LUIS CASTELLANOS JARA (1973) / JAMÁS SE ME OLVIDA LA ORACIÓN DE LA PINTURA

Las técnicas de la pintura, manifestaba Lionello Ventura, son infinitas, como son infinitas, hay que agregar, las formulaciones y configuraciones de que se reviste.
En cualquier momento surge un nuevo territorio plástico que nos hace entrever otra forma de ver la vida, porque, lo escribió así Catherine Millet, el arte es lo que inmoviliza al visitante un instante -largo y silencioso, añado-, un impulso que el cuadro da al pensamiento y que hace que, brutalmente llevado hacia un sentimiento desconocido, el pensamiento abandone allá el cuadro como una madera muerta.
¿Cuál es entonces esa epifanía que se produce al situarnos ante las obras del peruano CASTELLANOS? Pues la misma que se desarrolla en nuestro imaginario al entrecruzarse distintas dimensiones y referencias que tocan lo tangible y lo intangible: mitos, creencias, raíces, orígenes, expresión y concepción de la figuración, etc. En definitiva, la esencia de una condición humana que nace para ser transfigurada de acuerdo con un ethos de imperfección, de soledad deformadora y aborígen.

¿La salud del objeto es su posible reducción
a forma? ¿El acabado alcanza su transfiguración
en la forma? ¿La forma es un objeto?
¿El objeto creado por la forma es un fragmento?
El espíritu del río y del poblado,
se enreda en la glorieta del extenso lienzo chino.
(José Lezama Lima).

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3 comentarios sobre “LUIS CASTELLANOS JARA (1973) / JAMÁS SE ME OLVIDA LA ORACIÓN DE LA PINTURA

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