MARINA DE CARO (1961) / TRATO DE HABITARME

Es en las instalaciones donde podemos apreciar una mayor fusión entre lo científico-técnico y el arte. Ya no son sólo materiales, instrumentos, herramientas, maquinarias, sino también artilugios, artefactos, mecanismos los que juegan a conmutar el artificio desde otras ópticas significantes. Aunque el desconfiado de Martin Heidegger quería creer que con el arte la redención era posible frente al ciego dominio metafísico de la técnica.
En el caso de la argentina DE CARO, cuando ensaya esa amalgama, lo hace partiendo de una liberación espontánea. Y es así porque sabe que la función plástica es generar capacidades de transformación, de giro y volteo. Por eso la práctica da cumplimiento a un ejercicio ambiental multiforme, indefinido debido a una ficción misteriosa que encaja en la adivinación de la mirada.
Lo que detrae, después lo añade bajo otra formulación. Y no se limita a una modalidad, las busca todas y en todas halla el rasgo que da voz y gesto a su poesía.
El baile pide un cedazo,
costumbre de un buen retraso
el muerto pierde la idea,
la noche relampaguea
un bastón, un bastonazo.
(José Lezama Lima).

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