Mes: septiembre 2012

ERWIN WURM (1954) / NO PONGO LOS MUEBLES

En cierta forma y al utilizar recursos aleatorios y asombrosos que supuestamente ponen en entredicho la racionalidad de un mundo que está sin soluciones, el austríaco WURM puede confundir con sus objetos y perfomances, pues aparenta una ingenuidad que ha sido concedida al hombre para permitirle, en tiempos de crisis, que se diese a sí mismo unas formas y unos sonidos que le impidiesen ver la verdad (William Falkner).
Nada más lejos, por supuesto, para un artista del país que a lo largo del siglo XX fue la cuna de los movimientos más radicales del arte contemporáneo. Él no hace otra cosa que hacer ostensibles, con sarcasmo, humor, ironía y agudeza, las contradicciones y quimeras fraudulentas de un credo conformista y consumista que roza los acordes del absurdo.
Nos retrata como idólatras de unos objetos fabricados por una sociedad que se miente a sí misma, aunque esta última, en lugar de hacerlo desde una coherencia lineal, fácil, lo hace camuflándola y maquillándola. Así que el autor únicamente se remite, con gran pompa festiva y visual, a descubrir la falsificación, invitándonos a seguirle hasta sus últimas consecuencias. Con la advertencia de que los que sean cobardes, no se sumen, no sea que acaben siendo setas con piernas.
El vencido por el sol regresa con las estaciones
y el que triunfa de la muerte se vuelve a morir.
(José Lezama Lima).

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FRANÇOISE VANNERAUD (1984) / NO HAGO MÁS QUE VAGAR

Sobre una aparente ingenuidad discurre una tromba de signos que señala una realidad en busca de un destino que mostrar, a la par que se constituye como el fondo de una cosmogonía que llame urgentemente a la poesía.
En sus historias, al modo de leyendas o mitos desenterrados, la francesa VANNERAUD enriquece el festín con todos los manjares posibles y hace vibrar múltiples cuerdas de un imaginario a compartir, visualizando los sueños que ya no lo son y las pesadillas, apetecibles y no apetecibles, que sí lo son.
Su acervo dibujístico no se prohíbe nada y menos el abordar las singladuras de cualquier especie que jalonan un viaje que no quiere que sea de vuelta. Con la ida es más que suficiente para sentir los laberintos de lo imprevisible y aventurero.
La fortuna reside en saber vivirlo tal como se produce su contemplación, propugnando, igual que la isostasia, la tendencia al equilibrio entre lo exterior y lo interior. De conseguirlo, habremos de cumplir las mil miradas de condena.

Ecuestre lección domina el plañido
vacilante, pero también el pitazo del búho.
Sobre la mesa el aspa afeitada del otoño.
Caminadoras cortinas, el goteante verde.
Príapo como murciélago.
La soga podrida de la coreografía,
resbalando en despreciables fragmentos alícuotas.
(José Lezama Lima).

SHEILA HICKS (1934) / BUSCO LO QUE ES

Regresamos a las aportaciones de las antiguas culturas, a sus creencias nutrientes, a hacer presente y visible las aportaciones de unas civilizaciones que nunca podemos considerar muertas.
Arte textil el que practica la norteamericana HICKS que tiene ahora la oportunidad de ejercer una función distinta, introduciendo la versatilidad de una materia que tiene en su espectro una coreografía de símbolos camuflados.
En su obra la omnipresencia de tejidos, telas y fibras es un marco para concretar y escenificar un sentido confabulador que, partiendo de la floración de la imagen trepadora de cordeles en un espacio hecho para ella, hace visivo un ideario táctil y fisionómico de lecturas y citas imaginarias.
Consecuentemente, se advierte que hay una potencia del impacto en aras de una visión que englobe reminiscencias que ya vuelven, gracias a su presencia, a estar en la cola delantera de la emoción y del ensueño, pugnando por conseguir mediadores que sepan rescatarlas.
La muerte de Baudelaire, balbuceando
incesantemente: Sagrado nombre, Sagrado nombre,
tiene la misma calidad de tu muerte,
pues habiendo vivido como un delfín muerto de sueño,
alcanzaste a morir muerto de risa.
(José Lezama Lima).

CORNELIA PARKER (1956) / ME HE QUEDADO SIN VAJILLA

Todo se reduce y traduce en trozos. Pedazos del tiempo, de la vida, de la tierra, de los objetos y las cosas, de lo construido y habitado. Añicos que han quedado en flotación porque ese es su nuevo paraíso.
Las instalaciones de colgaduras se constituyen a modo de tapices que en lugar de decorar ponen en el aire en suspenso fragmentos que nos identifican, que nos relacionan y hasta acusan de urdidores de una pasión constructiva a la par que destructiva.
La inglesa PARKER sabe perfectamente la distancia plástica y ornamental que separa una significación de otra, por eso no rehúye la que ha traspasado la línea impregnándole de los parámetros armónicos necesarios para el lenguaje de su visibilidad y determinación.
Aunque su acicalamiento y peinado sean efectos buscados, la visión no queda ahogada por los mismos, conserva la mística de su indagación y experimentación en lo relativo a su formación, dado que lo extrínseco es la conformación de lo intrínseco.
Bien es verdad que estas sujeciones, que tienen a su vez un impacto sobre el espacio en que se alzan, son un recurso que el posmodernismo usa con frecuencia y cierta delectación, mas su configuración está, como en todo, en función del concierto entre medios y fines. Por tanto, que casa espectador saque sus conclusiones y las sume o las reste de sus emociones.

