Mes: agosto 2012

RUI CHAFES (1966) / OBLIGACIONES CON LA FORMA

Al portugués RUI CHAFES podríamos encuadrarlo entre la modernidad y la posmodernidad, cuyo mercado, por cierto y hablando de esta ultima, se ha convertido, según los expertos, en el determinante principal del significado y el valor del arte, al usurpar la conciencia crítica. Por lo que hoy su valor económico le confiere un valor espiritual.

Es cierto que bajo ciertas perspectivas no se considera actualmente a la forma como expresión de una realidad con el volumen y el peso inalienable circunscritos históricamente a la escultura. El artista elige la condición material, sea la que sea, que sobrepase ese límite, porque es lo que le permitirá precisar, en el presente, el momento creativo buscado y la significación implícita en él.
Esta obra, producto de sondeos de aquí y allá, está a caballo entre distintas corrientes y esquemas ya probados, manejando opciones plásticas que conviertan lo visual en una manifestación visionaria del espacio. Y son el fruto de fuerzas y energías que no quieren someterse a otro campo de gravedad que no sea el suyo, al fin y al cabo son entes cuyos rasgos confrontan fines y medios, ideas e intuiciones.

Nos visitan a Humberto, Felipe y a mí en El Malecón los Krimnianos (Oscar Wilde), que adoran un cocodrilo y le ofrendan pendientes de cristal verde y lo alimentan con manteca y aves cebadas. Y nos cantan una conga:
Yo soy la negra Tomasa
la flor de Jesús María.
No quiero parejería
ni que me vengan con guasa
ningún guapo se propasa
porque yo también soy guapa.
Soy brea de buena capa
y al que me quiera probar
le digo con picardía
no te mojas ni te empapas.

MARÍA LUISA PACHECO (1919-1982) / SON VICISITUDES QUE ENCUENTRO

Una unidad integradora es lo que pone ante nuestra mirada con su obra la boliviana PACHECO, ya que no es un puro formulismo sin significado sino todo lo contrario. Es una realidad que no está arrancada a trozos sino que postula una geometría de acervos culturales, topográficos y plásticos que mixturan orígenes, formas, planos y un sentido hondo de la tierra.
No hay tonalidades amorfas, ni meros destellos sin materia, ni faldas de luz volubles. Hay autonomía, construcción y esqueleto formal, correspondencia entre conceptos estilísticos y una significación de raíces orográficas y antropológicas.
Desde ese mundo de resonancias cósmicas se desvela una creatividad que ha sabido buscar las señas de identidad artística y personal, además de un paisaje de ecos llenos y compactos, de silencios guardados durante milenios hasta ahora, que son capaces de revivir en un lenguaje nítido y transfigurado.
Ir Humberto, Felipe y yo al Malecón y acabarse el ron es todo uno. Pero aparecieron los Megadenses (Oscar Wilde), que nacen viejos y van creciendo más jóvenes cada año y luego mueren niños, que lo compartieron con nosotros mientras escuchábamos su historia. Si la contásemos nadie nos creería.

FRED THIELER (1916-1933) / CONFESIONES DE SUPERFICIES

Con la práctica informalista se penetra en lo que ya es un paradigma sobre la determinación o indeterminación de los límites físicos del arte -aunque unos llevan a los otros-. Como si el reflejo del complejo y contradictorio mundo marcase las continuas diferencias de posición del hombre contemporáneo.
Ahora no caben expresiones de meros estilos, sean o no históricos, o búsquedas que no sean las de los enigmas ocultos en la materia o el descubrimiento de nuevas dimensiones. En definitiva, necesidades íntimas de un quehacer plástico.
A través del alemán THIELER este ámbito de creación fue una ruta de la que se destacó su visceralidad, antítesis y agobio ante lo imposible. Un sendero que se creía encerrado en una etapa de disolución que precisaba un mayor alcance.
De esta cohabitación de formas y anti-formas se seguirá hablando y conociendo porque sus elucubraciones han generado y generan intensos diálogos con nuestra percepción y una sensibilidad que va más allá de su propia vigencia.

Hace mucho tiempo que Humberto, Felipe y yo no paseábamos por El Malecón. Era un día templado y abierto a la conversación pero los Laktros (Oscar Wilde), que se dicen hijos de los tigres y se pintan de amarillo y negro, no nos dejaron en paz. Y además nos dejaron sin ron.