DAVID LECHUGA (1950) / CINCELAR Y MARCAR EN LA PIEL

Alec1 En la galería BAT-Alberto Cornejo de Madrid se pueden contemplar actualmente las esculturas de LECHUGA., en las que no falsea ningún lamento, sólo hiende la armadura y sale la visión femenina.
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Esos cuerpos, esas anatomías guardan la escritura tallada del tiempo, más maquillada y lustrosa, pero con los milenios y misterios a cuestas que hacen llegar hasta hoy y que con su reciclaje visual reafirman nuestra complicidad en todo lo que ha pasado, en todo lo que se ha mirado y observado.
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Tal como aparecen, nos asombra por su geometrías introvertidas y desviadas del eje, el encanto de sus supuestas filigranas, la estilización áspera, primitiva, las pátinas desveladas.
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Así, el artista hace que se liberen, que no queden encerradas, que busquen la luz y no palidezcan, sean ídolos, cuerpos del viejo y nuevo espacio.

El arte lo acompañó todos los días,
la naturaleza le regaló su calma y su fiebre.
Calmoso como la noche,
la fiebre le hizo agotar la sed
en ríos sumergidos,
pues él buscaba un río y no un camino.
(José Lezama Lima).

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