MASHA RYSKIN / YO ESTOY AQUÍ

No está agotado ese filón que renueva de tanto en tanto la fibra natural. Esa reciedumbre plástica es rica en abrevaderos, en fuentes donde nacen espacios que habitan almas en continua suspensión.
Convencerse de que la rusa RYSKIN tiene una sutilidad oriental de imaginar, extender y propagar no es nada difícil. Hasta el vuelco completo que consigue nos produce un candor indefinible y una morosa contemplación. Desde luego, la traducción sobre nosotros, espectadores, se hace creación, refugio que exonera.
Atmósferas claras, trazados que no se ven pero que hay, plantas que son breviarios de susurros, de luz y fluidos. De nada sirven sendas y caminos, lo flotante es la dimensión que mejor nos integra como observadores en aras de lo táctil, de alcanzar ese estado de nimbos florales.
Son obras en que el hallazgo es aventurado, en que la construcción está perfectamente moldeada dentro de ese imaginario fértil, generador de imágenes que son vehículos ópticos para transmitir a un pensamiento que sepa cohabitar.

El infierno es eso: las dos máquinas que se seguían,
intercambiando los faroles con la espina de los gatos.
(José Lezama Lima).

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