NADER AHRIMAR (1964) / DESCABALGADO

Entre la espalda y la pared hay todo un mundo expiatorio habilitado para encontrarse donde siempre deberíamos haber estado. Lo digo porque soy un ente que sirvo para escenificar algoritmos en ese espacio sideral imposible de atisbar más allá de lo que dejo.
Yo, el alemán AHRIMAR, no quiero la paz del alma ni la felicidad. Nietzsche me preguntó si quería ser un adepto de la verdad y asentí. Por eso elucubro, exploro, me incito incluso orgásmicamente. La catarsis, aunque sea revulsiva y repulsiva, siempre tiene lugar en mi obra.

Desde que mi narcisismo se refleja en ella tiene una vida más real, sin importar la inexactitud de su entidad, de los rasgos entre infantiles y circenses que la dinamizan. Hay que saber como dar con el don de su visión, con el manido enigma de su conspiración, y entonces la mirada abarcará ese mundo y bailará con él.

Le disparamos venablos
con figurillas de cera,
un buen olor nos espera,
ya se fueron los mil diablos.
(José Lezama Lima).

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