente celebrada Bienal de La Habana, al acudir a este recurso tan explotado de suspensión aérea, no nos introduce en un ámbito de reflexión y sensaciones distinto, más perturbador e iconoclasta, al contrario, nos coloca ante una opción a valorar más por su compromiso o alegoría que por la efectividad de su configuración. No obstante, es estimable esta concepción que tiene una lectura abierta y un cierto potencial determinante.

Su locura, su ¿oye alguien mi canción?
hace del ser una guarida y recela lo exterior.
¿Oye alguien mi canción? ¿Oye alguien mi canción?
¿Qué es exterior en el hombre?
¿Por qué nace, por qué nace en nosotros el ser?
Cuando llegamos a la línea del horizonte regresa
la mujer y tocamos.
(José Lezama Lima).

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