ULISES BRETAÑA (1957) / NO ESTOY EN PECADO

Que la belleza sea el fin del arte fue una premisa arbitraria no demostrada, que ha hecho imposible una reflexión imparcial sobre la esencia y el origen del arte. Esto lo decía Konrad Fiedler hace mucho tiempo. Ahora esa reflexión es como un sumidero que se traga todo y de todo.
Esta digresión viene a cuento de la obra del cubano BRETAÑA, que entre pitos y flores festeja un júbilo que parece estar al alcance y nunca llega. Es una alegoría caribeña, enmarcada en una corriente estilística isleña que está vigente desde hace unos años, a través de la cual se ve y se imagina un séptimo cielo en el que ser otro, situarse, jugar y vivir perenne en un globo multicolor.
Para el autor, la representación, estructurada verticalmente en una simbología de abajo arriba, forma un compendio iluminado y depurado de lo que es un cuento que no falla en lo visualizado ni en el sueño revelado. Falla en la virtud de lo que es así confesado, lo que no deja de ser un error malignamente fervoroso con el don ilimitado de perversidad. Con ello no cae en la renuncia si se le está pidiendo otra solución u otra salida más tortuosa pero menos clamorosa. Es su opción y no una tentación.
En la mañana, tropezando con la blancura del pan,
se mira una túnica
y se pinta un espárrago.
Se intenta dibujarlo
y brota un fantasma dificultoso,
entre la extensión de las manos
y las manos cortadas, bailando
ya en la cesta de las mangas.
(José Lezama Lima).

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