ÁNGEL RICARDO RÍOS (1965) / QUE ESTÉ TODO

Tonos y colores asoman a la superficie desde la intuición que trata de poner orden en el caos, las formas se desvelan como anhelos pero sin compasión por lo que sus emociones causan. No hay formulaciones terminales, las que había descansan en paz.
Tampoco las masas nubosas son frenéticas ni los cromatismos aparecen irritados, se mantienen en suspensión sin amenazas pero llevando el resplandor en su seno.
Para el cubano RÍOS la pintura adquiere una connotación de tactos nativos y de sensaciones atmosféricas del medio en el que se hizo a sí mismo como creador. No ha rehuido ni rebuscado sino labrado unas formas que -sin pérdida de su ilazón con la naturaleza- le han resultado aptas para dar vida a sus estado anímicos.
Cabrían búsquedas de referencias que son inútiles, pues deformarían la ansiedad desnuda, la pureza por configurar un tenso dramatismo plácido de una herencia que duda de sí misma y por eso ha de descargarlo todo. Y hasta la última gota.
Las imágenes proclaman nuestro cuerpo,
caen en lo sucesivo o en la esfera, siempre en una voz
que le prestó el centro de su aliento.
(José Lezama Lima).

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