ZAIDA DEL RÍO (1954) / DE PUNTILLAS BESARÍA ESTA NUBE

Lo contrario de enloquecer ante esas mamparas intrincadas de paraísos barrocos, modernistas, que constituyen la obra de la cubana ZAIDA, es permitir que tus ecos ópticos reposen en esas densidades cromáticas iluminadas y engalanadas.
Cuando entonces la seducción plástica empieza a asomarse, tu percepción es un fulgor diluido que ha cavado hondo en la sensualidad de una mirada despistada por no encontrar lamentos.
Sobre esta carnalidad y voluptuosidad meditan las visiones que pecan gozosamente, y que al contemplar estas adulteraciones del espacio-tiempo, también se amanceban con la semblanza fiel de una pintura que ha creado de la nube en tránsito de gloria realidad y hecho. No hay más súplica que llegar allí y encerrarse en ello.
Para no incidir más en este repaso, observemos la magnitud y maestría del don, la factura de su sublimación y dejemos que continúe el ardor de la pasión.

Feroz, feroz la vida
Tras su esperanza siempre.
(Jorge Guillén).

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