PIA FRIES (1955) / SIN AZAR NO HAY DICHA

El azar, una vez cumplidos los términos de la arquitectura y planificación técnicas, establece la dimensión y la magnitud de los hallazgos. Dentro de espacios que sirven, en su flotación, para esa determinación, tienen lugar los encuentros imprevistos.
Por consiguiente, en el ámbito de áreas donde se produce la destilación cromática y geométrica, la aventura de lo aleatorio alcanza su máxima intensidad. Es como si las formaciones y amalgamas ígneas fuesen nuestro enlace con un conocimiento intuitivo de lo que la creatividad puede obtener y entregarnos.
Tales campos de abstracción vuelven a la categoría de ser el medio conductor de íntimas y sonoras rememoraciones geológicas, a las que nunca habíamos dado entidad y consistencia. Y estaban a la espera seguramente de ser rescatadas.
No hay ninguna frialdad en estas obras de la suiza FRIES que cubren y sosiegan nuestras ansias visivas, en todo caso seducen sin llegar a romper el canto que renueva crónicamente el silencio.

El murmullo concentra el reflejo para oír
y el reflejo queda como murmullo en la mirada.
(José Lezama Lima).

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