BERNARDINO SÁNCHEZ BAYO (1978) / TIEMPOS CARGADOS

El ámbito artístico actual ha logrado una gran diversificación -que algunos llaman eclecticismo- y admite una pluralidad cada día mayor de recursos, con los que trata de incorporar en su seno, tanto una máxima confrontación dialéctica, como una creciente contribución y diálogo en las propuestas formales e ideológicas plásticas.
Centrándonos en la obra del granadino SÁNCHEZ BAYO, recientemente premiada, verificamos aquello de que el arte une el pasado con el porvenir, la pintura con su propia encarnación de lo que fue y sigue siendo, esa línea artística que al mismo tiempo que conserva avanza, transfigura y testimonia.
Esos ámbitos cerrados, oscuros, sombríos, que sólo una llama blanca poderosa, fiera y agresiva alcanza a alumbrar. Esos retratos -en los que otros autores han probado su oficio- específicos, inimitables, tal que transferencias de identidad, que además de la imagen de potencia, tienen la capacidad de engendrar y transmitir una amenaza de poder, que percibimos como una parábola viva del presente.
Por consiguiente, se impone la referencia a Mario Dionisio y su frase respecto a que “la obra de arte es un espejo transfigurador, excepcional, único, donde la vida se para sin morir”.

Unía el río la piedra con el alma;
la estrella en la fibra de la palma
sonríe la bisagra de dos mares.

¿Pesa el conocimiento como cae el brazo?
El aliento y el bostezo divino enlazo
si el pez y el relámpago son pares.
(José Lezama Lima).

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