NORBERTO MORALES (1958) / YA NO HAY TIEMPO PARA MÁS

Conforme a una supuesta ley de la obsolescencia estética la obra del portorriqueño MORALES estaría fuera de lugar, no encontraría el sitio por ser mera representación de otros supuestos códigos pasados y ya descifrados.
Pero si nos atenemos a la esencia del arte, hemos de entender que su pintura es un ponerse en obra a la verdad de lo existente (Martin Heidegger). Pues estamos ante realidades que en sus imágenes, magníficamente depuradas, nos introducen en una verdadera plástica que únicamente fragua cuando se sabe canalizar una gramática de recursos globales que descorren la totalidad visual de una emoción íntima, compartida y cargada de la luz que alumbra a las sombras.
Son momentos creativos que poseen el impacto eficaz de una lírica precisa, sobria, que trabaja hacia dentro hasta que suelta toda su transparencia entre el caos sereno y la continuidad que interroga.
¿El gallo?
Abrió las piernas
y señaló con el índice.
Y el cacareo
en el ascua del cigarro.
(José Lezama Lima).

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