Sobre nuestra cabeza el anillo de los pájaros azules.
Y cada evidencia una forma de maldición,
graznando, extendiendo el ala sobre el acantilado,
las formas banales del suspiro y las mediciones del tiempo.
(José Lezama Lima).

ANYA GALLACCIO (1963) / LO DE AFUERA VIENE HACIA ADENTRO

Todo lo que es nuevo, tanto en tecnologías como espacios, ofrece la posibilidad de recorrer sin límite un itinerario de decorados para sumergirnos en un universo cada vez más onírico.
Pero también hay que incluir todo gama de materiales, sustancias, productos, incluso los orgánicos, las naturalezas vivas y muertas, y hasta los más impensables. La tramoya ha de ofrecernos un acontecimiento visual único que nos atraiga y nos asombre a través de la mirada en un primer momento.
Después viene o no a cuento el marco para la reflexión y la emoción, para el diálogo y la colaboración con la obra y su creador, que en este caso es la escocesa GALLACCIO, la cual toma como motivo un sentido ecológico y poético sobre lo que nace y es destruido, consumido, utilizado, a pesar de que la tela de araña nos tiene atados bajo condena. La música ya no suena.
La conjugación de todas estas elucubraciones entre visionarias y plásticas tiene el sabor y disfrute de lo posmoderno, del reflejo de una sensibilidad convaleciente del propio perfume de su éter esparcido.
Aquí se fue el sonido a su cascada.
La seda cariciosa fue rasgada
y el que se iba tuvo tiempo de oír: piérdete.
(José Lezama Lima).

MARK TANSEY (1949) / NO TIENE PÉRDIDA AUNQUE FUESE MENTIRA

El norteamericano TANSEY juega con nuestra percepción de acuerdo a su propia teoría de la representación. Bajo el pretexto de formatear ilustraciones -es una forma de describirlo- en que historia, arte, cultura y acontecimientos se tratan de forma locuaz, nos situamos entre la ilusión con trampa y una realidad manipulada.
Funciona con el concepto de visibilidad versus técnica hasta indagar sobre que es lo que al mirar dejamos de ver o viceversa. Y conjugando la perspectiva con dobles o triples ubicaciones espaciales llegamos a dudar de si somos parte o no de la escena.
Como colofón a todo este sentido panorámico, podemos detectar sus intencionados guiños diacrónicos, su sentido lúdico a la par que enfoque riguroso sobre lo que considera el fenómeno que depara la concepción plástica si se parte de que la imagen es tan científica como desarmable. No hay más alternativas pero sí mucho perdón.
Ahora no pasa, el aire niega,
es un polvillo lo que nos deja,
y aquel polvillo suave reniega
de su sombra con una queja.
(José Lezama Lima).

ALBERT PORTA (1946) / DE ZUSH A EVRU

Considerado uno de los artistas más vanguardistas del panorama español, su obra se sumerge en obsesiones como la muerte, el misticismo, el sexo, la biotecnología o la actividad cerebral.Los límites entre lo onírico, lo científico y tecnológico han desaparecido y han provocado la ruptura de barreras disciplinares y géneros establecidos.
Evru nace de un cultivo de Zush y su destino genético es luminoso, allá donde Zush es oscuro y complejo. Zush acumula; Evru libera. El universo evrugiano toma el cuerpo humano como territorio de experimentación y análisis, y como un espacio de tránsito donde poder soñar con adoptar una nueva identidad.
En su obra fuerza una búsqueda permamente de diálogo con lo antagónico, irracional e impropio, reacio como es a las formas racionales y alusivas de representación de la realidad y desconfiado con el aparato mercadotécnico que rodea al arte. Lenguaje, por lo tanto, basado en la superabundancia de formas y signos, energético y delirante, de un misticismo exarcebado, que invita al abismo para mejor comprender el mundo y, con ello, concedernos la libertad de recorrer el camino hacia lo enajenado, delirante, irracional y disparatado.
Estamos, pues, ante un imaginario sometido a un constante sentido de transmutación iconográfica, que va de lo cómico a lo sagrado, de lo cósmico a lo telúrico, de lo natural a lo artificial, de lo electrificado a lo erótico, de lo caricaturesco a lo alienígena, de lo monstruoso a lo real, de lo alienado a lo racional, de lo humano a lo divino, de lo trascendente a lo salvaje, de lo microscópico a lo escatólogico, de lo estridente a lo contemplativo, de lo mítico a lo cotidiano (Teresa Blanch).
El propio EVRU afirma que la ciencia, el arte y la mística forman parte de un todo y el ordenador es una herramienta más para la evolución de las ideas. No me importa perder el control; considero que, a partir del uso de la obra que hacen otras personas, se expande en una mente colectiva, en un proyecto colectivo, en una inteligencia colectiva.
Imagina un río, una isla, un yo o una canción,
unos acordes dentro de un pentagrama.
Imagina que eres tú, la mujer que engendra
la maravilla, un pequeño ser, el fruto de nuestro
amor.
(Felipe Alarcón Echenique).

El rostro que se desprenderá de nosotros para anclarse en el
recuerdo,
será el guante de nuestra indolencia paseando por las piezas
de marfil.
(José Lezama Lima).